Artes

septiembre 2, 2014

Fin de semana en París – Javier J. Jaspe

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Written by: analisislibre
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En pocas palabras. Javier J. Jaspe

Washington D.C. / analisislibre.org

Debo comenzar con una aclaratoria. Este artículo no trata sobre un fin de semana pasado por el autor en la Ciudad Luz, que más quisiera, sino sobre una película (Le Week-End, 2014) dirigida por Roger Michell y escrita por Hanif Kureishi, disfrutada hace unos días en sala privada casera, gracias a Netflix. La película reúne a una comparsa estelar de actores, incluidos Jim Broadbent (Nick), Lindsay Duncan (Meg), Jeff Goldblum (Morgan), Judith Davis (Eve) y Olly Alexander (Michael).

Roger Michell viene de dirigir películas como Notting Hill (1999, Julia Roberts y Hugh Grant), Enduring Love (2004, Daniel Craig y Samantha Morton), con guión escrito por el mismo Michell para adaptar una novela de Ian McEwan, y más recientemente una sobre Franklin Delano Roosevelt (2012, Hudson in the Park, Bill Murray y Laura Linney). Por su parte, Hanif Kureishi es un prolífico autor de obras llevadas al cine, tales como: My Beautiful Laundrette (1986, Saeed Jaffrey y Daniel Day-Lewis), cuyo guión recibió una nominación al Oscar, The Buddha of Suburbia (1993, Naveen Andrews y David Bamber), con guión escrito por Kureishi para adaptar su novela ganadora del Whitbread Award 1990, e Intimacy (2001, Mark Rylance y Kelly Fox), película ganadora de tres premios en el Festival Internacional de Berlin, basada en una novela de Kureishi.

 

Roger-Nichell

El argumento de Le Week-End lo pinta Netflix en una forma que, francamente, en opinión de este simple aficionado al cine, no hace honor a la riqueza de situaciones que mueven a la reflexión, a medida que transcurre la película: Una pareja de ingleses (Nick y Meg) regresan a París, donde celebraron su luna de miel y esperan redescubrir los maravillosos momentos pasados juntos en aquél entonces. Allí reencuentran a un viejo amigo (Morgan), cuyas perspectivas en el amor y el matrimonio les ayuda a recobrar lo que ellos habían perdido en estos aspectos. En los párrafos que siguen agregamos unos breves comentarios sobre varios de los temas y reflexiones que nos sugiere el fin de semana pasado en París por Nick and Meg, según lo  recoge Le Week-End  gracias a la maestría de Michell y Kureishi y las brillantes actuaciones de los actores ya mencionados..

París y las relaciones humanas traídas a escena

París como transfondo – De entrada es bueno aclarar que París tiene en esta película un papel menos protagónico que el que le han asignado en otras, como es el caso de Mignight in Paris, dirigida por Woody Allen (2011, Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Coutillard), donde se recrea a la ciudad en varias de las facetas que históricamente han servido para alimentar la merecida fama de que disfruta. En Le Week-End, París sirve más bien como un gran marco para plasmar las diversas escenas de las venturas y desventuras de Nick y Meg en su reencuentro con una ciudad donde disfrutaron de su luna de miel, luego de transcurridos treinta años de vida en pareja. Las escenas que muestran la ciudad lo hacen de manera panorámica desde la perspectiva que brindan sitios conocidos como la colina donde se encuentra la Basílica del Sagrado Corazón (Sacré-Coeur) o el balcón de uno de los edificios donde transcurre la trama. Así mismo, algunos otros sitios famosos de la ciudad, como Montmartre, Pigalle o Champs Élysées, generalmente se muestran de manera fugaz, como para brindar un contexto, por ejemplo, al recorrido de los taxis, a las caminatas de la pareja, o a los hoteles donde ésta se alberga.

 

La relación de pareja como tema principal – Decir que la relación de pareja es el tema principal de Le Week-End puede parecer una perogrullada. Lo queremos destacar porque la película no sólo trata de las relaciones de la pareja formada por Nick y Meg sino también, aunque en mucha menor medida, por la que constituyen Morgan y Eve. Es más, hay otra relación, la que formaban Morgan y su primera esposa, ahora disuelta por divorcio, que también aparece dibujada en sus efectos sobre el hijo del matrimonio, Michael, en la lastimosa conversación celebrada por éste con Nick, en una de las escenas durante la fiesta que dan Morgan y Eve para celebrar la publicación del último libro de Morgan. Con la excepción de Eve, los personajes principales de las relaciones de pareja descritas en Le Week-End, representan prototipos de la generación llamada baby boomer, formada por personas nacidas durante los primeros años posteriores a la segunda guerra mundial del siglo pasado, y para algunos autores con anterioridad al año 1964.

 

Las relaciones de las parejas con sus hijos – El hecho de que Le Week-End contenga escenas atinentes a las relaciones de las parejas con sus hijos mueve a la idea de que Michell y Kureishi parecen compartir la visión, según la cual, tales relaciones dan lugar a consecuencias que se reflejan significativamente, a su vez, en las propias relaciones de las parejas. Este aspecto adquiere una relevancia particular en las parejas de la generación baby boomer, sobre todo a la nacida en la segunda parte de los cuarenta y durante los años cincuenta del siglo pasado, la cual, por lo general, debió vivir una niñez sometida al ambiente de austeridad que vino con la necesidad de estimular el ahorro para lograr la recuperación económica, a raíz de los daños sufridos por los países en pugna durante la segunda guerra mundial. Con la superación de los problemas y el logro de niveles constantes de crecimiento economico y desarrollo tecnológico, los miembros de esta misma generación, cuando les tocó procrear y criar sus hijos, trató de brindar a éstos un ambiente de abundancia y complacencia que guardara contraste con las privaciones sufridas por ellos durante su niñez.

 

Las relaciones de amistad – Finalmente, en el marco de las relaciones descritas en Le Week-End, un conjunto nada despreciable de referencias dedicadas a la amistad, especialmente las formada por Nick y Morgan durante sus años universitarios en Cambridge, o la que existió entre Nick y Meg como preámbulo a lo que devendría en la consolidación de un compromiso formal al contraer su matrimonio. Las alusiones a la amistad aparecen principalmente en los diálogos entre estos personajes, quienes formando parte de  la generación baby boomer participaron en manifestaciones contestatarias o desafiantes del status quo religioso, politico o social, como fue el caso de las que protagonizara el movimiento hippie (o hippy) de la segunda parte de los sesenta y primera parte de los setenta del siglo pasado. En otras palabras, buena parte de los mismos niños que vivieron en un ambiente de austeridad, luego convertidos en jóvenes adolescentes o en la primera etapa de sus veinte años, se liberaron de ataduras convencionales en materia religiosa, política, sexual o social, viviendo en comunas o participando en festivales donde, entre otras actividades y según el caso, consumían drogas y licores, vestían con ropa de vivos colores y/o se desprendían de ellas con facilidad, danzaban, componían, tocaban y/o escuchaban música alusiva a su conducta, rendían culto a deidades o religiones provenientes de la cultura oriental, intercambiaban parejas y efectuaban otras prácticas fuera de las convenciones sexuales, compartían bienes materiales, promovían acciones políticas de izquierda o anárquicas por la paz y en contra de la guerra, o para desafiar el gobierno de turno, y/o actuaban con absoluta despreocupación por lo que pudiera depararles el futuro.

 

La acción y la trama

Los tiempos idos no vuelven, pero los nuevos pueden ser mejores con un poco de suerte y más dinero – La película pone ésto en evidencia cuando Nick y Meg llegan al mismo hotel de Montmartre donde habían estado durante su luna de miel. El desencanto de Meg resultaba patético: Esta vez, subir las escaleras con las maletas le agobiaba, la habitación le parecía demasiado pequeña y el color pastel de las paredes contrastaban con los más vivos de hace treinta años. A pesar de que Nick hacía diligencias con el gerente para obtener una mejor habitación, una disgustada Meg optó por tomar sus maletas, seguida por Nick a regañadientes, para tomar un taxi hacia un hotel lujoso en Champ Elysées. Aquí, sin reservación y luego de un gran esfuerzo con la recepción les ofrecieron una espaciosa suite, donde una vez se habia hospedado el mismo Tonny Blair… Así es que, si alguna vez va a París a celebrar recordando su luna de miel, no escatime en gastos, haga de una vez una reservación en un hotel mejor a aquél donde se hospedó con su pareja en aquél entonces y evítese los inconvenientes y gastos de taxi del traslado…

 

Nos vamos como vinimos, pero algo queda de quienes se esfuerzan en realizar aportes a la humanidad – La película contiene una singular escena que nos recuerda nuestra inevitable finitud, sobre la visita que hacen Nick y Meg al Cementerio de París, donde reposan los restos mortales de varios de sus autores preferidos. Coincidiendo o no con los mencionados por la pareja, mientras miraba esta escena recordé algunos nombres de autores como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Rimbaud,Victor Hugo, André Gide y André Maurois, entre otros, quienes a su partida nos dejaron obras que enriquecieron grandemente el acervo intelectual del mundo. Me detuve un poquito más en Victor Hugo por la película basada en su gigantesca novela: Los Miserables, y para recordar una de las estrofas de su poema a Napoleón Segundo, dedicada a la futilidad de la ambición que nos mueve a los humanos para lograr de manera efímera Fama, Gloria, Victoria y/o Fortuna:

“L’avenir ! l’avenir ! mystère !

Toutes les choses de la terre,

Gloire, fortune militaire,

Couronne éclatante des rois,

Victoire aux ailes embrasées,

Ambitions réalisées,

Ne sont jamais sur nous posées

Que comme l’oiseau sur nos toits !”

 

No todo lo que alguna vez parecíamos se llega a materializar en la vida – La relación de amistad entre Nick y Morgan constituye uno de los principales temas de la película. Una amistad que se remontaba a sus años juveniles, cuando ambos cursaban estudios en la Universidad de Cambridge y alimentaban la esperanza por el éxito en los años profesionales por venir. Años en que Morgan, proveniente de Estados Unidos, adoptó a Nick como modelo y éste le proporcionó lecturas y consejos útiles para alimentar su reflexión intelectual, mientras daban rienda suelta al sarampión izquierdista o vivían alguna que otra experiencia hippie, libando cerveza en los bares de aquella ciudad o en las juergas juveniles. El reencuentro entre Nick y Morgan durante el fin de semana en París del primero, luego de más de treinta años, sirve para rememorar los momentos pasados juntos, pero también para confrontar lo que habían sido y ahora eran sus vidas desde aquél entonces. Morgan había devenido en un profesor y escritor exitoso, mientras contra todo pronóstico de éste, Nick, a quien el primero seguía admirando y dando por descontado su éxito profesional, todavía aspiraba a escribir la primera gran novela sobre su generación en Cambridge, había sido despedido recientemente de su puesto de profesor en un instituto mediocre, se encontraba sin ahorros y continuaba viviendo la fantasia en una lucha que él atribuía a la defensa de la verdad, alimentada en la Universidad en sus tiempos de izquierdista hippie y anarcoide. En fin, manifestaciones de que en el camino de sus respectivas vidas, la madurez intelectual había estado del lado del alumno, Morgan, mientras el modelo, Nick, vivía los sinsabores del fracaso.  Las escenas del reencuentro, así como las de la fiesta en casa de Morgan para celebrar su última libro, incluidas las del diálogo de éste con Nick, la conversación de éste con Michael, la de Meg con Jean Pierre y, sobre todo, los discursos/brindis pronunciados por Eve, Morgan, Nick y Meg, en ese mismo orden, constituyen, para mi gusto, parte esencial de las mejores escenas de la película de Michell y Kureishi.

 

No todo está perdido, pero hay que hay empezar por reconocer que estás jodido y tus expectativas deben ser realistas – Como dijimos, Nick todavía espera escribir su gran novela y durante su discurso/brindis en casa de Morgan confiesa que se encuentra jodido. Por su parte, Meg confiesa querer retirarse del trabajo para vivir un nuevo comienzo, aprender italiano, tocar el piano y bailar el tango, lo cual interpreta Nick como un deseo de poner fin a su relación. Ambas expectativas se encuentran fuera de contexto, pues si aspiran a continuar juntos y sin ahorros como se encuentran, Nick debe tratar de conseguir un nuevo trabajo y Meg continuar con el suyo. La película nos muestra estas contradicciones, en un mundo donde las expectativas están ligadas a las diferentes perspectivas que hombres y mujeres tienen frente a la vida, las cuales interpretamos dirigidas a estimular las reflexiones en el auditorio.

 

Toda relación de pareja tiene su costo – Aunque la mayor cantidad de escenas las ocupa la relación de Meg y Nick, de alguna manera la película contrapone dos tipos principales de pareja: La pareja de Meg y Nick, mantenida en su relación por treinta años, y la de Morgan con Eve, prácticamente recién casados, luego del divorcio de Morgan con su primera esposa. Mientras la primera trata de sobrevivir a sus desencuentros y frustraciones, bien sea por falta de interés en las relaciones sexuales, las expectativas de vida no realizadas y/o la inmadurez de los hijos, la segunda, aparentemente robusta, no deja de recibir los efectos de las dudas y sentimientos de culpa de Morgan, de su carácter dominante e hiperactivo, la inseguridad e inexperiencia de Eve y/o el pasivo que representa Michael, el hijo de Morgan, en sus devaneos con el alcohol y las drogas. La película no da respuesta explícita sobre su preferencia por estos dos tipos de relaciones y la deja al propio juicio del espectador. Personalmente, pienso que en algunas escenas la película parece otorgar mayores ventajas a la relación de Morgan y Eve, pero al final se inclina por la idea de que todavía hay esperanzas de que Meg y Nick podrían haber encontrado durante su corta estancia en París, una vía de mantener sus relaciones de manera venturosa por un tiempo mayor a su regreso a Inglaterra…

 

Algunas enseñanzas para enfrentar debilidades y fortalezas en las relaciones de pareja – Me referiré brevemente a varios de estos aspectos según interpreto aparecen en la película:

(i)                 Los hijos – Meg y Nick invirtieron todos sus ahorros para comprarle una casa a Jack, su hijo, para que viviera con su esposa e hijo; Jack se queja de que la casa está llena de ratas y pide a sus padres que le permitan regresar a vivir con ellos; a Nick le gustaría acceder y Meg se niega, lo cual, al final el primero apoya. Aquí respaldamos la posición de Meg, pues haber gastado sus ahorros ya constituye un grave error de sobreprotección, pero readmitir a Jack, quien no trabaja y se pasa el día viendo television y fumando marihuana, de nuevo en la casa, ya pasaría a constituir un acto de suicidio de la relación de pareja. Por su parte, Morgan no escatima esfuerzos para traerse de Estados Unidos a Michael, su hijo, a vivir con él en París, donde reside con Eve; ésto, como bien lo interpreta Michael, a quien la película presenta encerrado en su cuarto consumiendo bebidas alcohólicas y drogas, pasa por ser una consecuencia del sentimiento de culpa de Morgan, por haberse divorciado de la mamá de Michael, quien trató de quitarse la vida a raíz del divorcio. La presencia prácticamente obligada de Michael en el apartamento de Morgan en París, no dejará de repercutir negativamente en la relación de éste con Eve. En conclusion, las parejas deben dejar crecer los hijos, cuidar sus ahorros y controlar los sentimientos de culpa.

 

(ii)               El sexo – Una de las mayores debilidades de la relación de Meg y Nick parece encontrarse en el decaimiento de sus relaciones sexuales. La película contiene repetidas escenas en las cuales se reflejan los vanos intentos de Nick por acostarse con Meg y las reiteradas negativas a hacerlo por parte de ésta, cuando no dibuja estas escenas a través de actos que describen una especie de relación sado-masoquista de la pareja. Por ejemplo, reclamos reiterados de Nick ante las negativas de Meg o exigencias para que ésta muestre sus senos en señal de castigo, o invitaciones para excitarse pretendiendo que son otras personas; o provocaciones de Meg a Nick, mostrándose en ropa íntima, con zapatos de tacón bien alto, o a través de actitudes eróticas aparentemente prometedoras de un desenlace sexualmente más intenso, pero que siempre son seguidas de negativas a consumar el cóito. Este es un tema que aparece reiterado en la película, y que puede ser común en parejas que han permanecido juntas por muchos años, bien por los efectos de la rutina, los altibajos hormonales y/o el desencanto producido por la desmejora que viene aparejada con el envejecimiento. En este contexto, y dado que el sexo representa un elemento central en toda relación de pareja, el juego interactivo de Meg y Nick como se describe en la película, visto más bien en sentido positivo, podría, mutatis mutandis, servir de estímulo para idear soluciones a parejas que efectivamente deseen provocar una atmósfera favorable a la consumación de sus relaciones sexuales.   

 

(iii)             Confianza y más confianza – Una de las principales bases de una relación de pareja sólida es la confianza. En la película la relación de Meg y Nick se resquebraja notablemente cuando este último acusa a Meg de infidelidad con Melik, un joven que la ayuda en materia computacional, a raíz de lo cual, Meg revierte recordándole a Nick sus pasados devaneos con una de sus estudiantes. Además de que se siente frustrada, dada su inquebrantable fidelidad a  Nick, por la falsedad de su acusación, Meg se ve proclive a aceptar la invitación de Jean Pierre para irse a tomar una copa en un bar, después de finalizada la fiesta de Morgan, de lo cual al final desiste. Así es que, si no hay evidencias claras de infidelidad, lo mejor es mantener la confianza plena en la pareja, ante la posibilidad de causar daños con acusaciones infundadas a la relación que pueden ser irreparables o al menos inolvidables…

 

(iv)             El amor, principio y fin de todo – Viendo la película me preguntaba si todavía había amor entre Meg y Nick, elemento sine qua non para mantener su relación de pareja, a pesar de la antes aludida manifestación de desconfianza. En mi parecer, la película incluye secuencias que conducen a dar una respuesta positiva. A ello contribuye la franca comunicación que existía entre los dos, aún cuando a veces se ve matizada por alguno que otro tratamiento desconsiderado que refleja falta de tolerancia o aceptación, factores también importantes en la relación de pareja. Por ejemplo, Meg llama idiota a Nick en varias ocasiones y le señala su falta de coraje para enfrentar situaciones o escribir su cacareada gran novela; Nick le reclama a Meg el mostrarse fría frente a sus requerimientos amorosos, a pesar de su aspecto sensual y todavía bastante apetitoso…Mis principales dudas no eran si Nick amaba a Meg, lo que me parecía obvio, sino si detrás del desdén de Meg hacia él había desamor. Luego de ver las escenas donde Meg buscó a Nick ansiósamente en el hotel al despertar y lo besó con ternura al encontrarlo em el balcón y percartarse que éste no la había abandonado, o cuando ella le confesó lo bien que la había hecho sentir su pequeño gesto de besarla en el cuello, o mientras huían como dos adolescentes luego de irse sin pagar en el restaurante o correteaban en el hotel, o cuando Morgan los encontró besándose apasionadamente en plena vía pública y, sobre todo, al escuchar el bello discurso de Meg en respuesta al super impactante de Nick, durante la cena en casa de Morgan, no podía quedar dudas de que ella todavía amaba entrañablemente a Nick a pesar de todos sus defectos, o de los desencuentros e insatisfacciones que ella pudiera haber experimentado en sus largos años juntos.

 

Un final de película

Ciertamente de manera literal, ya que la última escena recrea los momentos vividos por Meg y Nick, luego que los botaran del hotel por no pagar la cuenta, y se van a un bar a esperar a Morgan mientras toman una copa de vino. Una vez que éste llega y les ofrece su ayuda para salir del problema, los tres se relajan bailando The Madison, música, ritmo y danza que popularizara Jean Luic Godard en su película: Band of Outsiders (1964, Anna Karina, Claude Brasseur, Sami Frey), también filmada en París, sobre las relaciones entre los jóvenes franceses de la época. Un baile bastante pegajoso que posiblemente volverá a ponerse de moda, luego del éxito de Le Week-End, si como auguramos obtiene el reconocimiento que merecen Michell, Kureishi y los actores que en ella trabajan, durante la próxima entrega de los Oscars y los Golden Globes.

En pocas palabras, Le Week-End una singular película que ampliamente recomendamos ver, sobre la cual incluimos algunos comentarios en los párrafos que anteceden, a la par que le auguramos el mejor de los éxitos durante la próxima entrega de los Oscars y los Golden Globes. Veremos…. 






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