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septiembre 8, 2012

¿Quiénes son los Yanomami?

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Written by: analisislibre

por José Emilio Castellanos *

Los Yanomami Constituye una de las naciones indígenas más interesantes  del Continente por la riqueza de su cultura y la  impermeabilidad conque se han mantenido frente al elemento  criollo. Es un grupo independiente (raíz idiomática propia, hasta donde se conoce), internado en la selva,  con todos sus patrones ancestrales, habitantes de las riberas  del Orinoco en su parte alta, y  del Padamo, Ocamo y otros  ríos. Ellos se llaman a si mismos Yanomama (gente que se  visita entre si), aunque ya a comienzos del siglo pasado  (1800) Humboldt hacía referencia acerca de los waica, nombre  con el que fueron llamados por error, y que ellos rechazan por  considerarlo despectivo (gente que hace la guerra, los que  matan). Aunque pacíficos en condiciones normales, han sido  bravos guerreros y se cree que desplazaron de su territorio a  los ye’cuana o makiritares, un fuerte grupo caribe que logró  mantenerse intacto frente a la agresión de los conquistadores  europeos y los de nuevo cuño. Entre ellos existen subgrupos  con algunas diferencias idiomáticas y rasgos étnicos.

Su población ha sido calculada entre 7000 (E. E. Mosonyi) y 20000 (Layrisse/Wilbert)

Son cazadores, recolectores, con agricultura incipiente,  seminómadas ya que abandonan cada cierto tiempo sus  comunidades, pero se mantienen en contacto con los lugares  donde tienen sus plantaciones de plátano, fruto que fue  introducido desde la India por los españoles. Antes de  mudarse a una nueva localidad limpian un terreno para plantar  sus platanales, que cuidan hasta ver los primeros frutos.  Luego, se desplazan a otro lugar, pero sin descuidar su  plantación.

Sus conjuntos residenciales están constituidos por una gran  vivienda en el interior de la selva, rodeada de frondosa  vegetación, con un claro en el centro, en forma de plaza. El  conjunto residencial es denominado por ellos teca, que quiere  decir hueco abierto en la selva», y shabono, que es la plaza  interna.

Algunos investigadores estiman que esta nación es una de  las primeras que llegaron a América procedente de Asia,  afirmación que se apoya en sus definidas características  sanguineas (Factor Diego Negativo), que se encuentra en toda  la población.

El shaman o brujo tiene un gran poder de decisión y mando  político en su comunidad. Por lo general son polígamos,  aunque no así el resto de la población, la que se apareja  desde muy temprana edad, por acuerdos que por lo general se  hacen desde la infancia. La mujer, en el momento del parto,  se marcha hacia la selva, mientras el marido aguarda en el  chinchorro. Luego, casi inmediatamente, ambos se reincorporan  al trabajo o faenas diarias.

Utilizan el fuego por rotación entre dos palitos,  generalmente de cacao silvestre, que frotan entre si,  utilizando hojas secas para hacer el fogón. La carne la comen  cocida, ya que son supersticiosos ante la sangre.

Viven por lo general en colinas altas, rehuyendo las riberas  de los ríos y las zonas inundables. Sus poblaciones reúnen un  promedio de 75 personas, pero oscilan entre 45, nunca menos, y 150

nunca más, que conviven delimitando sus  áreas en torno al fogón, donde colocan sus chinchorros  formando un triángulo. La cercanía con el fogón, que les sirve además para alejar la plaga y darse calor, les permite  atizar el fuego sin necesidad de levantarse para ello, y  tomar de igual manera el alimento.

Los chinchorros son elaborados con bejucos, de buen tejido,  muy resistentes.

En su alimentación están siempre presentes los vegetales y  frutas, basicamente pijiguao (1), y utilizan las ollas de  barro para cocer sus alimentos. Son tejedores, lo que les  permite elaborar grandes cestas donde colocan los  comestibles. Utilizan el cascaj y las pieles de animales. Cazan con grandes arcos y flechas de dos metros de largo, que  manejan con gran destreza, en movimientos de gran plasticidad  y elegancia. Tallan las quijadas de los báquiros, que  utilizan, junto con los dientes de picure, para la  elaboración de sus armas y utensilios de cacería.

Entre ellos no existe el uso del cigarrillo, del licor, la  escritura ni la numeración. Mascan tabaco con cenizas, y  queman los cadáveres para que asciendan al cielo.

De la madera de la palma manaca hacen punzones para perforar  las piedras y cortezas de árboles, que utilizan como envases.  Entre ellos se encuentran antiguas hachas líticas, pero se  considera, hasta ahora, que estas eran elaboradas por otro  grupo vecino.

De mediana estatura y contextura delgada, son físicamente  muy fuertes, sanos, ágiles, diestros, despiertos, intrépidos  guerreros y trepadores, con gran habilidad en el correr, lo  que les permite desplazarse con mayor rapidez que los  criollos y otros indígenas. Son de piel clara, diferente a la  de los caribe, y sus mujeres se caracterizan por ser hermosas  y achinadas.

Por tradición mágica se amarran el pene hacia arriba y se  cortan el pelo en forma semejante a los frailes religiosos, aunque se tiene establecido que esta costumbre es anterior a  la llegada de los misioneros. Suelen pintarse el cuerpo con  onoto, con dibujos relacionados con el pensamiento mágico, lo  que es tradición durante sus fiestas y campañas de cacería.  Las mujeres usan collares y por lo general se colocan una  flor en uno de los lóbulos de las orejas. Los hombres se  colocan plumas en los brazos y en las orejas.

Tras el matrimonio, el hombre no trata a la suegra, aunque  la mujer si mantiene su relación con la madre. Amamantan al  niño hasta los tres años y, mientras esto ocurre, no tienen  otros hijos. La criatura es tratada con mucho cariño, y la  madre suele colocarla sobre su vientre mientras duerme.

Entre ellos existe gran tradición por el canto y por la  comunicación, y se dan rasgos de un incipiente periodismo o  trasmisión de noticias, caracterizada por la comunicación oral de dos individuos del mismo grupo, procedentes de  diferentes comunidades, quienes se encuentran en el camino. Cada uno de ellos va haciendo una narración mientras el otro  le escucha; cuando uno habla, concluye la frase y el otro le  dice: ajá, y repite la última palabra como señal de que le  escuchó y entendió el mensaje. El otro prosigue su narración.  Luego, el proceso se da a la inversa.

No poseen instrumentos musicales, no fuman, no ingieren  licor salvo en sus fiestas, donde toman un menjurge  con cenizas de un muerto  y dominan muy reducidamente la  numeración. En cambio, mascan tabaco elaborado con ceniza,  que les sirve de complemento dietético

Por consideraciones mágicas incineran los cadáveres, que  colocan en una parte alta para que esté más cerca del cielo  en el momento que el espíritu sale del cuerpo, en el humo, en  camino hacia un más allá donde les esperan mejores condiciones de vida.

Se han visto afectados por intrusos, entre ellos grupos criminales de buscadores de oro tanto del lado venezolano como del brasileño.

* Periodista (Premio Nacional), antropólogo, ex-diplomático en Washington DC, editor de analisislibre.org.






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