America Latina

octubre 17, 2012

Gustavo Coronel: El país que no va pál baile, reflexiones politicamente incorrectas

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Written by: analisislibre

por Gustavo Coronel

Antes de decir lo que deseo decir debo comenzar con una revelación (“disclosure”). Lo hago porque estoy en condiciones ideales para hacerlo, no porque sea particularmente valiente. Tengo casi 80 años, vivo fuera de Venezuela, no tengo bienes materiales que perder, ni en mi país ni en el exterior, no dependo del gobierno ni de nadie, excepto de la solidaridad de mi propia familia inmediata, toda la cual vive cerca de mí, no tengo ambición alguna de figuración politica. Soy, por lo tanto, libre como el viento (en realidad, siempre lo he sido). En estas condiciones es fácil para mí decir exactamente lo que pienso. Lo hago porque lo considero mi deber ciudadano.

Hay tanto miedo de hablar con entera libertad sobre lo que está pasando en Venezuela y sobre lo que hay que hacer! Hasta los mejores aplican a sus palabras una dosis significativa de cautela, de cuidado por lo que dicen y como lo dicen, a fin de no aparecer como parias en la sociedad venezolana o herir susceptibilidades. Entre nosotros mismos, quienes adversamos la satrapía de Hugo Chávez, existe una cierta auto-censura impuesta por los mitos y dogmas que el mundo politico venezolano ha ido arrastrando y consolidando por muchos años y que se han exacerbado bajo Chávez. Será que creen realmente que esta es la manera de actuar? Eso sería aun más trágico.
A que me refiero? Daré unos ejemplos:
1. Uno de los dogmas más dañinos en Venezuela es ese de que el Estado debe tener el control y la propiedad total de las industrias básicas. Esta es una estupidez que casi nadie en posición de influír sobre la opinión nacional se atreve a denunciar. Lo básico ha llegado a ser casi todo: el petróleo, Guayana, la electricidad, la agricultura, la cría de cochinos. Por ejemplo, hay miedo de decir que PDVSA es irrecuperable. Que hay que botar a miles de reposeros. Que la gerencia en pleno debe irse por inepta y corrupta, porque aun quienes no han robado han permanecido en silencio frente al robo. Hay miedo de decir que la CVG tiene que ser “fumigada”, su gerencia profesionalizada y parte de sus empresas vendidas al sector privado. Desde tiempo inmemorial oigo la cantinela que para manejar a la CVG hay que ser guayanés. Que estupidez es esa? Mientras sigamos cargando estas hipócritas banderas estatificantes y parroquiales el país seguirá en en el foso.
2. Millones de venezolanos desconfían del sistema electoral que ha armado el sátrapa pero seguimos votando sin exigir, de una vez por todas, una auditoria imparcial de ese mamotreto. Los representantes autorizados de la oposición declaran que no hay fraude pero si hay ventajismo, como si una cosa no fuera igual a la otra en su capacidad de hacer al régimen inexpugnable. Una publicación de Brasil, O Globo, exhibe un video en el cual parecen unos pobres votantes ejerciendo su voto con un “coach” chavista al lado. Pero nadie en Venezuela se ha preocupado por eso, algo que en cualquier país digno hubiese sido causal de impugnación. Y por qué sucede esto? Porque estamos empantanados entre el deseo de votar, así sea bajo las reglas del sátrapa y la obligación que tenemos como ciudadanos de insurgir contra estas marramucias. La inerci social nos lleva a jugar el juego de los hampones del chavismo, que son criminales muy astutos y tienen la asesoría cubana.
3. Personalidades apreciadas en nuestro mundo políitico siguen hablando de la necesidad del diálogo y de la reconciliación (ver mi post sobre lo que dice Eduardo Fernández). No, mil veces no. No es posible sentarse a dialogar con José Vicente Rangel y su pandilla de hampones. Hasta cuando andar de guantes blancos entre las hienas? Como reconciliarnos con un régimen que ha humillado, insultado y atropellado sistematicamente, por 14 años, a la mitad de la sociedad venezolana? Co-existir pacificamente con estas pandillas sería como echarle miel a la mierda.
4. Seguimos aceptando pasivamente que el sátrapa engañe a los pobres, al guardar esencial silencio frente a sus aseveraciones demagógicas. Para tener la mitad del país con nosotros no hacemos ningun ruido. Que hace nuestra gente en la Asamblea Nacional que no exige un conteo físico de casas efectivamente existentes y entregadas, que no reta publicamente a estos hampones a probar sus falsedades? Hay que utilizer la denuncia de manera masiva, no solo dentro sino también fuera del país.
5. La sociedad civil contempla, paralizada por la inacción, como el descarado y corrupto Jorge Giordani va a la Asamblea Nacional, año tras año, a decir que el precio promedio del barril de petróleo para fines del Presupuesto será de $40 el barril cuando todos sabemos que el precio real es más del doble y que se están robando miles de millones de dólares en el proceso. Como dejamos que José Guerra sea casi el único venezolano que batalle en contra de ese trio de malhechores, Merentes, Giordani y Ramírez, que manejan un fondo paralelo sin transparencia alguna, del cual han desaparecido sin dejar rastros miles de millones de dólares? Por qué no armamos un movimiento cívico sustancial, de denuncia abierta por parte de colegios profesionales, universidades y ciudadanos venezolanos dignos, en contra de este asalto masivo al erario público?
6. Hay mucha resistencia entre nosotros mismos a definir las políticas sociales de Hugo Chávez como dañinas para la nación y para la misma gente que pretenden beneficiar. Hasta los opositores más decididos hablan de una reducción de la pobreza bajo Chávez, sin definir claramente en que consiste la pobreza. Creo que estas políticas de subsidios, bonos, dádivas y masivas entregas de comida y electrodomésticos han hecho sentir bien a millones de gente pobre, les ha puesto dinero en el bolsillo, pero es necesario preguntarnos por cuanto tiempo pueden mantenerse. Esas políticas contribuyen a afianzar la dependencia del venezolano pobre en el estado paternalista y no son ni siquiera filantrópicas en su intención sino politicamente interesadas. Existen hoy pero probablmente no existirán mañana. Por lo tanto, rendirle homenaje a esas estrategias populistas es un acto pusilánime generado por el temor de ser considerados “insensibles’, “elitistas:”, “clasistas”, y otras pachotadas con las cuales nos chantajean verbalmente los hampones. Las llamadas misiones, sin políticas estructurales de salud, educación y empleo, son el opio del pueblo.
l país está adormecido y temeroso frente al saqueo que hace Chávez de los recursos nacionales para repartirlo entre sus amigotes del hemisferio, frente al endeudamiento feroz con los chinos por parte de PDVSA, frente a la indignidad a la cual la mitad de los ciudadanos son sometidos a cada día. Esta lasitud nacional es el signo de la mediocridad, de la cobardía. El país está de rodillas. Hay mucho miedo.No parecemos ser capaces de luchar decididamente contra la barbarie.
Solamente para fines de ilustrar nuestra situación, sin mucho rigor antropológico o geográfico, pienso que no somos todavía una nación sino un territorio donde habitan tres tribus de tamaño desigual. Llamaría esas tres tribus, de manera arbitraria y solo para propósitos diferenciales, chibchas, arawakos y caribes. Los chibchas son nuestra clase media, de naturaleza empeñosa,con ciertos niveles de educación, ambiciosos, ahorrativos y trabajdores. Son una minoría. Los arawakos son nuestra clase pobre, de naturaleza pacífica, afectuosos, resignados, fatalistas, poco instruídos y pobremente informados sobre el mundo circundante. Son pasto fácil de los caribes, una minoría agresiva y guerrera, con pretensions dominantes, caníbales literales y espirituales quienes han engañado a los arawakos haciéndoles creer que son sus defensores, para esclavizarlos cuando no comérselos a la parrilla. Solo cuando los arawakos se conviertan actitudinalmente en chibchas y, juntos, terminen con los caribes desaparecerán las diferencias tribales, dando paso a la nación.





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