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January 4, 2020

A seis décadas del surgimiento y derrota del militarismo y de la izquierda castrista

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José Ignacio Moreno León

Análisis Libre Internacional

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La violenta década de los años sesenta se inicia en Venezuela con el frustrado golpe  de estado que el 20 de abril de 1960 intentó el ex ministro de la Junta de Gobierno de 1958 general Jesús María Castro León, junto a un grupo de militares retirados quienes, comandados por el teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal trataron infructuosamente de tomar la guarnición militar del Táchira.

El 24 de junio se produjo el intento de magnicidio, promovido  por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo que estuvo a punto de acabar con la vida del Presidente Rómulo Betancourt. El junio 25 de 1961 ocurre otro alzamiento militar reconocido como “El Barcelonazo” en el estado Anzoategui y comandado por el capitán Tesalio Murillo y oficiales retirados, algunos de los cuales habían acompañado a Castro León en su frustrada intentona golpista. En este movimiento  participaron  cuadros del MIR y del PCV, partidos de izquierda que ya empezaban a incursionar en procesos de desestabilización de la democracia aupados por el régimen castrista, lo que provocó que en noviembre el presidente Betancourt rompiera  relaciones con Cuba e iniciara su prédica para que no se acepte en la OEA gobiernos no electos – fue la conocida doctrina Betancourt-, lo que logró cuando el 31 de enero de 1962 Cuba fue expulsada de ese organismo.

De nuevo en 1962 el gobierno se vio amenazado por otros dos intentos golpistas de tinte militarista con apoyo de la extrema izquierda, cuando el 4 de mayo se produce en Carúpano un alzamiento militar comandado por el Capitán de Fragata  Jesús Teodoro Molina Villegas. En esa fracasada intentona la extrema izquierda estuvo involucrada con la participación de Simón Sáez Mérida, Eloy Torres y Pedro Duno. Un mes después, el 2 de junio se produjo un nuevo alzamiento cívico militar, esta vez en la base naval de Puerto Cabello, por lo que el mismo se conoció como El Porteñazo en el que, durante tres días de sangrientos combates, se causaron más de trecientos muertos. Esa vez la revuelta fue comandada por los capitanes de navío Víctor Hugo Morales y Manuel Ponte Rodríguez, con el apoyo de los civiles Manuel Quijada independiente y Germán Lairet del Partido Comunista.

La foto captada por el reportero gráfico Héctor Rondón, del diario La República, de Caracas, durante los combates en El Porteñazo, obtuvo los los premios Pulitzer Y World Press Photo. Recoge el momento cuando el capell‡n Luis María  Padilla intenta levantar al soldado herido en los momentos cruciales de enfremiento entre los insurretos y tropas leales al gobierno.

La activa participación de los movimientos de extrema
izquierda  en sus intentos golpistas
adquirió posteriormente mayor relevancia al convertirse en agrupaciones guerrilleras
movidas, en gran medida, por la influencia de Fidel Castro y la tendencia
expansionista de la revolución cubana, lo que motivó a que el PCV y el MIR constituyeran
activamente frentes guerrilleros en diferentes montañas del país y focos de
guerrilla urbana en Caracas y otras ciudades importantes, bajo el liderazgo de
Douglas Bravo en el Estado Falcón y Argimiro Gabaldón en montañas del estado
Lara.

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En 1963 país continuaba bajo el asedio de movimientos guerrilleros, para la época ya abiertamente de extrema izquierda y con marcada influencia de la revolución cubana. En el trascurso de ese año se produjeron diversas acciones terroristas con objetivos de sabotear las elecciones presidenciales previstas para diciembre. Comandos terroristas sustrajeron valiosas pinturas en el Museo de Bellas Artes de Caracas, se provocaron incendios en importantes empresas de propiedad norteamericana, en abril se produjo el secuestro del famoso futbolista Alfredo Di Stefano, se realizaron voladuras de puentes en el estado Falcón y actos de sabotajes en oleoductos petroleros. Una acción que causó gran conmoción nacional, e inclusive fuertes discrepancias entre las mismas agrupaciones de izquierda, fue la ejecutada el domingo 29 de septiembre por un comando terrorista de las llamadas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), con el asalto al tren turístico que hacía la ruta Los Teques – El Encanto  y que arrojó 5 militares muertos y varios civiles heridos, inclusive mujeres y niños. Esa acción vandálica provocó una rápida reacción del presidente Betancourt, quien ordenó detener y enjuiciar juicio militarmente a los principales líderes del MIR y PCV, incluyendo los entonces diputados Gustavo Machado, Eduardo Machado, Jesús Farías, Jesús María Casal, Domingo Alberto Rangel, Américo Martin y Simón Sáez Mérida. Luego de esos graves acontecimientos, en noviembre Betancourt formula graves denuncias ante la OEA, señalando el apoyo que en armamento soviético le estaba suministrando Fidel Castro a los movimientos guerrilleros que operaban en Venezuela, generando asesinatos de policías, asaltos a bancos y comercios y otras acciones terroristas señaladas.

A pesar de los intentos terroristas para sabotear las
elecciones y provocar la abstención, los comicios se realizaron con una importante
participación de votantes, resultando ganador 
Raúl Leoni, candidato de AD –partido del gobierno- con 32,8%. Rafael
Caldera candidato de COPEI, el principal partido de oposición obtuvo el 20.19%
de los votos.

El legendario jefe guerrillero Douglas Bravo conversa con el periodista de El Nacional José Emilio Castellanos, poco después de acogerse a la polpitica de pacificación en septiembre de 1979,

La ultra izquierda, agrupada en el PCV, el MIR y las
FALN, se enfrasca en 1964 en una abierta acción terrorista y guerrillera, ahora
con mayor influencia y apoyo del régimen cubano, cuyos líderes Fidel Castro y
el Che Guevara promovían la llamada tesis de la Guerra Larga. Fue entonces cuando se acentuó el terrorismo
especialmente en Caracas; se secuestra en octubre a un coronel norteamericano.
En julio se constituye el frente guerrillero Ezequiel Zamora que inicia
operaciones en la zona de El Guapo y Cúpira en el estado Miranda y en el norte
del estado Guárico; actividades en las que tuvo destacada actuación el
guerrillero Fernando Soto Rojas, entrenado en Cuba y quien perdió un hermano en
los frecuentes enfrentamientos con las fuerzas del gobierno, participó en el
secuestro del futbolista Alfredo Di Stefano y en 1976 estuvo vinculado con el
secuestro del directivo de la Owens Illinois 
William Niehous.  Décadas más
tarde, a principios del gobierno chavista Soto Rojas llegó a presidir el
Congreso Nacional.

En enero de 1965, en ocasión de la Primera Conferencia
Tricontinental (América Latina-Asia-África), reunida en La Habana, el Che
Guevara en su Mensaje a los Pueblos del
Mundo
lanza su histórica consigna guerrillera en contra de los Estados
Unidos, con la frase “…crear dos, tres …muchos Vietnam.” Con lo que se acentúa
el apoyo del régimen cubano al movimiento guerrillero activo en Venezuela,
cuyos líderes, encabezados por Alfredo Maneiro, Luben Petkoff y Douglas Bravo
acuerdan reagruparse en los estados Lara y Yaracuy, aunque a principios de 1966
se produce un quiebre cuando Douglas Bravo se pronuncia en contra de la
incorporación a la legalidad, siguiendo la conducta asumida por el PCV y, con
apoyo de Fidel Castro y otros importantes jefes guerrilleros, entre los que se
contaba Fabricio Ojeda -quien en junio de 1966 fue capturado y pocos días
después apareció muerto en una prisión militar en Caracas- procedió a
concentrar las fuerzas guerrilleras en los estados Lara, Portuguesa y Trujillo.
Mientras tanto se incrementan las acciones terroristas en Caracas, con
asesinatos de policías y explosiones de granadas y bombas en varios sitios de
la capital.

En Julio de 1966 un grupo de 40 guerrilleros, entre
ellos 14 milicianos cubanos y el resto miembros del partido comunista
venezolano, desembarcan en las playas de Chichiriviche,  en el estado Falcón, comandados por Luben
Petkoff y el entonces capitán cubano y veterano de la Sierra Maestra Orlando
Ochoa, con el objeto de unirse al frente guerrillero José Leonardo Chirinos que
comandaba Douglas Bravo en las serranías de ese estado.

En marzo de 1967 un comando de las FALN secuestra y
asesina al médico y presidente del Instituto Venezolano de los Seguros
Sociales, Julio Iribarren Borges, hermano del entonces canciller Ignacio
Iribarren Borges. El gobierno de Leoni acusa directamente a Fidel Castro y su
régimen de estar involucrado en esos actos y emprende una activa campaña
internacional, inclusive ante la ONU, señalando la notoria injerencia de ese
régimen en los procesos desestabilizadores de la democracia en la región.

Un segundo intento de invasión guerrillera desde Cuba
se produjo el 8 de mayo de 1967 por las playas de Machurucuto en Barlovento,
estado Miranda, realizado también por guerrilleros cubanos y venezolanos, con
objetivos de reforzar el frente guerrillero que comandaba Fernando Soto Rojas,
en las montañas de El Bachiller. En ambos intentos los invasores fueron
derrotados, gracias a las fuerzas armadas del ejército venezolano, que en esa
ocasión supo ser fiel al mandato constitucional de defensa de las instituciones
y de la soberanía nacional.

Las elecciones presidenciales de diciembre de 1968
marcan un hito en el proceso democrático que se adelantaba en el país, ya que
signaron el primer cambio de partido de gobierno con el triunfo de la
candidatura socialcristiana (COPEI) de Rafael Caldera, quién en un ejemplar proceso
electoral que tuvo una participación de cerca del 82%, se impuso con el 29.13 %
de los votos sobre Gonzalo Barrios, el candidato del partido del gobierno (AD)
quien obtuvo el 28.24% de la votación y, a pesar de ese estrecho margen de
votos, no dudó en reconocer oportunamente el triunfo de Caldera, evidenciando
la consolidación del sistema democrático con el principio de alternancia en el
poder. Siguiendo el espíritu del Pacto de Punto Fijo que concluyó formalmente
en 1964, el presidente socialcristiano continuó y acentuó la política de
pacificación que había iniciado Raúl Leoni. Con esa estrategia de gobierno se
redujo sustancialmente, por el resto de la década de los 60 y años posteriores,
las acciones desestabilizadoras de los grupos guerrilleros que venían actuando
en el país, la mayoría de cuyos líderes se acogieron a la pacificación,
incorporándose progresivamente a la vida regular del país. Se logró así vencer
la tendencia golpista y terrorista de la izquierda marxista y los caprichos
fidelistas de expandir su proceso revolucionario hasta nuestro país. Venezuela
disfrutó a partir de entonces de un proceso de paz y progreso que se extendió
durante las décadas siguientes y hasta principios de los años noventa,
básicamente sustentado por la renta petrolera.

LECCIONES AÚN NO APRENDIDAS Y RETOS FUTUROS

La violenta década de los años 60 dejó para la historia del país y quizás también para otras naciones de América Latina varias referencias que se deben interpretar adecuadamente, en el contexto de las actuales circunstancias políticas, económicas y sociales  presentes en Venezuela. Realidades complejas que debemos  enfrentar para superar los retos de unas nuevas realidades globales que demandan de profundos cambios para que la sociedad venezolana pueda insertarse en una firme ruta hacia el progreso compartido.

La experiencia del Pacto de Punto Fijo y la firmeza y claridad de visión de los líderes políticos pioneros de nuestra democracia fue factor crucial para asegurar la estabilidad y gobernabilidad democrática durante la crucial década de los años 60, siempre amenazada por el militarismo y la izquierda radical, con apoyo de la dictadura castrista. Pero igualmente la firmeza y lealtad democrática de las fuerzas armadas de entonces, contribuyó de manera determinante a derrotar esos intentos desestabilizadores.

También la democracia pactada de esa década fue fundamental para asegurar importantes logros en el proceso de democratización y modernización del país, iniciado luego del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en un ambiente de consenso y con visión de mediano y largo plazo que sirvió posteriormente de valiosa referencia para otros país, como los Pactos de la Moncloa de octubre de 1977 que aseguraron la gobernabilidad democrática en España, luego de la dictadura franquista, y la Concertación de Partidos por la Democracia,  creada en Chile en febrero de 1988  que logró el derrocamiento de la dictadura de Pinochet y desde marzo de 1990 por diez años aseguró el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y el notable progreso alcanzado en ese país.

Ante la compleja realidad que vive Venezuela, las experiencias de la violenta década de los años sesenta y de la inteligente y eficiente posición asumida por el liderazgo político democrático que, con el apoyo de la institucionalidad de las fuerzas armadas supo confrontar y derrotar la insurrección y el terrorismo, son lecciones aún no aprendidas por la dirigencia política actual, pero que deben servir de importante referencia para asegurar el  Acuerdo Nacional de Gobernabilidad  que el país  necesita para deslastrarse  del militarismo, de la cultura rentista y del populismo y poder enrumbarse, en democracia, hacia el desarrollo sustentable que le permita incorporarse exitosamente –aunque con dos décadas de mora- en las nuevas realidades del siglo XXI. Ya no será un proceso de desarrollo atado a los peligrosos vaivenes del rentismo petrolero, sino deberá ser un firme empeño de todos en la promoción del progreso con justicia social, consientes, como lo señalaba Uslar Pietri, que el verdadero y más valioso recurso del país somos los propios venezolanos.

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  • Gerhard Cartay R., Orígenes Ocultos del Chavismo, Editorial Libros Marcados, Caracas,
    Venezuela, julio 2006.
  • Américo Martin, La Terrible década de los 60, Editorial Libros Marcados, Caracas,
    Venezuela, 2013.





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