America Latina

septiembre 26, 2013

Lo peor que puede pasar en Venezuela

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Written by: analisislibre
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por Fernando Mires *
Ya lo había dicho y reiterado antes de viajar a Miami. «Lo peor que puede pasar al país es un golpe de Estado». No obstante, las mismas palabras dichas en Miami adquieren diferente connotación. Y eso con toda seguridad lo sabía Henrique Capriles.
Nicolás Maduro, mandatario de Venezuela, en su siempre infamante estilo había anunciado que Capriles viajaría el 15. 09. a reunirse con la «gusanera» de Miami para conspirar en contra de la «revolución». No pudo haber mejor refutación a Maduro que las palabras de Capriles, dichas desde el mismo «imperio».
«Lo peor que le puede pasar al país es un golpe de estado».
Léase bien, Capriles dijo sin rodeos, un golpe de estado es lo peor que puede suceder a Venezuela. No dijo hay golpes buenos y malos, como seguramente piensan algunas fracciones «egipcias» de Venezuela. Eso significa que un golpe de estado, según Capriles, es una alternativa aún peor que el gobierno de Maduro. Por lo tanto Capriles dejó claramente establecido que está dispuesto a jugársela en contra de cualquier intento de golpe de estado sea éste a favor de Maduro o en contra de Maduro.
Por lo demás, si hubiera intento de golpe de estado, aunque venga de militares chavistas, ¿contra quien puede ser sino en contra de Maduro? Porque Capriles dijo, golpe de estado. No habló de autogolpe. En otras palabras, un golpe de estado en contra de Maduro sería no sólo en contra de Maduro; también sería en contra de la oposición a Maduro. Su objetivo no podría ser otro sino destruir los restos de institucionalidad que permanecen en el país, cerrar el camino a las elecciones e imponer un régimen de fuerza en contra de la mayoría de la nación, de la madurista  y de la opositora a la vez.
Las palabras de Capriles fueron terminantes. Ahora lo saben todos: Si hay militares que en nombre del, o en contra del chavismo intentan dar un golpe de estado, aprovechándose del descontento general y de la profunda crisis económica en la cual el chavismo ha sumido al país, contarán con la más decidida «oposición de la oposición». Con ello queda muy claro, salvo para quienes no quieran entender, que la oposición venezolana dirigida por la MUD y Capriles no es golpista, como tal vez quisiera Maduro que lo fuera. Además -aunque no guste a Maduro- es un factor de orden institucional. Quizás la oposición es el único factor de orden institucional que resta todavía en Venezuela. Si no fuera por esa oposición que encauza por vías democráticas el creciente malestar social, Venezuela no sería Egipto: Venezuela sería Siria.
Naturalmente, el objetivo de la oposición, como toda oposición en cualquier lugar donde hay oposición, es derrotar al gobierno y si es posible, lograr su caída. Pero el objetivo ha de ser la derrota política, jamás la derrota militar. Eso quiere decir que cualquier intento no político en Venezuela significaría cerrar el camino a la oposición e indirectamente al propio PSUV. Quizás ya hay miembros de ese partido que entienden que la desaparición de los últimos restos de espacios políticos significaría también el fin del PSUV, ya sea como partido de gobierno, ya sea como principal partido de oposición, lugar este último que más temprano que tarde deberá ocupar, si es que sus dirigentes no creen en el principio de la eternidad.
La mayoría de la oposición (y quizás una parte del chavismo) ya ha entendido que cuando los militares llegan al poder lo hacen para quedarse y nunca para irse.
No me referiré esta vez a Chile, donde algunos políticos con pasado democrático apoyaron el golpe de 1973 como «salida transitoria». El ejemplo más reciente es el del Egipto de 2013 cuando los militares se montaron sobre los hombros del descontento popular frente al islamismo de Morsi y dieron un golpe que restituyó el régimen de Mubarak sin Mubarak, en contra de la oposición democrática y de la oposición religiosa a la vez.
Probablemente hay pocas situaciones en la historia, si es que hay alguna, en la cual los militares usurpen el poder para retirarse inmediatamente. Ni siquiera en Honduras, pues allí los militares actuaron obedeciendo el mandato de una mayoritaria clase política civil. ¿Se entiende entonces por qué lo peor que puede pasar al país -Capriles se refería al país de los chavistas, al de los no chavistas y al de los anti-chavistas – es un golpe de Estado?
Hay ejemplos en cambio que muestran como cuando la oposición ha actuado en defensa del espacio político en contra de intentos golpistas, ha salido fortalecida. Uno ocurrió en Septiembre de 1917 en Rusia cuando el general Lavr Kornilov, aprovechándose de las debilidades del gobierno de Alexander Kerenski, intentó dar un golpe de Estado, imaginando que contaría con el apoyo de la socialdemocracia (mencheviques y bolcheviques). Fue entonces cuando Lenin dio muestras de gran genialidad. Con su consigna «hay que defender a Kerenski», Lenin aseguró el espacio que muy poco después permitiría a los bolcheviques hacerse del poder. El segundo ejemplo también ocurrió en Rusia. Fue en el año 1991 cuando Boris Yeltsin, alcalde de Moscú y recalcitrante opositor, llamó a las masas a oponerse al golpe militar dirigido en contra de Gorbachov. Gracias a esa iniciativa Jeltsin logró ser, poco después, sucesor de Gorbachov en el poder.
Pero en el Egipto de 2013 no  hubo ningún Lenin ni ningún Jeltsin. Los demócratas, con Baradei a la cabeza se sumaron al golpe, aceptando incluso tareas de gobierno. Pronto -historia conocida- fueron desplazados por los militares. “Sobre las bayonetas nadie puede sentarse”, dijo Tayllerand a Napoleón.
Capriles también lo sabe. Sabe también que el 2013 no es el 2002, cuando generales venezolanos, utilizando el vacío de poder provocado por una enorme masa opositora sin dirección política, hicieron renunciar a Chávez. Los militares pusieron en su lugar a un monigote empresarial (Carmona) para después volver a poner a Chávez. Gracias a ese auto-frustrado golpe, Chávez emergió con más legitimación que antes.
«Lo peor que puede suceder al país es un golpe de Estado».
No pudo Capriles haber elegido mejor lugar para pronunciar esa breve frase. Miami, refugio de demócratas, empresarios, profesionales y gente común, es también un lugar donde no pocos cubanos y venezolanos se dejan llevar por fantasías, soñando con salidas apocalípticas que los devolverán, como por arte de magia, al país de sus amores.
En Miami existe una gran mayoría de venezolanos que reconoce a la MUD como directriz y a Capriles como su líder político natural. Pero también existe –no es secreto para nadie- una minoritaria fracción antidemocrática, radicalmente aventurera, es decir, una fracción hecha a la medida del chavismo. A ellos, los que conforman dicha fracción, dijo Capriles en su propia cara:
«Lo peor que puede suceder al país es un golpe de Estado».
Para que chavistas, no chavistas, maduristas y antimaduristas lo sepan y lo graben en el disco más duro de sus cabezas. El camino de la oposición venezolana es y será democrático y electoral. La línea ya ha sido trazada.
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Nota: Para conocer el pasaje del discurso de Capriles en donde se refiere al tema del golpe de estado, hacer clic en     http://www.youtube.com/watch?v=t9_U6kC6Q7M
Fernando Mires, profesor emérito de la Universi dad de Oldenburg, Alemania, autor de numerosos artículos y libros sobre filosofía política, política internacional y ciencias sociales, publicados en diversos idiomas





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