America Latina

March 11, 2019

Como en los tiempos de El Cid

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Written by: analisislibre
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 Juan José Monsant Aristimuño

    “En Venezuela la tortura se ha burocratizado”, tuiteó el senador Marcos Rubio, haciendo alusión en lo que es norma corriente de comportamiento policial, obviando cualquier otra consideración de tipo moral, político o legal. En países como El Salvador, por ejemplo, que pasó por una cruel guerra interna, las fuerzas de seguridades  desterraron la tortura como método de interrogatorio. Es posible que hechos aislados se produzcan, pero son aislados e imagino que en el fragor de la pasión, ya que los agentes han sido blanco de atentados, muriendo decenas de ellos en manos de las maras.

El caso de la narcotiranía de Venezuela es diferente, los cuerpos de seguridad del estado y del gobierno (los colectivos armados o paramilitares) utilizan la tortura, cuando no el asesinato, de forma habitual en sus interrogatorios, ya no en los delincuentes comunes (quizá inexistente por cuanto se encuentran protegidos, una vez encarcelados, por la Ministra de Penitenciarias, la abogada Iris Valera) sino en los llamados “presos políticos”, que pueden ser un   manifestante, un dirigente de oposición o del gobierno, joven, adulto, hombre, mujer, civil o militar. Pasan por el aislamiento, la amenaza, la golpiza, el uso de electricidad en los testículos o senos, la violación y todo el refinamiento imaginable. Algo que no sucede como política de estado en El Salvador, Panamá, Costa Rica, Chile o  Uruguay, por ejemplo. Nuestros presos políticos se han suicidado, neutralizados e  inutilizados cuando logran salir en libertad. Allí están todos ellos, los que quedan o pueden hablar, para dar testimonio.

El caso de los llamados “colectivos armados”, es diferente. Estos son elementos que bordeaban las leyes, o militantes de organizaciones de extrema izquierda, que fueron rescatados por chávez para incorporarlos al proceso revolucionario y enviados inicialmente a Cuba para ser adiestrados en la guerra irregular urbana por el Frente Francisco de Miranda. Su función es infundir terror en la población civil en cualquier circunstancia que se precisare; tipo el Avispón Verde, ataque, daño, dispersión y huida. Obviamente sin identificación, en motos sin placas, con el rostro cubierto o sin cubrírselo. Son efectivos, pero fácil de neutralizar, cualquier motorizado lo sabe; pero nada sencillo porque se tendría que tener una organización semejante de contraataque.

Han sembrado el terror durante 20 años, y obtienen mayor poder a medida que el régimen se encuentra amenazado. En la actualidad, son más confiables para el tirano y su cuadrilla de cómplices, dado que no pertenecen a una estructura militar (siempre bajo sospecha) y obedecen solo al líder que les garantiza impunidad. Estas fuerzas paramilitares han venido cobrando un poder inusitado, los uniformados de carrera lo saben, no solo por el armamento que poseen, sino por la protección incondicional que se les garantiza, a cambio de total sumisión. Estuvieron presentes en el asesinato de Oscar Pérez, y fueron las fuerzas, esta vez casi todos enmascarados, que dispersaron la población fronteriza que acudió al llamado a garantizar la entrada de la ayuda humanitaria el pasado 23 de febrero, los mismos que incendiaron tres camiones cargados de alimentos y medicinas.

Hemos leído con estupor, en notas filtradas desde la propia Cuba, que se entrenan jóvenes al servicio militar para reforzar a las tropas veteranas que ya se encuentran en Venezuela, lo que ha causado malestar en la población civil (que normalmente no puede expresarse). Al propio tiempo y sin ningún pudor, se han exhibido la presencia seis cirujanos palestinos llegados al país, supuestamente para reforzar nuestros desabastecidos hospitales.

Si a ellos agregamos a los terroristas del Medio Oriente asentados en Venezuela, incluyendo los temidos Guardianes de la Revolución iraní, y el reciente desplante de expulsar al embajador de Alemania en Venezuela, debemos inferir que la narcotiranía está dispuesta a todo con tal de no ceder el poder, la cabeza de playa en América de islamismo político y del modelo castrista de gobierno. Ya es, abiertamente, un problema de la región. Luego irán tras de ti. De modo que la presencia de una Fuerza Multilateral de Liberación en apoyo a la rebelión venezolana, se hace imprescindible, como en los tiempos de El Cid.






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