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September 30, 2019

El TIAR: terror de los tiranos.

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Written by: analisislibre
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Germán Gil Rico
An[alisis Libre

La vocación anexionista de los países con poderío militar, trastocó el sentido de la intervención o ayuda humanitaria. Así las ofertas sólo para paliar la miseria enseñoreada en un país, es interpretada como prolegómeno de desembarco de tropas, ocupación territorial, pérdida de la independencia y la libertad. Sin embargo, como el tiempo no transcurre en vano, el capitalismo en los países democráticos ha cambiado. Se ha humanizado.

Por supuesto, como nadie da nada por nada, siempre habrá espacio para el intercambio y como los países en situación de pobreza no disponen más que de materias primas y los gobiernos no aprobaron o no hicieron cumplir leyes que obligaran al capital extranjero a invertir aguas abajo de la concesión, para transformar esa materia prima y agregarle valor, produciendo un doble efecto: engrosar las arcas del Estado con los ingresos por concepto del royalti más el impuesto sobre los beneficios. Con una política semejante hubieran podido reducir desempleo a una escala universalmente aceptada. No lo hicieron y permanecen los bolsones de miseria, visibilizados  en viviendas insalubres, malnutrición, endemias, carencia de escolaridad, el embrutecimiento por consumo de alcohol y otras drogas, así como el desarrollo de la delincuencia sembradora de cruces en los cementerios y ladrillos en antros delincuenciales mal llamados cárceles.

Pero esa no fue ayuda humanitaria, fue explotación imperialista pura y dura que persiste en países africanos y orientales. Antes colonizados por la URSS y ahora por Rusia que es “diferente musiú con el mismo cachimbo”. En la órbita de la civilización occidental todavía se dan casos pero en mucho menor escala. En esta parte del mundo, desde del Siglo XIX, se vienen librado combates en defensa de los derechos de los trabajadores que concatenan con los derechos humanos. Y el combate persistirá. Es la dinámica histórica de la relación capital-trabajo.

La Venezuela de hoy, sojuzgada por la cúpula militar arreada por el sable rojo usado por Raúl Castro y hundida en la miseria a la que la condujo teniente coronel Hugo Chávez Frías, insigne lacayo del castrocomunismo, quien instauró el sistema político-económico fidelista, profundizada por Nicolás  Maduro Moros, muñeco de ventrílocuo de la tiranía cubana, requiere ayuda humanitaria y la rechaza; sólo acepta la enviada por la Cruz Roja porque le sirve para hacer propagada engañosa y como instrumento propiciatorio de enriquecimiento ilícito de quienes la distribuyen.

Frente a tal crimen de lesa humanidad, semejante al holodomor (muerte por hambre) aplicado al pueblo ucraniano por el imperio rojo con su ejército de ocupación territorial y sus respectivos lacayos, la mayoría determinante de los venezolanos clamamos por acciones enérgicas de parte de la comunidad democrática mundial que, si bien endurecen sanciones diplomáticas y comerciales, con la tibieza propia de “activistas de café”, rehúsan la ayuda militar humanitaria, ¿paralizados ante el poder de fuego del monstruo creado por la troica diabólica: Lenin, Trotsky y Stalin?. Pero como las cosas de palacio van despacio, ha sido prolongado el tiempo de espera y, como bien les corresponde, el gobierno castrocomunista ha podido mantenerse en su criminal posición. De allí que la mayoría determinante de los venezolanos hayamos doblado la apuesta y solicitado la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que en su aplicación contempla pasos que van desde el aislamiento, a guisa de cordón sanitario, hasta la intervención armada con propósito de liberar los pueblos de la peste, en este caso la comunista.

 Ya el Consejo de seguridad de la OEA aprobó su aplicación. Sólo queda esperar que los ladrones y genocidas instalados en Miraflores entiendan que su hora de “gloria” terminó, para que no derramen más sangre hermana y se acojan a lo expresado por Llovera Páez a Pérez Jiménez la noche del 22 de Enero de 1957: “Marcos estamos muy bien. Tenemos bastantes dólares pero llegó la hora de irse, porque pescuezo no retoña”.






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