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enero 28, 2018

EL “GUERRILLERO HEROICO”: del foquismo al marketing

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Written by: analisislibre
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 Roldán Esteva Grillet *

La iconografía de Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967), o el Ché Guevara, es mayoritariamente fotográfica. Aunque su imagen ha trascendido al campo de las artes plásticas (serigrafías, pinturas al óleo o al acrílico, bustos y estatuas), la base ha sido siempre una fotografía. En efecto, las hay de su infancia y juventud, de sus viajes por América Latina (antes de su compromiso con la revolución cubana y luego), sus viajes por los países comunistas y, particularmente, su presencia llamativa como alto funcionario del régimen castrista entre 1959 y 1965, cuando entra en la clandestinidad. De esta última época, sólo se conocieron imágenes posteriores a su muerte en 1967, en Bolivia.

Fig 1.- Mausoleo del Ché Guevara en Santa Clara, 1997

Se han levantado monumentos en su honor (bustos o estatuas) en algunos países de América Latina como Bolivia, Argentina, Venezuela, Cuba (Fig. 1); y en su país natal (ciudad de Altagracia, Provincia de Córdoba, en una casa donde vivió la familia) cuenta con un museo con documentos personales, testimonios de amistades, objetos que le pertenecieron, y por supuesto, imágenes de toda su vida.

En el campo de las artes cinematográficas se han realizado más de una decena de películas sobre su vida desde 1967 (Hasta la victoria, siempre, de Santiago Álvarez), casi todas documentales, muchos para la televisión, y las menos biotip, con elementos de ficción, la última con Benicio del Toro en el papel del Che (2008), en dos partes y un total de cuatro horas. De entre esas películas que intentan reconstruir la vida del Ché destaca Diarios de motocicleta (2004, Fig. 2), con Gael García, que recrea su primer viaje juvenil junto a su amigo Alberto Granado en 1952, cuando llega hasta Caracas donde sólo estará unos once días.  En Caracas, visitando el barrio La Charneca, trató en vano de fotografiar una familia pero cada vez que sacaba su cámara fotográfica, ésta se escondía. Logra fotografiar a un negrito que venía en un triciclo pero éste pierde el equilibrio y cae.  La familia se enfurece y arremete contra el extranjero. En palabras del joven Ernesto Guevara: Me alejo con cierto desasosiego, ya que son grandes tiradores de piedras, perseguido por los insultos del grupo, entre los que destaca, como expresión máxima de desprecio, éste: portugués.

Al concluir ese primer viaje por América Latina, escribió en su diario lo siguiente:

(…) ahora sabía… sabía que en el momento en que el gran espíritu rector dé el tajo enorme que divida toda la humanidad en sólo dos facciones antagónicas, estaré con el pueblo, y sé porque lo veo impreso en la noche que yo, el ecléctico disector de doctrinas y psicoanalista de dogmas, aullando como poseído, asaltaré las barricadas o trincheras, teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos.

Sólo la película Ciudad perdida (2005), dirigida y actuada por el cubano-estadounidense Andy García, retrata al Ché por su lado violento. El guión fue del disidente cubano Guillermo Cabrera Infante.

Fig. 2.- Diarios en motocicicleta, 2004

            Ya de regreso a Argentina y graduado de médico, con otro amigo emprende un segundo viaje que lo lleva hasta Centro América. En Costa Rica –país que ha suprimido las fuerzas armadas y, por ende el militarismo- conoce al venezolano Rómulo Betancourt, en su segundo exilio, y de él guarda esta imagen:

Me da la impresión de ser político con algunas firmes ideas sociales en la cabeza y el resto ondeante y torcible para el lado de las mayores ventajas. En principio está firmemente con Estados Unidos. Falseó el Pacto de Río y se dedicó a hablar pestes de los comunistas.

En una carta escrita desde San José de Costa Rica para la tía Beatriz el 10 de diciembre de 1953, confirma su alineación con el comunismo soviético:

He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas. En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico.

Llegado a Guatemala, presencia el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, por presiones estadounidenses (27 de junio 1954). Decepcionado por su actitud, Ernesto Guevara le escribe a su madre: La verdad cruda es que ¨(Jacobo) Arbenz no supo estar a la altura de las circunstancias… Pudo haber dado armas al pueblo y no quiso, y el resultado es éste.

De ahí, al encuentro con el grupo de cubanos que en México están preparándose para invadir la isla, dirigidos por Fidel Castro, a fin de derrotar con las armas la dictadura de Fulgencio Batista. Desde la cárcel donde ha sido recluido bajo sospecha de comunista (hay foto de Castro ya vestido y el Ché con el torso desnudo), le vuelve a escribir a su madre el 15 de julio de 1956:

No soy Cristo ni filántropo, vieja, soy todo lo contrario de un Cristo, y la filantropía me parece cosa de (¿maricas?, palabra ilegible), por las cosas que creo, lucho con todas las armas a mi alcance y trato de dejar tendido al otro; en vez de dejarme clavar en una cruz o en cualquier otro lugar.

Ya en Cuba, incorporado a la guerrilla comandada por Fidel Castro, hay registros fotográficos y hasta fílmicos de algunos momentos pero donde el protagonismo lo roba Fidel Castro, quien concede entrevistas y habla para la prensa mundial, y especialmente la neoyorquina (1956-1958). No hay imágenes del Che Guevara al momento de la espectacular y multitudinaria recepción de Fidel Castro a su llegada a La Habana. Apenas conocida la huida del dictador hacia República Dominicana, el 1ero de enero de 1959,  junto a otros comandantes había sido enviado antes para que tomaran los cuarteles militares. Llegó primero Camilo Cienfuegos, luego el Ché a quien le tocó el fuerte La Cabaña. Otros militantes del Movimiento 26 de Julio (por la fecha de la toma del cuartel Moncada, en Santiago de Cuba) se encargaron de preparar la gran recepción, mientras Fidel y sus hombres se aproximaban por tierra desde el oriente del país.

Habiendo aparecido una crítica en la revista Bohemia (la misma que ilustró su portada con la cara de Fidel como el nuevo héroe), el Ché Guevara reconoce su origen argentino y de paso recuerda que Antonio Maceo era dominicano, pero declara que se siente cubano aunque las leyes no lo certifiquen; sin embargo, niega su condición de comunista, táctica común a Fidel Castro:

No soy comunista tampoco (si lo fuera, lo afirmaría a los cuatro vientos, como afirmo mi condición de luchador por las causas populares y reafirmo mi esperanza en que las armas del propio pueblo de cada país oprimido limpien de dictadorzuelos el panorama americano).

En La Cabaña, entre otras tareas, Ché Guevara asumió los juicios sumarios y eventuales fusilamientos de muchos de los sicarios, torturadores y demás funcionarios policiales o del ejército vinculados o señalados por testigos como personal represivo de la caída dictadura, pero también de los que lucharon contra Batista y luego se rebelaron contra el giro comunista. La pena de muerte, solicitada por Fidel Castro en uno de sus discursos en la Plaza José Martí, contravenía lo dispuesto en la constitución de 1940, y por cuya puesta en vigencia todas las fuerzas antibatistianas habían luchado.

El 12 de abril de 1960 le escribe a su compatriota Ernesto Sábato, revelándole el gusto por la aventura militar: (…) si las circunstancias nacionales o internacionales no me obligan nuevamente a empuñar el fusil, tarea que desdeño como gobernante pero que me entusiasma como hombre gozoso de la aventura.

La primera figuración pública del Ché Guevara lo lleva a dirigir el Banco Central de Cuba, luego el Ministerio de Industrias y Comercio. Ya se le había otorgado la ciudadanía cubana. Pero la imagen que lo hará famoso es del 5 de marzo de 1960, con motivo del sepelio de las víctimas de la explosión del barco belga La Coubre, cargado de armas y explosivos para el gobierno revolucionario.

 El antiguo y reconocidísimo fotógrafo de modas, Alberto Díaz Gutiérrez, alias Korda, ahora reportero gráfico de la revolución, tomaba imágenes de los dirigentes situados en la tarima colocada en el Cementerio Cristóbal Colón, en La Habana. Captó cuando en breves instantes el Ché Guevara se asomaba. Luego lo volvió a retratar en diversas actividades hasta 1965, cuando el revolucionario argentino-cubano desapareció de la prensa oficial y entra en la clandestinidad (África primero, finalmente Bolivia).

Fig. 3.-  Foto original de Korda, 1960

De ese mismo año de 1960, la revista Time le dedica una portada en su edición del 8 de agosto. Aparece el Ché Guevara en primer plano, y a sus lados en pequeño formato, Kruchev y Mao, como si los dirigentes soviético y chino fuesen sus ángeles protectores o sus principales referencias Kruchev mirando de soslayo, como desconfiado; Mao, muy complacido :(Fig. 4). Todo sobre un gran fondo rojo comunista. Para ese momento la gran incógnita de la revolución cubana, que todavía no se declaraba socialista, era cuál de las dos formas del socialismo seguiría. En todo caso, si las imágenes están inspiradas en fotografías, la portada es una ilustración de Bernard Safran. El Ché se presenta con una sonrisa y pícara mirada, y sus ralos bigotes sobre las comisuras de sus labios recuerdan un poco a los del cómico mexicano Cantinflas.

Fig. 4.- Ché Guevara en portada de Time

 De su período público, hay imágenes del Che con Fidel Castro jugando golf antes de destinar esos terrenos a la construcción de escuelas de arte y sembradíos; junto Camilo Cienfuegos en la marcha del 1 de mayo por los trabajadores; cortando caña, manejando un tractor, fumando “puros” (tabaco cubano), conversando con la pareja francesa Jean Paul Sarte y Simone de Beauvoir; en fin, era una imagen atractiva por su sentido del humor, su buena disposición para cualquier actividad y hasta por su condición intelectual (amor por la lectura, interés en los medios de comunicación, talento para la escritura).

Pero el primer fotógrafo de fama internacional que divulga imágenes fuera del país es el suizo René Burri (de la Agencia Magnum) al entrevistarlo siendo presidente del Banco Central de Cuba (1963, Fig. 5). Burri da una imagen del ex guerrillero, convertido en alto funcionario, acicalado, serio y jovial, con el cabello y barba recortados, con su muy planchado traje militar (pantalón y camisa verde olivo, pistola al cinto, botas) y el infaltable puro de la cubanidad adquirida. Muy lejos de la imagen romántica de Korda de años atrás, de mirada tensa y rabia contenida, con los cabellos batidos por la brisa y su famosa boina con la estrella.

La imagen de Burri es la del funcionario carismático, con su perspicaz inteligencia, su donosura varonil y hasta su franca sonrisa. En 2008, una exposición antológica de las fotos de Burri recorrió varias ciudades de América Latina: Buenos Aires, Caracas, La Habana, Bogotá, Ciudad de México, para la que se incluyeron las célebres fotos del Ché Guevara y ejemplares de la publicación donde circularon.

Fig. 5.- Foto de René Burri, 1963

Hay por supuesto pequeños cortos fílmicos, de noticieros, con la presencia y actuación del Ché Guevara que han sido muy explotados en los documentales preparados para reconstruir su trayectoria pública dentro y fuera de Cuba, sea en jornadas de trabajo voluntario (acarreando materiales en un carretilla), sea dando un discurso (reunión de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este, Uruguay: “En el imperialismo yanqui no se puede confiar, ni tantito así”, Fig. 6). o interviniendo en un programa de televisión a su regreso de su gira por los países comunistas.

Fig. 6.- El Ché Guevara en Punta del Este, agosto 1961

De los dos años que estuvieron los guerrilleros en su lucha contra Batista en la Sierra Maestra, quedan imágenes fotográficas de momentos de descanso y de algunas actividades socio-políticas (reparto de tierras, alfabetización de campesinos, transmisión desde Radio Rebelde, un periódico de Cuba Libre y hasta algún ajusticiamiento, Fig. 7). Lo mismo que reportajes fotográficos o fílmicos de Fidel Castro, quien siempre se mantuvo como jefe máximo, acatado por todos.

 

 

Fig. 7.- Un ajusticiamiento en Sierra Maestra (1956-1958)

A pesar del particular interés del Ché Guevara en la fotografía documental (cuando se le apresa herido en la selva boliviana, en la Quebrada del Yuro, el 8 octubre de 1967, llevaba consigo varios rollos de fotografías sin revelar) toda esa documentación sólo se pudo divulgar  luego de su muerte. (Fig.8)

 

Fig. 8.- El Ché (segundo a la izquierda) con guerrilleros en Bolivia, 1966-1967

En su diario de Bolivia había escrito:

El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones humanas y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre su enemigo brutal.

 

 

Fig. 9.- El Ché Guevara, en La Higuera, 8 octubre 1967

Ya en manos del ejército boliviano, asesorado por rangers estadounidenses y tres miembros de la CIA (dos de estos, cubanos), la primera foto que se divulga del Ché lo revela como un hombre de largos y sucios cabellos, barba hirsuta, con más aspecto de clochard (indigente) que de “guerrillero heroico” (Fig. 9). Si hasta dos huevos conservaba en una de sus manos cuando, al verse herido en una pantorrilla y un tobillo, se identifica como el Che para que no lo mataran. Félix Rodríguez, el cubano de la CIA que lo entrevistara en un salón de la escuelita del pueblo de La Higuera, lo describe con ropas raídas, los pies calzados con un pedazo de cuero amarrado, y los cabellos mugrientos.

Éste el lugar en el que el soldado, Mario Terán ejecutara la orden de matarlo (dos ráfagas) venida desde La Paz, donde gobernaba el general René Barrientos. La secuencia posterior y última es producto de un reportero gráfico boliviano: Freddy Aborta (octubre, 1967).

Fig. 10.- El Ché Guevara, muerto, 9 octubre de 1967

Fuera de la primera imagen, con el Che vivo, el resto de las imágenes corresponde a su cadáver trasladado en helicóptero desde La Higuera, y colocado en una lavandería del hospital Señor de Malta, de Vallegrande (Fig. 10).

 

Fig. 11.- Oficiales del ejército boliviano examinando el cadáver del Ché

Aquí se le exhibió para que los altos oficiales lo examinaran y los pobladores lo vieran, entre éstos unas monjitas de las que se cuenta que arrancaron cabellos del Ché, a manera de reliquias, por cuanto lo consideraban un santo. Por supuesto, esto forma parte de la imagen legendaria. El sitio es lugar de peregrinación turística desde hace tiempo

De las varias fotos de Freddy Aborta, una en particular tuvo un singular éxito macabro, pues está tomada en escorzo, situado el fotógrafo a los pies del cadáver y con la cámara en alto (Fig. 11). No faltó el crítico de arte, en este caso el inglés John Berger, que aludiera a dos imágenes famosas de la historia del arte europeo: el Cristo muerto de Mantegna y la Lección de anatomía de Rembrandt.

 

Proceso de difusión de la imagen del Guerrillero Heroico, de Korda

El cubano Korda conservó su foto del cementerio Cristóbal Colón en su estudio, pues no llegó a publicarse en su momento, a pesar de ser el fotógrafo oficial del régimen. La foto la “editó” para reducir el close up al rostro y busto del Ché Guevara; vale decir, suprimió del lado derecho una palma y del lado izquierdo un semiperfil del argentino Jorge Masetti, miembro fundador de Prensa Latina, fallecido en 1964 al intentar una guerrilla al norte de su país. Korda regaló una copia de la imagen a Haydée Santamaría, presidente de Casa de las Américas, principal institución cultural cubana. Otra copia la regaló a la pareja Sartre-Beauvoir. (Fig. 12).

Fig. 12.- Foto de Korda, editada por él mismo, 1960

Dos meses antes de la muerte del Ché en Bolivia, el italiano Giangiacomo Feltrinelli, ex partisano y comunista italiano visita a Haydeé Santamaría y ella le escribe una nota a Korda: Este amigo italiano anda buscando una foto del Che que le guste. Enséñale la tuya. Korda exhibía una copia de su todavía no famosa foto, en una pared de su estudio. Le hizo dos copias y se las regaló al día siguiente. No aceptó dinero por ellas.

La imagen de Korda tuvo una primera exhibición pública en 1967 al realizarse una gran manifestación al conocerse su muerte, pues se realizó una fotomural de diez metros en la Plaza de la Revolución. Pero es su divulgación desde Europa la que la hace famosa al año siguiente, en el clima contestatario generalizado en las universidades. El editor Feltrinelli, que había viajado a Bolivia y conversado con Regis Debray, logró obtener en Cuba el manuscrito del diario del Che en Bolivia. En su portada incluyó la imagen de Korda, en blanco y negro (Fig. 14). Las ganancias fueron cedidas al gobierno cubano.

Fig. 13.- Portada del Diario del Che en Bolivia, del editor Feltrinelli, 1968

Como publicidad para el libro, imprimió un poster de un metro setenta que pronto decoró las habitaciones de muchos estudiantes, pero también participó en las manifestaciones que se fueron dando en 1968. Desde 1970 Giangiacomo Feltrinelli entra en la clandestinidad, cada vez más comprometido con la extrema izquierda italiana que temía un golpe de la derecha ante el auge del partido comunista en las urnas. Como si la imagen portara una maldición, Giangiacomo muere en 1972, al intentar colocar una bomba en una torre eléctrica en Milán.

En Francia, el mayo parisino de 1968  usó la copia que Sartre llevó de Cuba y facilitó a los provos, previa intervención del artista irlandés Jim Fitzpatruik, quien trabaja un alto contraste con fondo rojo para su divulgación como afiche (Fig. 14). De París, la imagen salta a Estados Unidos, que está viviendo su propia revuelta juvenil y racial con una violenta represión: estudiantes de Berkely, Black Power, hippies californianos. Una década marcada por la guerra en Vietnam, los asesinatos de los dos Kennedy y de Martin Lutter King junto a la píldora anticonceptiva, la liberación sexual y la minifalda.

Fig. 14.- Che Guevara, en la versión de Fitzpatrik, 1968

El arte estadounidense, que había vivido un furor expresionista abstracto en los cincuenta, regresa a la figuración inspirada por el auge de los medios publicitarios, el consumismo y en general la cultura de masas (modas, música, drogas). Es esa iconografía y sensibilidad la que parodian o resemantizan los nuevos artistas buscando los efectos de colores puros, planos, propios de los medios gráficos. La “realidad”, contaminada por la publicidad y la cultura de masas, se nos devuelve sea en el por art, sea en el fotorealismo. Paralelamente se ha desarrollado una cultura antisistema, underground, con revistas, historietas, films, radios, locales, indumentaria, música, grafitis, la que hoy se identifica con lo pop.

Fig. 15.- Ché Guevara, serigrafía de Malanga-Wahrol

Andy Wahrol, uno de los grandes del pop art, asume, serializada, la imagen de Marilyn Monroe, de Elvis Presley, de Jakie Kennedy. Un antiguo asistente suyo, Gerard Joseph Malanga aprovecha ambas cosas, el auge del pop estilo Wahrol y la imagen del Che, marca Korda, y serializa la imagen de Korda, en la versión Fitxpatrik, en una composición de nueve retratos, de altos contrastes, a base de la policromía del artista norteamericano. Incluso la imagen central, repite la versión en blanco y negro del irlandés Fitzpatrik. Esa versión serigráfica, una falsificación de Wahrol vendida a una galería romana, termina siendo autentificada por el artista falsificado, quien cobra así sus derechos de autor. (Fig.15)

Otro artista, Paul Davies, se suma a quienes explotan la imagen, esta vez haciéndola calzar la estética hippy: cabellos largos, barbas, desaliño, rostro moreno y mirada desafiante ante el mundo burgués. Su versión de Korda aparece como portada de Evergreen (febrero de 1968), una revista del underground neoyorquino. (Fig. 16)

Fig.16.- Portada de Evergreen, por Paul Davies

Desde Buenos Aires, el editor Jorge Álvarez planea una serie de biografías sobre figuras cimeras de la política latinoamericana. La serie inicia con una Vida del Che, pero como historieta gráfica, basada en un texto de Héctor Oesterheld y las ilustraciones de los Breccia, padre e hijo, en alto contraste blanco y negro. La edición será decomisada e incinerada por la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía, aun así se reeditará piratamente en varios países, menos en Cuba quizás por haber incluido imágenes del trágico final del Ché en Bolivia. (Fig.17 y 18).

 

Fig. 17.- Historieta gráfica Vida del Che

La imagen del Che entra en las artes plásticas cubana s de la mano del pintor y diseñador gráfico Raúl Martínez González, quien se había formado en Chicago y regresado en los años cincuenta como un expresionista abstracto. Este pintor se acoge a la nueva política cultural de los setenta, luego del caso del poeta Heberto Padilla, y se dedica a la exaltación de los héroes de la revolución (Che Guevara, Camilo Cienfuegos, José Martí, los milicianos, los guerrilleros, los trabajadores) siguiendo los cartabones de moda del arte pop. (Fig. 19)

 

Fig.18. – Detalle, Ché Guevara muerto

Entre 1965 y 1970, Fidel Castro dejó crecer la imagen del Che Guevara como un luchador internacionalista, crítico del régimen soviético, desde la lectura pública de la carta de despedida del Che, antes de que el revolucionario optara por Bolivia, luego de su frustrante experiencia en África donde las luchas tribales y las creencias mágicas le impidieron trasmitir su idea del guerrillero intrépido y valiente, y el valor del “foquismo”.

La identificación cubana con la figura del Che Guevara, a raíz de su muerte (“Seremos como el Che”), ayudaba a Castro a mantener una ilusión de nación independiente de los bloques de poder, de la guerra fría, más ubicado entre los Países No Alineados, si bien, a partir de la invasión a Checoslovaquia en la primavera de 1968 por las fuerzas del Pacto de Varsovia, se hizo cada vez más evidente su inclinación hacia el bloque soviético, gran financista y garante de la revolución, y no por la Revolución Cultural de Mao, que tanto atraía al Che.

Fig. 19.- El Che Guevara, por Raúl Martínez

            Además, la cualidad intelectual del Che (tres libros publicados en vida: Guerra de guerrillas, El hombre y el socialismo en Cuba, El Hombre Nuevo en Cuba; dos póstumos, Pasajes de la guerra revolucionaria, Diario de Bolivia), su afición por la lectura y la fotografía, su desprendimiento de bienes materiales, su visión ascética de la vida, contribuían a la adhesión desprejuiciada de jóvenes e intelectuales en una década de reconocimiento de derechos humanos en Estados Unidos, por valores no consumistas en Europa, por mayores libertades en las relaciones humanas (“Hagan el amor, no la guerra”), de luchas por la liberación de los pueblos colonizados en África y Asia, o contra el armamentismo nuclear. Sin embargo, el caso Padilla en 1970 resultará un mentís completo respecto a la sociedad cubana: la revolución se había convertido en un régimen despótico, autoritario de corte estalinista, justo cuando ya el interés por exportar la revolución mediante las guerrillas en América Latina, daba muestras de fracaso y más bien alentaba a las fuerzas militares a tomar el poder, aupadas por Estados Unidos en su lucha contra la influencia comunista.

 

Fig. 20.- Imagen del Che, Plaza de la Revolución, 1993

Desde Cuba viene la denominación de “Guerrillero Heroico”, cuya efigie silueteada en líneas de vidrio fundido en negro decora la fachada del Ministerio de Relaciones Interiores que da a la gran Plaza de la Revolución (antes de José Martí), junto a la frase con que se despidió del Fidel: Hasta la victoria, siempre. (Fig. 20); otro tanto se hará con  la silueta del rostro de Evita Perón en un edificio ministerial en la avenida 10 de mayo en Buenos Aires, la del obelisco, con Cristina Fernández de Kirchner de presidente en 2011.

La comercialización de la imagen del Che Guevara.

Desde los años setenta se ha hecho común el uso comercial de la imagen del Che, como cualquier otra que provenga del mundo intelectual o alta cultura (verbi gratia: la Última Cena de Leonardo da Vinci), de ahí la frecuencia con que objetos de uso común (primero entre jóvenes identificados con una causa de izquierda) como las playeras o camisetas deportivas, chamarras, gorras, hasta llegar a los típicos productos publicitarios P.O.P.: llaveros, relojes, platos, hebillas, lapiceros, corbatas se identifican con el Ché. En competencia con una práctica comercial que incluye tanto los grandes museos y sus exposiciones como las campañas electorales: se vende cualquier objeto que el público pueda considerar como souvenir mediante una imagen de marca o prestigio. (Fig. 21)

Fig. 21.- Zapatos deportivos con la imagen del Che Guevara

De allí a que algunas firmas comerciales se aprovecharan de una imagen icónica, de tanta fuerza como cualquier otra de los personajes del mundo de la farándula (Marilyn Monroe) que permitiera una rápida y trivial identificación entre el público juvenil, sector emergente del nuevo consumismo occidental.

En 2006, una exposición curada por la inglesa Triska Ziff, residente en México, recreó documentadamente esa enorme comercialización tanto de la imagen del Ché Guevara como de su nombre. La exposición estuvo originalmente en Ciudad de México (Centro Internacional de la Fotografía) y luego en Londres (Albert and Victoria Museum) y exhibía ropa interior, etiquetas de vino, tatuajes (es famoso el que se realizara el futbolista argentino Maradona, Fig. 22); el Che visto como el Cristo en la Última Cena, etc. El título de la exposición: ¡Che! Revolución y comercio.

Fig. 22.- Maradona con tatuaje del Che

En 2009 se publica un .libro en Estados Unidos, Che’s afterlive: The Legacy of an Image, de Michart Casey, que da cuenta de éstas y otras incidencias. Una muy significativa es la siguiente: Korda, quien nunca reclamó derechos de autor por el uso de su ya famosa imagen por cuanto consideraba que su difusión suponía la de los ideales del Che Guevara, no aceptó que una empresa de licores, concretamente la vodka Smirnoff lo hiciera por cuanto su héroe había sido abstemio.

En los años noventa, con la retirada de la Unión Soviética de la esfera mundial de la política y del financiamiento de la revolución cubana, el régimen debió irse abriendo al exterior para buscar nuevos recursos, con lo que debió empezar por reconocer que no respetaba leyes internacionales. Así llega a aceptar la de los derechos de autor.

Basándose en esta nueva circunstancia, Korda puede finalmente reclamar ante un tribunal y ganarle un juicio por 75.000 dólares a la Smirnoff, a cambio del uso de su foto del Ché (Fig. 23). El dinero por supuesto lo donó Korda al gobierno, específicamente a su sistema de salud. Ya no era Korda el fotógrafo oficial del régimen, pero seguía siendo consecuente con la revolución.

Fig. 23.- Publicidad de la vodka Smirnoff para su bloody hot fiery, 2000

En 1962, Fidel Castro quiso regresar a la Sierra Maestra y llevó consigo su fotógrafo oficial: Korda, para unas fotos posadas. Una de ellas -tomada en contrapicado para monumentalizar a un hombre de por sí alto, en semiperfil de espaldas, portando Fidel una mochila o morral- es la elegida para ilustrar el sepelio del líder máximo de la revolución a su muerte en diciembre de 2016. Sin embargo, ya desde 1968, cuando se termina de nacionalizar hasta la más mínima expresión de propiedad privada (un bar, un café, un salón de belleza, un taller de zapatería o sastrería, un pequeño trozo de terreno para la siembra doméstica), Korda había dejado de ser el fotógrafo de periódicos de la primera época, al reducirse toda la información a un solo medio impreso, Granma (órgano oficial del Partido Comunista), en memoria del yate que transportara los ochenta y dos guerrilleros en 1956 desde México.

 Desde 1968 Korda se dedicó a la fotografía submarina con el mismo entusiasmo con que antes, en tiempos de Batista, fue fotógrafo de modas. Pero Diana, la hija del fotógrafo (otra generación, otras necesidades), a partir del juicio ganado a la Smirnoff y la muerte del padre, renuncia a su lugar en el Ballet Nacional y se dedica a reclamar los derechos de la imagen del Che Guevara por Korda en el mundo capitalista.

  • Graduado en Letras, Universidad de los andes, Mérida (Venezuela) , con especialidad en Arte Medieval y Moderno en Italia. Cursos de doctorado en Historia del arte en la UNAM, México. Profesor Titular en Historia de Arte Latinoamericano, Universidad Central de Venezuela. Autor de varios libros, el más reciente País en vilo. Arte, democracia e insurrección en Venezuela.





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