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septiembre 14, 2020

BIELORRUSIA: Mujeres al rescate de la democracia

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Written by: analisislibre
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 José Ignacio Moreno León
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 El principio esencial de la democracia es la soberanía del pueblo con su cultura cívica. La historia contemporánea muestra notables ejemplos de cómo el pueblo, en especiales circunstancias puede asumir esa plena soberanía para el rescate de la institucionalidad democrática, venciendo autoritarismos y totalitarismos que restringen la libertad para el libre desempeñar del ciudadano. Podemos encontrar ejemplos relevantes de esa rebelión popular para el rescate de la libertad y la democracia en casos como el Movimiento Solidaridad liderado por Lech Walesa  que, con el apoyo de la iglesia católica y del Papa polaco Juan Pablo II, impulsó en Polonia  el inició del derrumbe del sistema comunista, cuando ese movimiento alcanzó  el triunfo en las elecciones del 4 de junio de 1989, y así el pueblo polaco logró la democracia para ese país. Ese proceso libertario allanó el camino para la caída del Muro de Berlín, a finales de ese mismo año y el progresivo colapso del sistema socialista sovietico.
 En América Latina dos ejemplos más recientes son igualmente muestras de como el pueblo ha sabido superar soberanamente circunstancias que han sido amenazas para el sistema democrático. Así, en Bolivia a finales de 2019 ciudadanos de ese país,  con masivas protestas populares que se iniciaron en Santa Cruz de la Sierra y se extendieron a la capital, lograron la renuncia de Evo Morales,  quien pretendía  un cuarto mandato presidencial, mediante un proceso electoral fraudulento sustentado en amañados dictámenes del Tribunal Supremo Constitucional controlado por el gobierno, y violatorios de la Constitución de ese país que sólo permite la reelección por un segundo mandato de gobierno. Cabe destacar que en esa reacción popular tuvo importante participación Jeanine Añez, la señora de 52 años quien ostentaba la Vice presidencia del Senado y, hasta la fecha,  como Presidenta Interina de la República  que sabido asegurar la estabilidad gubernamental mientras se realizan las próximas elecciones presidenciales. En Ecuador,  en febrero de 2018 el pueblo ecuatoriano dio un ejemplo de cultura democrática con el plebiscito mediante el cual se pronunció mayoritariamente en contra de la reelección indefinida de todas las autoridades y autorizó la modificación de la Constitución de ese país para sancionar “…a toda persona condenada por actos de corrupción para participar en la vida política del país”, cerrando así las puertas a las intenciones reeleccionistas del ex-presidente Rafael Correa y de políticos y funcionarios enjuiciados por actos de corrupción.
Pero el caso más emblemático, reciente e inédito de cómo el pueblo, motivado por un fuerte liderazgo femenino y el empeño por lograr la libertad y la democracia,  lo estamos viendo en los masivos movimientos de protesta por el fraude electoral promovido por el gobierno en Bielorrusia, durante las elecciones realizadas el pasado 9 de agosto con el intento de lograr un  sexto mandato presidencial del dictador Alexander Lukashenko, quien ha estado en el poder desde julio de 1994, cuando según los expertos logró la única elección que ha ganado. Hay que destacar que, a partir de entonces Lukashenko emprendió un régimen autoritario controlando los medios de comunicación, disolviendo el Parlamento y el Tribunal Constitucional y asumiendo personalmente las funciones legislativas, a la vez que ha reprimido desde entonces todo movimiento opositor.
Las manifestaciones populares de protesta en Bielorrusia se han vuelto masivas para un pequeño país de menos de 10 millones de habitantes en el que no solo en Minsk, la capital  en donde las protestas se iniciaron con más  de 200 mil personas reclamando, de manera pacífica la renuncia del dictador, sino también en otras ciudades, con saldo de más de cerca de 7000 manifestantes arrestados, varias personas muertas y cientos de heridos. Estas masivas  reacciones de reclamo y protesta por el fraude electoral  se han mantenido  por varias semanas con nuevas violentas arremetidas del régimen que ha incrementado los arrestos en más de 630 personas y torturado inclusive a varios comunicadores sociales, arremetiendo igualmente en contra de agrupaciones estudiantiles y profesores en las propias instalaciones universitarias. Este masivo movimiento de protesta ha estado promovido por tres jóvenes mujeres, con apoyo de la premio Nobel de literatura 2015 la bielorrusa Svetlana Alexievich, las cuales  en la corta campaña electoral y ante las fraudulentos manejos del régimen,  se posicionaron del liderazgo opositor  por la salida de Lukashenko. Ellas son Verónika Zepkalo, Maria Kolesnikova y Svetlana Tijanosvkaya. Esta última, de 37 años, activista de derechos humanos y cuyo marido está en la cárcel por ser igualmente líder opositor al gobierno, asumió la candidatura opositora en reemplazo del candidato Viktor Barbariko, quien dos meses antes de las votaciones fue encarcelado e inhabilitado por el Consejo Electoral bajo absoluto control del régimen.
La candidata opositora,  ahora exiliada en Lituania ha denunciado el fraude electoral y clama por la salida del dictador y un nuevo proceso comicial para la conquista de la democracia en esa nación que formó parte de la anterior Unión Soviética. Con su firme liderazgo y el activo apoyo popular la líder bielorrusa ha conseguido igualmente el respaldo de la Unión Europea que ha manifestado no reconocer los resultados electorales de agosto e igualmente desconoce a Lukashenko como el presidente del país, por lo cual se están configurando las condiciones para promover un referendo para una nueva constitución y nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias.
Conviene resaltar que Viktor Barbariko, el encarcelado líder opositor se había presentado como el principal candidato frente a las intenciones reeleccionistas de Lukashenko y había sido presidente de Gazprom en el país, la conocida empresa rusa que opera el gasoducto de ese país que atraviesa el territorio bielorruso y suministra el 30% del gas a gran parte de Europa Occidental. Igualmente el oleoducto Druzhba cruza a Bielorrusia y transporta un millón de crudo ruso a países de Europa como Alemania y Polonia.  Bielorrusia depende además de Rusia para satisfacer cerca del 80% de las necesidades energéticas del país, aunque en anteriores declaraciones Lukashenko, en arrebatos nacionalistas,  ha manifestado la intención de reducir esa dependencia a la mitad  y satisfacer la diferencia con crudos de Arabia Saudita y de los Estados Unidos.
  Todo lo anterior revela la compleja realidad de Bielorrusia para alcanzar su democracia y hace más relevante el esfuerzo libertario que lideran las tres jóvenes mujeres de ese país quienes, con un inédito estilo político, han logrado acorralar al dictador -quien no disimula su machismo-, el cual luce ahora más dependiente de la voluntad del jerarca ruso para tratar de mantenerse en el poder, lo cual no necesariamente puede significar una traba para el proceso de  democratización, ya que existe un interesante antecedente en el caso de Armenia, otra ex República sovietica que logró en 2018 su democracia, sin ninguna interferencia de Putin y ahora mantiene una alianza estratégica con Rusia, pero igualmente tiene buenas relaciones con USA y con la Union Europea.





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