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julio 30, 2015

Santiago Posteguillo: La sangre de los libros (II)

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Written by: analisislibre
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En pocas palabras. Javier J. Jaspe

Washington D.C. / analisislibre.org

En nuestro anterior artículo de una serie de tres, iniciamos una reseña con algunos breves comentarios sobre las primeras diez historias del libro de Santiago Posteguillo: La sangre de los libros, editorial Planeta, 2014, 222 páginas, publicada simultáneamente en México y España. En esta segunda entrega nos referiremos a las siguientes diez historias.

Posteguillo, profesor titular en la Universitat Jaume I de Castellón, Castellón de la Plana, Comunidad Valenciana, España, incluye en la obra que reseñamos 30 historias cortas, donde se pone de relevancia que en muchas obras de la literatura universal, como se recoge en el prólogo, “hay misterios y enigmas y, con frecuencia, sangre: la sangre de los escritores esparcida de forma silenciosa por entre las líneas de sus libros. La buena literatura, agrega Posteguillo, “es la que está escrita…con sangre en las sienes, en las manos y en el alma”.

 

Intentaremos reseñar estas nuevas diez historias en el mismo orden en que están expuestas en el libro. Los títulos de los relatos en negrillas son de la obra, seguidos de otros que he agregado para orientar al lector, destacando el nombre del escritor y/o el principal asunto aludido en cada relato. En la segunda parte del artículo formularé algunos breves comentarios. Veamos.

 

Las historias

 

Demolición. Víctor Hugo: Nuestra Señora de París, en aras de la conservación del arte gótico

Posteguillo relata cómo desde septiembre de 1830 hasta febrero de 1831, Victor Hugo se encerró en su casa para escribir su primera gran novela, Nuestra Señora de París. Venía de escribir un artículo titulado: Guerre aux démolisseurs (Guerra a los demoledores), mediante el cual hizo un auténtico alegato contra la creciente costumbre de destruir todo tipo de edificaciones, religiosas o civiles, en la búsqueda de lo que calificaba una modernidad absurda, demoliendo sus vidrieras medievales multicolores propias de su arquitectura gótica, como en el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de París, para ser sustituídas por vidrios blancos en provecho de una mayor claridad interior. Dice Posteguillo, que a diferencia del referido artículo, que poco sirvió para crear conciencia en la gente, la novela fue bien recibida por la crítica y rápidamente se hizo popular. Hugo rompía con los moldes literarios tradicionales: situaba un edificio en el centro de la narración, un edificio que veía el paso del tiempo y de la historia a su alrededor, un lugar donde los personajes (…como el jorobado de Notre Dame…con esa historia de amor imposible….) entraban y salían con sus pasiones, sus alegrías y sus tormentos. Hugo, agrega Posteguillo, utiliza además como protagonistas a personajes mendigos y del inframundo urbano de una gran ciudad. Luego lo seguirían en ese retrato de los marginados autores como Balzac, Dickens o Flaubert, pero él fue de los que abrieron el camino. Y, por encima de todo, esta vez sí que se escucharon sus palabras, ….cuando describía….la grandeza de aquel edificio que parecía estar condenado a desaparecer, a ser demolido y rehecho…..La obra adquiría gran significación, dice Posteguillo, ya que el pintor renacentista Rafael calificó el arte gótico como arte bárbaro, de los godos: un arte que debía desterrarse. Para él había que retornar a los clásicos de Grecia y Roma y olvidar a la Edad Media.  Y así se pensó durante siglos; pero después de una descripción como la de Víctor Hugo, quién se atrevería ya a tocar una iglesia gótica para derribarla? Hay, finaliza Posteguillo, un antes y un después en la percepción del gótico por parte del pueblo francés, por parte de toda Europa, a partir de Nuestra Señora de París de Victor Hugo…….Desde aquella novela, el gótico volvió a ser aquel grandioso arte de crear pedazos de cielo en la tierra.

 

Los misterios de Eveline. La Eveline de Balzac y la Eveline de Joyce

En la primera parte de su relato, Posteguillo se refiere a Honoré de Balzac, gran amigo de Víctort Hugo, en lo que respecta al romance entre el primero y Eveline Hanska, la mujer con la que al final, luego de un largo cortejo en buena parte secreto y de corte adulterino, contrajo matrimonio y vivió unos meses antes de su muerte. Cuenta Posteguillo que Eveline Hanska era una noble polaca casada con un aristócrata del Imperio ruso veinte años mayor que ella. Eveline, gran lectora, se apasionó por las novelas de Balzac y le escribió una carta anónima. llegando a conocerse en Suiza, cuando todavía seguía casada, donde se juraron amor eterno; …Evelíne, además de culta, debió ser una mujer muy atractiva, ya que el músico Franz Liszt hizo todo lo posible por conquistarla, cuando estuvo en San Petersburgo, pero ella se mantuvo fiel a Balzac. En la segunda parte, Posteguillo también se refiere a otra Eveline, esta vez no a un personaje real, sino a uno imaginario creado por James Joyce en uno de sus relatos, al que le da ese mismo nombre, los cuales forman parte de la colección Dubliness de su autoría, donde éste muestra toda la fuerza del monólogo interior: esa forma de entrar en la mente de un personaje y narrar desde allí sus pensamientos, sus dudas, sus pasiones, técnica que también habría empleado Virginia Woolf.  En este cuento, Eveline duda: no sabe si quedarse en Irlanda con su padre, un padre maltratador, o escapar con un marinero hacia Buenos aires….., en un momento de sus reflexiones se acordará de las últimas palabras de su madre antes de morir: “Deveraum Seraun”, las cuales parecen estar escritas en gaélico y nadie ha averiguado aún lo que significan, pero influyen en su decisión final…. Como ven, concluye Posteguillo, cuando se trata de libros, el nombre de Eveline, ya sea en la realidad o en la ficción, va siempre asociado al misterio

 

Un duelo sangriento sobre la nieve blanca. La muerte de Alexander Pushkin

Esta narración de Posteguillo se relaciona con el duelo sostenido bajo una tormenta de nieve, en enero de 1837, entre Alexander Pushkin, famoso escritor ruso (autor de Boris Godunov y Eugenio Oneguin , entre otras obras), y Georges d’ Anthés, el official francés que lo había ofendido y había intentado seducir a su esposa Natalia en varias ocasiones, en publico y en privado. Dice Posteguillo que Pushkin había sobrevivido a veintinueve duelos, pero fue herido mortalmente por d’ Anthès, a consecuencia de lo cual falleció dos días después, luego de haber sido perdonado por el zar Nicolás I, ya que los duelos estaban prohibidos. En el lugar que cayó herido Pushkin se levantó un monumento en su recuerdo y si hace viento y se cierran los ojos, quizás aún puedan oirse los disparos…George d’ Anthès, agrega Posteguillo, fue encerrado en prisión pero al fin fue conmutada su pena y se lo desterró de Rusia. Regresó a Francia y entró a formar parte del partido realista, en el que ascendió sin parar hasta llegar a Senador…, viviría largo tiempo hasta 1895, cuando falleció en Soultz, Alsacia, en 1895. En la parte final, Posteguillo se refiere a una historia contada por Elías Canetti, premio Nobel en 1981, según la cual, un anciano francés le habría contado a Eschbach, presidente del tribunal del comercio de Estraburgo: “Hubo un tiempo en el que viví en Rusia. Allí mate a un hombre, pero no recuerdo como se llamaba. Y el anciano se alejó y su figura se perdió en medio de una tormenta de nieve blanca…”

 

Cartas rotas. La correspondencia de Charlotte Bronté a Costantin Héger, un amor no correspondido

Se refiere a Charlotte Brontë, autora, según Posteguillo, de “una de las mejores novelas de la literatura universal: Jane Eyre”  En el relato se recrea el amor platónico que mantuvo Brontë por largo tiempo hacia Costantin Héger, director de la academia que la había contratado para impartir clases de inglés en Bruselas, de quien se enamoró sola y perdidamente. Pero Héger, agrega Posteguillo, se mantuvo fiel a su esposa y, cuando la joven inglesa salió de Bruselas de regreso a su Inglaterra natal, él, pese a los ruegos y súplicas de la muchacha, le prohibió que le escribiera. Héger había detectado aquella pasión de la joven y no quería corresponder, o no podia. Pese a esta prohibición, Charlotte le escribía nuevas cartas en las que desparramaba sus sentimientos. Según dice Posteguillo, un día Héger cogió las cartas y las rompió en pedazos, pero fueron encontradas por su esposa Claire, quien pudo recomponer, una a una, todas esas cartas… Cuando nuestra protagonista falleció en 1855 y Elizabeth Gaskell decidió escribir una detallada biografía sobre la gran autora, la propia Claire le enseñó las cartas, pero dicha autora omitió referirse a ellas en la biografía que estaba escribiendo. Las cartas permanecieron mudas hasta 1913, cuando miembros de la familia Héger la enseñaron de nuevo y la prensa británica las publicó el 26 de Julio de ese año. A décir de Posteguillo, “Jane Eyre sufre en la ficción infinitamente, como Charlotte en la vida real, pero la autora fue mucho más justa y compasiva con su creación de lo que el destino había sido con ella misma…Era su particular venganza frente a un mundo cruel y despiadado que sólo le había dado sufrimiento”. El éxito acompañó la novela desde su publicación en 1847 y, en opinion de Posteguillo, la mejor adaptación de Jane Eyre al cine es la producción de Zeffirelli con William Hurt y una soprprendente actriz que, curiosamente, también se llama Charlotte: Charlotte Gainsbourg.

 

El primer <<CIS>>. La miserable muerte de Edgard Allan Poe, precursor de la investigación criminal después de Voltaire

Esta historia de Posteguillo se relaciona con la muerte de Edgar Allan Poe en un hospital de Baltimore, al día siguiente del  3 de octubre de 1849, fecha en la que fuese encontrado por Joseph Walker, tendido en un banco de un parque, en una pésima condición de salud hasta el punto de vomitar sangre, mientras repetía incesantemente el nombre: Reynolds. Señala Posteguillo, que las causas de la muerte del maestro del relato de suspenso y terror norteamericano quedaron sin determinar. Se le achacó al alcoholismo, a un terrible delirium tremens, a las drogas, a un ataque epiléptico o incluso a la rabia o la sífilis…., el caso permanece abierto, aunque, lamentable y misteriosamente, todos los archivos relacionados con el fallecimiento de Poe están destruidos….Y nadie sabe quien era ese Reynolds cuyo nombre repetía. Posteguillo también dedica algunas consideraciones sobre los antecedentes de las series televisimas CIS, donde los modernos detectives de ficción desentrañan los más complejos asesinatos y muertes. Muchos creen  que los antecesores de estas ficciones están en las obras de Agatha Christie o Conan Doyle…Pero, al decir de Posteguillo, hay un antecesor a todos ellos, un magnífico y brillante detective francés, C. Auguste Dupin, creado por el propio Edgar Allan Poe para investigar “Los asesinatos de la calle Morgue”. Aún más, puntualiza Posteguillo, el primer Holmes de la literatura no fue el Dupin de Poe sino el Zadig de Voltaire, la novella Zadig, en la que un ingenioso filósofo, que el escritor sitúa en la Babilonia del mundo antiguo, sorprende con sus portentosas dotes para leer en las huellas que quedan grabadas en la tierra, el misterio de acontecimientos ocuridos que para todos resultan inexplicables. Así sucedió con el episodio donde se narra la explicación que Zadig dió a unos eunucos que buscaban una perra de su majestad que se había perdido, sin haberla visto nunca en su vida….Posteguillo concluye: “Y ahí empieza una maravillosa novela. Un auténtico primer <<CIS>> en donde,…las técnicas de leer las huellas de las pisadas, que tan famoso harían a Sherlock Holmes, ya estaban perfectamente expuestas en un relato del siglo XVII”.

 

Agorafobia. Emily Dickinson: Poemas maravillosos creados en su habitación, a pesar de las faltas de ortografía
Posteguillo cuenta sobre la relación, principalmente epistolar, que mantuvieron la poetisa Emily Dickinson y el escritor Thomas Higginson. Éste, hombre de ideas avanzadas a su tiempo (estaba en contra de la esclavitud y creía firmemente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por ejemplo), con el fin de promover la creación literaria, escribió un artículo en la prensa de la época, concretamente en el Atlantic Monthly, donde daba consejos para los jóvenes escritores. Posteguillo indica que Higginson nunca imaginó que aquel artículo podría cambiar la historia de la literatura norteamericana. Pero así fue. Este artículo dió pie a una relación epistolar de él con Emily Dickinson, quien le envió en 1862 algunos de sus poemas para que le dijera sis su poesía estaba viva. Al leerlos encontró que Emily tenía una gran sensibilidad, hacía uso de un vocabulario notable y hasta tenía ingenio para generar curiosísimas imágenes poéticas y metáforas evocadoras, pero adolecía de fallas gramaticales, especialmente en el uso de los signos de puntuación. Higginson le respondió animándola a que siguiera enforzándose y rogándole que le enviara más poemas. También intentó aconsejarla en lo referente al uso de los signos de puntuación…Durante ocho años aquella autora desconocida fue enviando poemas a Higginson, y más cartas. La poesía mantenía aquella intensidad soprendente…pero la escritora no hacía el más mínimo esfuerzo por corregir los flagrantes errores de los signos de puntuacón. Posteguillo cuenta que en dos oportunidades Higginson se reunió personalmente con Dickinson, pero en la casa de esta última, ya que a ella no le gustaba salir fuera de ésta y se mantenía constantemente en su habitación casi siempre escribiendo. A pesar de que Higginson continuó insistiendo en persuadirla para que mejorara en los signos de puntuación, Dickinson continuó escribiendo sin hacer caso a esta recomendación, llegando a perder la vista.  A su temprana muerte, la poetisa dejó más de 1700 poemas en un arcón. Cuando se publicaron, Higginson corrigió la ortografía, pero fue duramente criticado. Hasta 1955 no se publicaron los poemas de Emily Dickinson tal y como ella los escribió. Posteguillo concluye dando gracias a Higginson por animar a Dickinson a seguir escribiendo y a Emily por mirarnos con tanto atención desde su ventana, diciéndole: “La agorafobia te impidió salir al mundo, pero tú supiste ver mejor que nadie, a las personas por dentro…perdiendo la vista…parecía que cada vez veías con más nitidez el alma compleja de la humanidad. Leer a Emily Dickinson es mirar muy dentro de uno mismo. A veces puede dar vertigo”.

 

El eclipse. La muerte de Gustavo Adolfo Bécquer

Posteguillo relata los últimos minutos en la vida de Gustavo Adolfo Bécquer, quien como era la tradición en aquellos tiempos, inmediatamente después de su muerte, fue objeto de un retrato realizado por su amigo, el pintor Casado del Alisal, autor de obras que se exhiben en el Museo del Prado, entre ellas, La rendición de Bailén. Prosigue Posteguillo diciendo, que mientras Casado Alisán hacía el retrato de Bécquer en su residencia de la calle Claudio Coello, Madrid, se produjo un eclipse de sol, a las 10:40 de la mañana del 22 de diciembre de 1870. A Casado de Alisal aquello le pareció bien y habría dicho: “Se va uno de los más grandes escritores de España y España no lo sabe, le da la espalda, pero el sol se oculta en señal de duelo. Allí arriba saben más de literatura que en todos los círculos literarios de este país de envidiosos”. Posteguillo menciona que con la colaboración de Ferrán y el resto de amigos impulsados por Casado de Alisal, las obras de Gustavo Adolfo Bécquer se publicaron. Igualmente, que dichas obras pronto fueron traducidas al alemán, al inglés, al francés o al ruso. La envidia nacional, como anticipó el pintor, también llegó pronto, pero Miguel de Unamuno habría puesto en su sitio a los que criticaban a Bécquer.  Posteguillo finaliza refiriendo como algo curioso, que el almirante Luis Carrero Blanco fue asesinado casi a la misma hora en que murió Gustavo Adolfo Bécquer, a las 9.36, en la misma calle de Claudio Coello, en el cruce con Juan Bravo aproximadamente. Lo llamativo es que Carrero Blanco salió aquella mañana (20 de diciembre de 1973, apuntamos) de su residencia de la calle Hermanos Bécquer…

 

Tusitala. Robert Louis Stevenson y su passion por el mar

Posteguillo cuenta que Tusitala es el nombre que los indígenas de Samoa dieron al escritor escocés, Robert Louis Stevenson, “el autor de la inolvidable La isla del Tesoro o la magnífica y enigmática El misterioso caso del doctor Jekyll y mister Hyde”. Stevenson escribió un volumen donde narra los conflictos de  Alemania, Inglaterra y Estados Unidos por el archipiélago de Samoa, mientras sus habitantes luchaban por su independencia, la cual tituló : “A Footnote to History: Years of Trouble in Samoa” (Una nota a pie de página de la historia: años de convulsiones en Samoa). En su obra, Stevenson, incluye una narración de cómo en marzo de 1899, varios barcos pertenecientes a los países arriba indicados naufragaron o estuvieron a punto de naufragar o terminaron varados en la playa, cuando las olas de un mar con grandes arrecifes de coral “adquirieron dimensiones dantescas”. A decir de Posteguillo, unos meses después, unos cuantos politicos se reunieron en Berlín dividiendo el archipiélago en dos, una partición que aún subsiste. Los alemanes rindieron finalmente el terrirorio que les correspondió en el reparto, y así unas islas quedaron como independientes mientras otras permanecían en mano de Estados Unidos). Según Posteguillo, algo de sustancia debió de decir Stevenson en aquel libro, pues los habitantes de Samoa le concedieron precisamente ese sobrenombre, Tusitala (el narrador de historias), y dejaron que el escritor escocés, tras su fallecimiento, descansara para siempre no en su Escocia natal ni en ningún lugar del Reino Unido, sino allí mismo, en Samoa, donde sigue aún su tumba, cerca del mar, ese mar del que tantas historias extrajo el señalado autor. Posteguillo finaliza haciendo referencia a un incidente que tuvo Stevenson con un reverendo presbiteriano de apellido Hyde, el mismo nombre que diera a uno de los personajes principales de su conocida obra arriba mencionada. Posteguillo comenta sobre este hecho y, entre otras posibilidades, se pregunta si se trata de una simple casualidad….

 

La biblioteca del Conde Drácula. Brian Stoker encuentra el nombre de Drácula

Posteguillo narra cómo Brian Stoker, el autor de la famosa obra sobre Drácula, llegó a titularla con este nombre, ya que originalmente al personaje lo llamaba “Wampyr” y el título que le había puesto era el de: The Undead. Primero, Posteguillo afirma que dicho personaje, sin duda alguna, está basado en la figura del historico y muy real Vlad Tepes. Fue éste un caballero de la casa Draculea y príncipe de Valaquia, una region de Rumania situada en la Transilvania…que luchó con valentía y tenacidad contra las invasiones provenientes del Imperio otomano. Valentía, dice Posteguillo, con desmedida crueldad, pues se hizo famoso por su sangrienta forma de empalar a todos los prisioneros de Guerra  (entre otras sutilezas sangrientas). El nombre Drácula, continua Posteguillo, lo tomó Stoker leyendo un libro en la bliblioteca de Whitby, Puerto marino al norte de York, Inglaterra, en 1890, cuando leía el libro: An Account of the Principalities of Wallachia and Moldavia (Una descripción de los principados de Valaquia y Moldavia), publicado en 1820 por William Wilkinson. Lo tomó de una nota al pié de página de ese libro donde Wilkinson menciona a un tal Drácula que luchó contra los turcos siglos atrás. Y en esa nota el autor del ensayo explica que el nombre: Drácula en la lengua de Valaquia quiere decir “el demonio”. En uno de los párrafos finales, Posteguillo dice que si “uno quiere viajar y conocer a Drácula tiene que ir a Rumania –esa Rumania que Stoker no visitó en persona–, pero también a la pequeña localidad de Whitby. Sólo así el viaje es completo”

 

Literatura más allá de la muerte. D.H. Lawrence y la novela que escandalizó a los ingleses

Posteguillo se refiere a los dramáticos momentos vividos por David Herbert Lawrence (D.H. Lawrence), a principios del siglo XX en Inglaterra, mientras atendía a su madre gravemente enferma de cancer y escribía la novela que lo consagró: Hijos y amantes. Posteguillo narra cómo Lawrence, luego de que su madre asintiera, habría aplicado una sobredosis de morfina que la llevarían a la muerte. Se trataba, de la persona que Lawrence más quería en el mundo, la única mujer a la que había querido de todas las formas posibles. Ha habido encuentros y desencuentros con otras mujeres, pero es su único gran amor hasta la fecha. Con posterioridad a la muerte de su madre, agrega Posteguillo, le faltan fuerzas a Lawrence para continuar escribiendo. Pero lo hará. Porque hay literatura más allá de la muerte. Porque se lo debía a su madre, a sí mismo…Cuando consigue, al fin, publicar la novela…toda Inglaterra se esremece, se escandaliza, abomina de él. Quién es ese loco? Inglaterra no es así; no existe esa violencia en las familias, ni esa represión en el sexo. El sexo que describe está descontrolado, es obsesivo, pecaminoso….hace temblar los cómodos cimientos de la novela inglesa….Según Posteguillo, “aún siguen escandalizados en el Reino Unido, y todo porque Lawrence hablaba con naturalidad de los amores extraños e inconfesables, esos que ocultamos siempre: los amores incestuosos, los amores infieles, los amores que no podemos controlar”. Posteguillo finaliza diciendo que Hijos y amantes fue incluida por la Modern Library entre las diez mejores novelas de la historia. Pero tuvimos que esperar hasta la edición de 1992 de Cambridge University Press (editorial Debolsillo en España) para tener el original de D.H. Lawrence completo. Sin recortes…

 

Algunos breves comentarios

  • Viejas y nuevas construcciones – El afán de Víctor Hugo para conservar el arte gótico y, en particular, la majestuosa iglesia de Nuestra Señora de París, no deja de causarnos admiración. En las contadas ocasiones que he tenido la grata ocasión de visitarla, sobrecogido por las colosales dimensiones que ella ocupa, he sentido la necesidad de acercarme a Dios mediante la oración que reconforta y estimula el espíritu. Mientras leía la historia de Posteguillo, pensé en cómo las construcciones del periodo colonial se han destruído en buena parte de los países latinoamericanos, para dar paso a las nuevas edificaciones con las que se ha remediado el creciente proceso de urbanización. Pese a todo, algunas construcciones coloniales todavía están en pie y siento que haría falta un proceso más activo para velar por su conservación como patrimonio histórico. Ahora que algunas ciudades se acercan a los 500 años de fundadas por los españoles, en el caso de Venezuela recuerdo, por ejemplo, a Cumaná (1521) y Coro (1527), quizás es buen momento para redoblar el esfuerzo enaltecedor de la memoria histórica representada por las construcciones que todavía subsisten.

 

  • Dónde está el misterio de Eveline? – Confieso que no encuentro mayores misterios en las historias que Posteguillo dedica a la Eveline de Balzac y a la Eveline de Joyce. La primera es una infeliz mujer casada que se enamora del escritor a través de sus novelas, dispuesta a serle infiel a su marido con tal de vivir su romance con aquél. La segunda, basa una decision fundamental para definir su vida, en la influencia de la madre y las palabras que le dejara en gaélico a su muerte, decisión que al final de la historia no sabemos cuál es, al menos en la versión de Posteguillo. Sinembargo, tiendo a pensar que si Joyce omite decirnos lo qué significa “Deveraum Seraun” y cuál es la decision de Eveline, no es para crear un misterio, sino porque en su escritura lo trascendente es el razonamiento interno del personaje y no sus acciones externas.

 

  • El olvido de d’ Anthés – Por supuesto que me conmovió la triste muerte de Pushkin, luego del duelo sostenido con d’ Anthés, y que tampoco dejó de impresionarme conocer que el primero había salido ileso en sus veintinueve duelos anteriores (espero que no todos por ofensas relacionadas con Natalia…). Igualmente, me llamó mucho la atención, la anécdota contada por Canetti sobre su encuentro con d’ Anthés ya viejo, cuando éste no recordaba el nombre de Pushkin. Pensé, entonces, en los terrible estragos del Alzhéimer en nuestra época y las esperanzas cifradas en las noticias circuladas ultimamente, las cuales apuntan hacia el logro de medicinas que pueden detener el envejecimiento y decaimiento del cerebro humano, en un futuro no muy lejano. Hago votos a Dios porque así sea…
  • Amores imposibles – La historia de Charlotte Brontté no dejó de interesarme, por el carácter persistente de la novelista en lograr ser correspondida en su amor por Héger, pero mucho más lo hizo la actitud que tomó Gaskell al omitir toda referencia a las mismas en la biografía que escribió sobre la famosa autora inglesa. Cómo comprender la vida de Bronté y su obra sin conocer la pasión amorosa y empeño representados en estas cartas? Yo agregaría, como nota personal, que el conocimiento de estas cartas me ha aconsejado volver a ver a Jane Eyre en la version de Zeffirelli.

 

  • Y la investigación preventiva? – Cuando veo el entusiasmo de Posteguillo por las servicios de investigación criminal (Criminal Investigative Services: CIS), usados por las policias en su lucha represiva contra el crimen ya cometido, no dejo de sentir admiración por la utilidad e importancia de tales servicios en las modernas ciudades. Sinembargo, pienso también que todavía hay mucho por hacer en la labor preventiva del crimen, para lo cual sería preciso crear unidades especiales, esta vez encaminadas a detectar con antelación fenómenos criminales de importancia en nuestras sociedades en la hora presente, como lo son el terrorismo politico o religioso, así como la actuación, por diversos motivos, de francotiradores en escuelas, iglesias, centros comerciales y otros sitios públicos.

 

  • Entre la sustancia y la forma – Ante la negativa reiterada de Emily Dickinson, a hacer caso a las recomendaciones de Higginson sobre el uso de la ortografía en la redacción de sus poemas, uno no puede dejar de ver un claro ejemplo de cómo, al final, lo importante es la sustancia del sentimiento, la idea o la imagen que se desea expresar en la obra literaria. Si a ver vamos, en el inglés, que es el idioma original de los poema de Dickinson, lo que predominan son convenciones más o menos aceptadas por el uso y, en el español, donde la lengua cuenta con una Real Academia para unformar su empleo, las reglas cambian cada cierto tiempo. Así es que, si usted posee inspiración y le gusta escribir, persista en este empeño, sin que el temor a equivocarse en las formas ortográficas le impida exteriorizar en el papel, lo que inquieta a su espíritu creativo…

 

  • La envidia de los escritores – Leyendo la historia sobre la muerte de Bécquer, me he preguntado sobre la razón que tuvo Posteguillo para recoger con tanta relevancia, la referencia que hace el pintor Casado de Alisal, al carácter envidioso que abundaría entre los literatos españoles, así como la relacionada defensa que de Bécquer hace Unamuno. Realmente, resulta difícil saberlo, pero una explicación que uno podría conjeturar es que el mismo Posteguillo se siente victima de ese mismo virus de la envidia, dado el éxito editorial que ha logrado con sus libros.

 

  • Causalidad o casualidad? – En algunas historias, Posteguillo destaca ciertos elementos que parecen estar ligados a casos curiosos. Ësto sucede, por ejemplo, en la misma historia sobre la muerte de Bécquer comentada anteriormente, en la cual Posteguillo alude a la muerte de Carrero Blanco años más tarde, en la misma hora y calle que murió dicho escritor. Lo mismo sucede en la historia que se relaciona con Stevenson (Tusitala), con el incidente que éste tiene con un presbítero de apellido Hyde, un nombre que es altamente significativo en su novela “El misterioso caso del doctor Jekyll y mister Hyde”, escrita años antes de tal incidente. En mi opinion, se trata de simples casualidades, producto de variadas circunstancias, que no envuelven vinculaciones directas y necesarias con los hechos principales con los cuales se pretende encontrar una relación de causa a efecto. Lo demás es buscarle 5 patas al gato…

 

  • Una biblioteca salvadora – Luego de leer la historia de Posteguillo sobre Stocker y la forma en que éste consiguió en una biblioteca inglesa el endemoniado nombre de Drácula, con el cual potenció el éxito para su novela, provoca proferir alabanzas al eficiente sistema de bibliotecas que funciona en Inglaterra y Estados Unidos. Ésta es una materia en que ambos países pueden aportar una rica y variada experiencia a los países latinoamericanos, tan necesaria para contribuir a superar el atraso cultural predominante en la region.

 

  • La sombra del complejo de Edipo – Lo que en esencia describe Posteguillo en su historia sobre Lawrence y las relaciones con su madre, autobiografiadas en su famosa novela Hijos y Amantes, parece transcurrir bajo la sombra del complejo de Edipo estudiado por Freud, con base en la mitología griega y la obra de Sófocles Edipo Rey (429 a.C). Al parecer, a Lawrence le preocupaba el complejo de Edipo y cómo el amor hacia la madre podría obstaculizar al hombre tener relaciones satisfactorias con otras mujeres en la edad adulta, problema que en su opinion existía entre muchos jóvenes ingleses. La airada reacción de la sociedad inglesa ante la indicada novela en 1913 podría explicarse por la falta de familiaridad con el tema, mezclada con mojigatería provocada por el lenguaje sexual crudo y directo empleado por Lawrence. Ahora, que todavía los ingleses sigan escalandizándose sí parece resultar algo exagerado.

 

En pocas palabras, “La sangre de los libros”, obra de Santiago Posteguillo, cuya lectura no dudamos en recomendar. En la tercera entrega comentaremos las diez últimas historias. Veremos…






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