Opinion

agosto 7, 2022

Pelosi: La agenda secreta

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Written by: analisislibre
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En 1991, la congresista Nancy Pelosi se paró en la Plaza de Tiananmen con una pancarta que decía: “A los que murieron por la democracia en China”, en honor a los hombres y mujeres chinos que fueron asesinados en la Masacre de la Plaza de Tiananmen.



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Juan José Monsant Aristimuñon
Anàlisis Libre Internacional

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                                                            Sí, alguna vez la conocida isla de Taiwán se llamó simplemente Republica de China, por allá a finales de la década de los cuarenta cuando los nacionalistas chinos fueron vencidos por las fuerzas armadas comunistas comandadas por Mao Tse-tung, y se refugiaron en la isla situada frente al continente que se conoció como Formosa, y luego como China Nacionalista, Taiwán y Taiwán Taipei (aunque oficialmente aún se denomina República de China) para diferenciarse de la República Popular China, actualmente presidida por Xi Jinping.

Parece un juego de galimatías geográficas, pero en realidad es simple; vencidas las fuerzas nacionalistas por las comunistas, huyeron a Taiwán, y el presidente Harry Truman dio la orden de situar a la Séptima flota de los Estados Unidos en el mar de China, con el fin de evitar la invasión de China Popular a la isla, y proteger al líder nacionalista, el general Chian Kay-Shek.

Eso, aparentemente es todo, China continental, la comunista, no reconoce la separación de Taiwán, a la cual considera simplemente una provincia alzada. Sin embargo, hay que asumir que Taiwán tiene más de 70 años como unidad nacional independiente, así haya sido expulsada de las Naciones Unidas en 1971 durante la celebración de la XXIV Asamblea General. Es discutible la legitimidad de esta Resolución, pero fue una decisión política y no jurídica contabilizada en votos de los países presentes en dicha Asamblea. Fueron tiempos de la Guerra Fría, a la cual pareciere que estamos regresando.

La China Popular de hoy no es la misma de 1949, ni de los 70. Atrás quedó el Gran Salto y la Revolución Cultural de Mao. Hoy, es la China de Xi Jinping, la China capitalista de partido único y presidente vitalicio, la segunda economía del mundo con aspiraciones imperiales, cuyo modelo socioeconómico es imitado por Vietam. Y ahora con la pretensión de Venezuela de seguir su ejemplo con la creación de Zonas Económicas Exclusivas; mas no es lo mismo, en realidad es una apertura económica delimitada que permite consolidarse a las cuatro o cinco parcelas delincuenciales que controlan el país, con el fin de garantizar la paz entre ellas y la continuidad en el poder, en detrimento del estado de derecho democrático (pero ese es otro tema).

El tema es el viaje de Nancy Pelosi a Taiwán, la alaraca que formó China Popular ante este anuncio, y las críticas que se formularon ante una aparente dicotomía en la dirección de la política exterior de los Estados Unidos, mas no es así.

Lo primero es remontarnos a la Declaración entre la Federación rusa y la República Popular China sobre relaciones internacionales, firmada por los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping el pasado cuatro de febrero de 2022, donde se rediseña y se anuncia al mundo lo que para estas dos superpotencias será en adelante la geopolítica mundial. Veinte días después de esta Declaración, Rusia invadió militarmente a Ucrania sin ninguna explicación conocida hasta el presente; es una guerra de resistencia que va para los seis meses, a un costo económico y de vidas humanas irreparable. Putin en este tiempo ha amenazado a Europa en general, a Finlandia, Suecia, Noruega, Estonia y Moldavia en particular, por su intensión de afiliarse a la unión Europea y en el caso de Finlandia y Suecia, a la OTAN. Ha insinuado que accionará el botón nuclear en caso de necesidad nacional, tomar el control del Mar Negro y el Báltico, aparte de hablar abiertamente de que “el enemigo” es Occidente y la OTAN. China, más cauta, se refiere a proteger las regiones geopolíticas naturales (Euroasia) tal como se estipula en la Declaración, entre ellas, la recuperación de la provincia de Taiwán.

Ante esta realidad lacerante, es obvio que Estados Unidos debía reaccionar, porque ante el actual panorama mundial la supervivencia de los valores de la civilización Occidental, que pasa por el respeto a los Derechos Humanos, la libertad de mercado y el ejercicio de la democracia representativa, asentada en el principio de la soberanía popular expresada en el voto, solo Estados Unidos (nos guste o no) está en capacidad económica, militar y política de enfrentar con sus aliados europeos, la pretensión de Rusia y China Popular de controlar las relaciones internacionales, la geopolítica mundial, en convivencia con aliados locales que igualmente cuestionan la democracia.

“La parte rusa reafirma su apoyo al principio de una sola China, confirma que Taiwán es una parte inalienable de China y se opone a cualquier forma de independencia de Taiwán”, reza uno de sus numerosos compromisos. Más adelante son más específicos “Rusia y China se oponen a los intentos de fuerzas externas de socavar la seguridad y la estabilidad en sus regiones adyacentes comunes, tienen la intención de contrarrestar la injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de países soberanos bajo cualquier pretexto, se oponen a las revoluciones de colores y aumentarán la cooperación en los ámbitos mencionados.” Incluso cuestionan acuerdos occidentales con Australia “Las partes están seriamente preocupadas por la asociación trilateral de seguridad entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido (AUKUS), que prevé una mayor cooperación entre sus miembros en áreas que implican estabilidad estratégica…” Tan preocupante para Occidente son estas exclusiones, como sus interpretaciones sobre el concepto  democracia, soberanía popular  y derechos humanos, todos ellos interpretados restrictivamente por el partido o el líder único en el poder.

Es obvio que Nancy Pelosi no tomó esa decisión por capricho, sino en unidad de mando político, militar y bipartidista, con la suficiente astucia de no comprometer directamente al Ejecutivo, sino a un poder público independiente, soberano y representativo: el poderoso Legislativo que representa la unidad nacional estadounidense y la Federación misma. Hay que cerrar filas en ella y con ella, a menos que el destino de nuestros pueblos sean regímenes autoritarios sometidos a las pretensiones geopolíticas euroasiáticas.






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