Opinion

marzo 9, 2014

Un 5 de marzo: mors tua vita mea

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Written by: analisislibre
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Roldán Esteva-Grillet 

Todo iba sobre rieles en tiempos de conmemoración del bicentenario de la Independencia, pero hé aquí que aparece una “circunstancia sobrevenida” de consecuencias impredecibles: la revelación realizada por el mismo Chávez desde La Habana, en discurso leído el 11 de junio de 2011, de habérsele detectado un tumor canceroso en la zona pélvica. A fin de mantener en secreto sus incidencias de mayor o menor gravedad, como ya ocurriera con su padrino y tutor Fidel Castro años atrás, se tratará en La Habana.

Entre el 2011 y el 2012, Chávez pasará tres veces por el quirófano, sin partes médicos salvo los que él mismo daba a conocer, incluso al producirse una reincidencia luego de la cual juró estar plenamente libre de células cancerígenas. Ni una célula maligna, declaraba muy ufano y muchos le creían. El discurso religioso sin embargo lo traicionaba como alguien que se sabía condenado a morir pronto, y por eso pedía: Cristo, dame un poco más de tiempo. Desapareció de inmediato la palabra “muerte” de su consigna político-militar, por el “viviremos”, aunque no tengamos qué comer ni con qué limpiarnos. Su mayor esfuerzo se concentró en la última campaña electoral para su segunda reelección presidencial en 2012, y era más que evidente que no las tenía todas consigo. Pero su capacidad de fascinación en las masas le volvió a dar una mayoría de votos, aunque cada vez menos en relación al crecimiento del voto opositor.

 

La transubstanciación de Chávez

La transubstanciación de Chávez

Con todos los medios públicos puestos a su favor, las instituciones oficiales convertidas en ecos propagandísticos, los recursos del Estado invertidos en las movilizaciones y la publicidad, más las amenazas a los funcionarios, sin contar el reparto de prebendas (la última, apartamentos para los damnificados por las lluvias de 2010 y 2011), el poder para el Partido Socialista Unido de Venezuela quedó asegurado por otros seis años, hasta 2019. Pero el imponderable de la cuarta operación, el 11 de diciembre de 2012, sólo paliativa según algunos especialistas, lo dejó en una postración que se prestó para muchas especulaciones acerca de si podría estar en condiciones para asumir el cargo.

Lo cierto es que luego de su despedida el 8 de diciembre de 2012 y designar a Maduro Moros como su sucesor, Chávez no dio muestras de vida consciente luego de su cuarta operación. Las sospechas fueron creciendo y su yerno Arreaza muestra una fotografía de Chávez sonriente junto a las dos hijas, que muchos supusieron correspondiente a otro postoperatorio: el convaleciente “leía”, como los secuestrados, un ejemplar del único diario cubano Gramma con la fecha del día, algo fácilmente trucable por fotoshop. Cuando la presión pública creció por la ausencia de noticas confiables, Chávez regresa secretamente, sin que nadie lo pudiera ver, y es internado en el hospital militar, donde el vicepresidente Maduro trató de convencer al país que había conversado con el Presidente reelecto durante cinco horas., aunque el paciente tenía una canícula en la garganta…

El país recibió finalmente la noticia oficial, que no el parte médico, de la muerte de Chávez el 5 de marzo de 2013, a las 4.25 pm., en la voz atribulada de Maduro. Por un paro respiratorio, informó pero el acta de defunción se desconoce. Chávez confió de forma absoluta en la medicina cubana, y desechó la oferta del presidente de Brasil, “Lula”, la atención especializada del Hospital Sirio-Libanés, donde se había tratado él mismo, igualmente el presidente Fernando Lugo del Paraguay. La razón del rechazo: no le garantizan el secreto.

Contra todo razonar moderno, Maduro sostuvo que la enfermedad de Chávez había sido inoculada por el Imperio y que eso debería investigarse. Para no quedarse atrás, el presidente de Bolivia, Evo Morales, planteó al llegar a Venezuela su convicción de que Chávez había sido envenenado. Ante esta notitia criminis, el abogado humanista Israel Álvarez de Armas, Presidente del Comité Internacional de Desaparición Forzadas, Detenciones Arbitrarias y Delitos de Genocidio y de Lesa Humanidad, introdujo el 12 de marzo ante la Fiscalía Pública una solicitud formal de autopsia legal al cadáver del expresidente Chávez para erradicar dudas.

El país se vio de repente envuelto en funerales de Estado por primera vez luego de los del general Juan Vicente Gómez en 1935 y los del coronel Delgado Chalbaud en 1950. Tres ex Presidentes democráticos han fallecidos durante el chavismo: Luis Herrera Campins, Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez: de la boca del hoy difunto sólo salieron palabras de desprecio. En el caso de Chávez su popularidad y proyección internacional hacían prever algo mayúsculo y singular. Como en efecto sucedió, por los numerosos partidarios que acompañaron al féretro el miércoles 6 de marzo desde el Hospital Militar hasta la Academia Militar en Fuerte Tiuna; por las filas interminables de sus admiradores, hombres y mujeres de toda edad y condición social, pero mayoritariamente de los sectores menos favorecidos económica y socialmente que se beneficiaron de las diversas misiones y ayudas, o que simplemente se sintieron reconocidos en su discurso justicialista y reivindicador. Y también, hay que reconocer, por los treinta y tres Jefes de Estado y de Gobierno de países extranjeros que se hicieron presentes.

Los servicios funerarios fueron contratados con la prestigiosa empresa de pompas fúnebres “Vallés”, responsable de la preparación del cadáver. Con la estricta prohibición de fotografiarlo en su urna abierta, y con menos de un minuto para darle el último adiós, los innumerables visitantes, luego de horas de espera, podían tener el privilegio de darle una ojeada rápida al cadáver de Chávez en uniforme militar, con una banda tricolor en la cintura.

Se especuló tempranamente sobre si merecía llevarse luego al Panteón Nacional, como sugería el ex alcalde Juan Barreto, aunque las autoridades, prudentemente, dejaron el tema a un lado. Era evidente que las disposiciones legales, de esperar veinticinco años luego de la muerte (numeral 15 del artículo 187 de la Constitución), obligarían a un referéndum que difícilmente ganaría esa opción. Se dejó en manos de la familia la decisión final, dado que el mismo Chávez había pedido en vida que se le enterrara junto a la tumba de su abuela Rosa Inés en la casa de ésta en Sabaneta de Barinas, casa por cierto convertida en sede del PSUV.

A los pocos días de iniciarse el velatorio, el gobierno invitó a tres expertos europeos en momificación que podrían preservar el cadáver como ocurriera con otros líderes comunistas (Lenin, Stalin, Mao, Kim Il Sung), pero ya era tarde para dicho proceso. De allí que se hable de tres “refrescamientos” realizados al cadáver, de parte del servicio funerario contratado con la empresa “Vallés”, por cuanto se prolongó el rito de la despedida de tantos venezolanos que venían del interior hasta el 12 de marzo. A partir de este día, se trasladó el féretro en coche fúnebre hasta el antiguo edificio del Museo Histórico Militar, en La Planicie, dentro de la parroquia del 23 de Enero y vecino del Palacio de Miraflores, acompañado por gente apesadumbrada y dolida.

Entre los homenajes recibidos en la Academia Militar, no faltaron los cantares del llano, especialmente la interpretación de “Linda Barinas”, por parte de la orquesta Sinfónica Juvenil Venezuela, bajo la batuta de Gustavo Duhamel. El joven y famoso director lució muy orondo en su brazo izquierdo, el brazalete tricolor que identificaba a los soldados acarreados para el fallido golpe de Estado de 1992. Acudieron a la cita musical tanto cantantes del país como otros provenientes de Cuba. En general, el ambiente fue pasando de lúgubre a festivo para escándalo de la presidenta argentina, Cristina Fernández, viuda reciente de su marido Néstor Kirchner, cuyo cadáver no permitió que se viera. Aunque ha llegado afónica, su estancia se prolonga y está presente para cuando se muda el féretro a La Planicie y escribe en su cuenta de twitter: Le digo a Nicolás [Maduro]: éste es su lugar. Ni se les ocurra llevarlo a ningún otro, por mas pomposo que parezca. Aquí empezó, y aquí se debe quedar. Es SU LUGAR. En su cuartel, junto a los barrios. Soldado del pueblo. Definitivo y para siempre.

Mientras el féretro se velaba en la Academia Militar, se le solicitó de urgencia al arquitecto Fruto Vivas el diseño de un sarcófago, que él llamó “La Flor de los Cuatro Elementos”, pues había que darle continuidad a las honras fúnebres, segunda parte, pero en otro sitio y con la urna ya cerrada. Realizado en tiempo record por la empresa “Canteras y Mármoles” de Arnaldo García, que trabajaba para el Mausoleo de Bolívar, y la participación de un centenar de trabajadores, se instala el sarcófago en el patio central del edificio originalmente destinado a Academia Militar (1910), luego sede del Ministerio de Guerra y Marina (hoy de Defensa) y a partir de 1982 convertido en Museo Histórico Militar.

Justamente allí se guareció Chávez aquella madrugada del 4 de febrero de 1992, cuando intentó derrocar el gobierno constitucional y democrático del presidente Carlos Andrés Pérez. Allí también ocurrió su rendición apenas le amenazaron con bombardear si no lo hacia. Por eso el historiador Manuel Caballero lo llamaba el “héroe del museo militar”

El féretro llega en los hombros de algunos de los participantes en el conato de golpe de estado del 4 de febrero de 1992 y todavía fieles a la causa; sólo uno, Arias Cárdenas, estaba de civil. El Presidente de la Asamblea Nacional, el teniente Diosdado Cabello, fungía, motu proprio, de maestro de ceremonias dirigiendo todo.

 Sarcófago de Chávez, por Fruto Vivas

Sarcofago Chavez

El sarcófago diseñado por Fruto Vivas fue realizado en granito gris y rojo de Guayana, mármol verde y granito negro importados. Visto desde arriba, el sarcófago es un paralelepípedo en granito gris colocado en una plataforma de la que brotan cuatro grandes formas ovaladas en granito rojo que simularían los pétalos, y tres las hojas; dos caminerías en granito rojo que confluyen a los pies del sarcófago, con ligera elevación y estriadas para evitar los resbalones. El espacio entre las “hojas” lo llena el agua a manera de espejo pero de escasa profundidad. En la losa superior va un texto, la identificación del difunto como “Hugo Chávez Frías”, sin su segundo nombre de pila “Rafael”, y las consignas, entre triples signos de admiración: Independencia y Patria socialista. Viviremos y Venceremos. Como se recordará, la palabra “muerte”, de la original castrista, “Patria o Muerte. Venceremos”, se suprimió en los mítines y propaganda a raíz de habérsele detectado al Presidente un tumor canceroso. Cuatro soldados vestidos de húsares, con el sable desenvainado, hacen guardia y se turnan. En la pared del fondo, en un nicho, una estatua pequeña de Bolívar, santo de su devoción.

Concluidos los funerales, oficialmente, muchos visitantes extranjeros han sido llevados a visitar este nuevo mausoleo en que se ha transformado lo que después de los sucesos de abril de 2002, el gobierno empezó a llamar desde el 10 de octubre de ese año “Cuartel 4 de Febrero”, sede de los Círculos Bolivarianos. Como se recordará,  aquel abril de 2002, la alta oficialidad se negó a aplicar el Plan Ávila de represión a los manifestantes de la oposición ante la muerte de 19 personas por francotiradores, y Chávez estuvo dos días fuera del poder. Posteriormente la edificación militar ha sido rebautizada como Cuartel de la Montaña, en atención, seguramente, a la última estrofa de Pablo Neruda en su poema “Un canto para Bolívar”:

La afluencia de visitantes no ha parado y los militares han debido organizar las visitas en grupos de 20 personas, cada seis minutos, con la prohibición de tomar fotografías y tener los celulares encendidos. La visita incluye una pequeña charla, el pase por dos galerías de imágenes de Chávez (las de su vida personal, infancia, cadete, familia; y las de su vida política). Ya no se permite rodear y acariciar el sarcófago y la gente debe conformarse con verlo de lejos. En tanto que los altos funcionarios se dan el lujo de recostarse sobre él como si fuera una mesa cualquiera y, si a creer vamos a Nicolás Maduro, él ha pernoctado más de una vez ahí. En las afueras, un cañoncito dispara todos los días, a las 4:25 de la tarde, una salva para recordar el momento crucial de su siembra. Desde entonces se le empezó a denominar Comandante Supremo o Eterno y en las cercanías, se levantó una especie de altar con sus afiches, donde los devotos encienden sus velas. Con la muerte de Chávez ha nacido San Hugo Chávez.

Durante la enfermedad y convalecencia del presidente, la Asamblea Nacional se negó a declarar la vacante temporal que estipulaba la Constitución; y ya postrado y mudo por una traqueotomía, la alcahuetería del Tribunal Supremo de Justicia liberó a Chávez de la obligación de juramentarse en el cargo el 10 de enero.

Finalmente, fdeclarado muerto como era previsible y una vez “sembrado”, el mismo poder judicial inventa el cargo de Presidente Encargado para su Vicepresidente del período cumplido, con la finalidad de que Nicolás Maduro Moros, sucesor designado, pudiese competir en las nuevas elecciones. Así, el Consejo Nacional Electoral y no el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, como dicta la Constitución,  llama a elecciones nuevamente, con apenas un mes de plazo para la nueva campaña.

Las elecciones celebradas el 14 de abril de 2013, resultaron las más reñidas por cuanto la diferencia de diez puntos que había entre Chávez y el candidato de la Mesa de la Unidad (coalición de partidos democráticos tanto de izquierda como de centro derecha), se redujo a un punto porcentual (225 mil votos).

Uno de los primeros actos oficiales presididos por Nicolás Maduro, ya ungido como nuevo Presidente de la República, se celebró el 4 de mayo de 2013, cuando en el Cuartel de la Montaña repartió la Orden Francisco de Miranda, en su Primera Clase, a todos los médicos-militares cubanos que habían atendido al comandante eterno durante su enfermedad a lo largo de dos años.

El Mausoleo de Bolívar es finalmente inaugurado la noche del 13 de mayo de 2013, en conmemoración del Bicentenario de la Campaña Admirable. Discursearon en el ostentoso recinto, recién designado por CNE Presidente de la República, Nicolás Maduro, y el Ministro de Educación Universitaria, profesor Pedro Calzadilla. El segundo orador declaró que por generaciones los venezolanos nos congregaríamos alrededor de nuestras dos grandes figuras: en el Mausoleo, a un costado del Panteón Nacional (quiso decir, detrás) con Bolívar; y en el Cuartel de la Montaña, en el “23 de enero”, con Chávez… según reseña El Nacional. Habrá que informar al ministro que la mayor cantidad de visitantes los tiene el Cuartel de la Montaña, pues el culto a Chávez reditúa económicamente, en tanto que el de Bolívar está devaluado, no sólo como signo monetario.

La muerte de Comandante Intergaláctico le ha proporcionado una vida nueva al Camarada Supletorio: aunque efímera, vida de poder y desvarío es.

 






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