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noviembre 17, 2015

Isabel, la reina guerrera, un libro de Kirstin Downey (II)

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Written by: analisislibre
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En pocas palabras. Javier J. Jaspe

Washington D.C. / analisislibre.org

En este segundo artículo de una serie de tres, prosigo con la reseña y breves comentarios sobre el libro de Kirstin Downey titulado: ISABELLA The Warrior Queen (Isabel, la reina guerrera), Nan A. Talese/Doubleday, 2014, 520 pages. Sin duda, una muy completa biografía de uno de los personajes más importantes de la historia de España.

En esta oportunidad me referiré a algunos hechos que se relacionan principalmente con el matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón (en lo adelante “Fernando”), su coronación como reina de Castilla a la muerte de su hermano Enrique IV de Castilla, la guerra con Portugal por la disputa sobre la sucesión de éste, la campaña por la conquista de la provincia de Granada, el nacimiento de los hijos del matrimonio, la instauración de la inquisición española y a otros hechos relacionados con los anteriores ocurridos hasta inicios del año 1492, cuando Isabel y Fernando toman posesión de Granada ante la rendición de los musulmanes gobernantes. Veamos.

Efectos inmediatos del matrimonio de Isabel con Fernando

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La reacción de Enrique IV – Como se dijo en el artículo anterior, Enrique IV, instigado por Juan Pacheco, quería que su hermana Isabel se casara con el Alfonso de Portugal, con quien había llegado a un acuerdo en abril de 1469. Por tanto, el matrimonio intempestivo y secreto de Isabel con Fernando en octubre de ese mismo año, le causó un profundo disgusto y lo llevó a desheredarla y a proclamar como heredera del trono a Juanita, su cuestionada hija, conocida también como Juana La Beltraneja. A este efecto, procedió a arreglar el matrimonio de su hija Juanita con el Duque de Berry, a quien decidió otorgar el título de Príncipe de Asturias tan pronto se produjera dicho matrimonio.

El matrimonio de Isabel y Fernando requería de una dispensa papal – El matrimonio de Isabel y Fernando, quienes eran primos segundos, se produjo con una dispensa que les otorgó el Obispo de Segovia, pero la misma no tenía valor, ya que tal dispensa debía otorgarla directamente Pablo II, el Papa de entonces, a lo que a éste se negaba. Esta negativa hacía que la pareja se encontrara nerviosa. La autora dice que fueron días muy difíciles para Isabel, quien se encontraba embarazada de su primera hija, Isabel, la cual nace el 2 de octubre de 1470. Además, Fernando se marcha a Aragón a ayudar a su padre en la guerra que éste mantenía con los franceses por algunos territorios en pugna. A propósito de este viaje también se disparan rumores de que Fernando se hace acompañar por una dama, con lo cual se alimenta su fama de mujeriego.  En esos momentos, Gonzalo Fernández de Córdoba, como lo hará en multiples oportunidades, se muestra presto a servir de apoyo a Isabel. A finales de 1473 regresa Fernando al lado de Isabel y Gonzalo Fernández de Córdoba abandona la Corte, momento en que circulan chismes sobre una posible relación afectiva de éste con Isabel, lo cual habría motivado fuertes discusiones entre ésta y Fernando. La autora rechaza la existencia de una relación amorosa entre Isabel y Gonzalo Fernández de Córdoba, ya que la primera siempre cuidó su reputación y se mantuvo fiel a sus principios y valores católicos.

Se inicia la conexión Borja (también Borgia) – Al decir de la autora, Isabel quería obtener de una vez por todas la dispensa papal que le permitiera legitimar su matrimonio con Fernando. A estos efectos se vale del catalán, Cardenal Rodrigo Borja, más tarde papa Alejandro VI, sobrino del Papa Calixto III, quien también fuera oriundo de España. Rodrigo logra que el entonces Papa Sixto IV (Francesco della Rovere) conceda al fin la dispensa a la pareja el primer día de diciembre de 1471. Este gran favor de Borgia, de quien es conocida su fama de licencioso y pecador, será el inicio de una fructífera relación con Fernando e Isabel, el primero como Papa y los segundos a lo largo de su reinado más tarde. Se dice que Borgia obtuvo de los futuros reyes la promesa de que a su hijo mayor le sería otorgado un ducado. Un subproducto inmediatio de esta relación es el apoyo que presta Borgia al nombramiento de Pedro González  de Mendoza, Obispo de Sigüenza, como Cardenal, quien de inmediato le quita su apoyo a Enrique IV, para otorgárselo a Isabel. Si bien este nombramiento le produce desazón al Arzobispo Alfonso Carrillo, quien también aspiraba al solio cardenalicio, el hecho de contar con el apoyo del ahora Cardenal Mendoza y su poderosa familia, hace decir a la autora que  los vientos comienzan a soplar a favor de la pareja formada por Isabel y Fernando, y su futuro reinado.

 

Preparándose para reinar

Matrimonio de los Reyes Católicos

Una campaña discreta – Según relata la autora, una vez legitimado su matrimonio con Fernando, Isabel empieza a desarrollar una campaña discreta para implementar sus planes de convertirse en reina cuando su hermano Enrique IV abandonara este mundo. En esta campaña ofrece títulos, tierras y promete mejores tratos a los oficiales de la Corte de Enrique IV e, igualmente, se mueve entre los diplomáticos buscando aliados foráneos para que presionen a su hermano con el fin de que éste la restituya como heredera. Así, por ejemplo, promete su hija, la pequeña Isabel, en matrimonio, a Luis XI de Francia para que se case con su hijo Carlos. Adicionalmente, Isabel se presenta como salvadora del caos y desastre en que su hermano Enrique IV habría sumido al reino de Castilla donde, entre otros problemas, abundan robos, raptos, asesinatos, violaciones, circulación de dinero falso, y pleitos entre judíos conversos al cristianismo y viejos cristianos, como en este ultimo caso fue el suscitado en Córdoba en 1473. A este efecto, promete reinar con mano fuerte no sólo para enfrentar estos problemas, sino igualmente para proteger a Castilla de la amenaza de invasión de los turcos musulmanes, los cuales proseguían en su labor de expandir los confines del Imperio Otomano, a costa de atacar y conquistar, o amenazar con hacerlo, a algunos territorios que los acercaban a Europa occidental.

 

Tratando de recuperar su condición de heredera al trono – Al mismo tiempo que se movía en el terreno anteriormente indicado, la autora destaca que en el propósito de recuperar su título de heredera al trono de Castilla, Isabel comisiona a Andrés Cabrera (judío converso al cristianismo), su esposa y gran amiga, Beatriz de Bobadilla, y a su contable Alfonso de Quintanilla, para que realizasen gestiones tendentes a obtener la reconciliación con su hermano Enrique IV. Como resultado de estas gestiones, Isabel y Enrique IV se reunieron en Segovia a fines de 1473, privando en todo momento un ambiente cordial. Este encuentro lo sellaron con una cena el 9 de enero de 1474, a raíz de la cual, Enrique IV se sintió enfermo, motivando comentarios de Juan Pacheco donde alegaba que algunas personas habían tratado de envenenar al rey. Este desafortunado incidente hizo que se suscitaran pleitos entre cortesanos partidarios de Isabel y de Enrique IV, quien continuó sintiéndose enfermo, a lo largo de 1474. El 4 de octubre de este último año muere Juan Pacheco y unos días más tarde, el 11 de diciembre de 1474, fallece Enrique IV, quien al parecer no dejó testamento designando herederos, aunque otros sostienen lo contrario. En cualquier caso, dicho testamento no fue encontrado en aquellos momentos, originándose conflictos que luego se profundizarían entre los partidarios de Isabel y los de Juanita, la hija de Enrique IV, a los cuales nos referiremos más adelante.

 

Isabel toma el trono

Proclamacion

Un plan preconcebido se implementa – Según narra la autora, a la muerte de su hermano Enrique IV, Isabel, quien se encuentra en Segovia, ejecuta un plan preconcebido por meses para convertirse en reina de Castilla inmediatamente. La noticia de dicha muerte no se conoce todavía en el resto del reino y otras latitudes y decide que la sorpresa es su mayor aliada. En forma consistente con ese plan, al día siguiente de dicha muerte bien temprano comienzan los actos para la coronación de Isabel, los cuales se suceden de manera magistralmente ordenada: Suenan las campanas de las Iglesias a las 10 a.m., luego se celebra el funeral a las 11 a.m. y, una vez concluido éste, a las 11:30 a.m., los asistentes se reúnen en la Plaza Mayor, donde un oficial anuncia la muerte de Enrique IV y agrega que como éste no dejó heredero legítimo (con lo cual se cuestionaba la legitimidad de Juanita…), asumiría la corona su hermana Isabel. A renglón seguido, Isabel marcha en procesión montada en un hermoso caballo blanco y trajeada, ornamentada y enjoyada como una verdadera reina, acompañada por miembros de la Corte, oficiales, representantes del clero y de los sectores productivos, seguidores, vecinos, y una banda de músicos. Una espada símbolo de la justicia presidió la procesión saliendo de la iglesia, sobre lo cual no había precedente en casos de otras reinas anteriores. Una vez en la plaza se procede a los discursos donde Isabel es presentada como la heredera del trono y ésta se juramenta como la nueva reina de Castilla. Concluido el acto, Isabel se marcha a la Iglesia a rezar arrodillada. La autora anota que  ninguna mujer había regido por derecho propio en Castilla desde Urraca (1109-1126) y Berenguela en 1217.

 

Un golpe de estado? – En opinion de la autora, al haber procedido en la forma que lo hizo, Isabel dió un típico golpe de estado, aunque ella se presentara como que estaba recibiendo el poder directamente de Dios. Ciertamente, sobre Juana pesaba la duda de si realmente era o no hija de Enrique, pero tal duda en si misma no generaba la legitimidad de Isabel para acceder al trono. Sinembargo, los actos desencadenados para tomar el trono de Castilla, gracias al plan de Isabel, lograron que en Segovia ese día la reina aparentemente legítima fuese Isabel. En mi parecer, esta opinion de la autora merecería una segunda reflexión, según lo expongo en mis comentarios más adelante.

 

Fernando, el gran ausente – Downey enfatiza que Fernando no asistió ni fue invitado a los actos de coronación de Isabel arriba descritos, los cuales pusieron en evidencia que la reina de Castilla y León era Isabel y que Fernando era pura y simplemente su rey consorte. Posteriormente, ante los reclamos de Fernando, en enero de 1475, se suscribió un Concordato en Segovia, en el cual, aunque no se le dió mucho poder real a aquél, se le otorgó una importancia simbólica. A tal efecto se dispuso que cuando ambos firmaran conjuntamente como reyes de Castilla y Aragón, el nombre de Fernando iría primero que el de Isabel en monedas, proclamaciones y otros documentos, pero que la soberanía del reino de Castilla, el derecho a nombrar funcionarios y la facultad de gastar dinero del Tesoro pertenecían exclusivamente a Isabel. La autora también destaca que el hecho de que Fernando siempre apareciera encabezando los documentos reales habría conducido a muchos historiadores a incurrir en el craso error de considerarlo como el verdadero rey de Castilla, cuando lo cierto fue que Isabel, aunque siempre procuraba lograr el consenso con Fernando, en caso de diferencias siempre se reservaba el ejercicio del poder real a la hora de decir la última palabra y tomar las decisiones de mayor transcendencia para el reino de Castilla.

 

La guerra con Portugal

Las tropas de los Reyes Católicos frente a las comandadas por Alfonso V de Portugal

Juanita se considera sucesora – Al mismo tiempo que a la muerte de Enrique IV de Castilla, Isabel era proclamada reina por sus seguidores en Segovia,  Juanita era reconocida como reina por sus partidarios, especialmente por su prometido el rey Alfonso V de Portugal, quien reunía la doble condición de primo de Isabel y tío de Juanita. Alfonso V alegaba sentirse doblemente traicionado por Isabel, primero porque ésta había preferido casarse con Fernando, y luego haberse proclamado reina de Castilla en Segovia, frustrando su pretendido propósito de casarse con Juanita para obtener así la corona de Castilla. Ante estos reclamos, Isabel le ofrece en matrimonio una hermana de Fernando a Alfonso V, pero éste la rechaza. En su lugar, días más tarde, en mayo de 1475, Alfonso V y Juanita fueron reconocidos reyes de Castilla en Plasencia, donde igualmente contrajeron matrimonio, cuya validez, por razones de parentesco, quedó sometida a la obtención de una dispensa papal.

 

La guerra – Pasando directamente a los hechos, Alfonso V demanda que Isabel y Fernando entreguen la corona de Castilla, ya que la misma le pertenecería a su sobrina, y ahora esposa, Juanita, quien de paso acusa a Isabel de haber envenenado a su padre, el fallecido Enrique IV. Ante la negativa de Fernando e Isabel, Alfonso V trae sus tropas a la frontera con Castilla y amenaza con invadir para tomar la corona, dando así comienzo a la guerra entre Castilla y Portugal por la sucesión de la corona de Castilla. Esta guerra fue muy cruenta y ocasionó innumerables víctimas para las partes en conflicto. De acuerdo con la autora, el episodio más importante de la guerra con Portugal es la llamada Batalla del Toro, llevada a cabo el primer día de marzo de 1476, donde perecieron mas de mil combatientes de lado y lado, sin que al final hubiese un claro vencedor. Sinembargo, Isabel se las habría ingeniado para declarse ganadora, al capturar y obtener posesión de la bandera que servía de estandarte a las tropas portuguesas, lo cual lleva a la autora a sostener que si no una victoria militar, Isabel y Fernando lograron una victoria política.

 

Llega la paz – La guerra continuó con altibajos por un tiempo más hasta que las partes resolvieron ponerle fin con la firma del Tratado de Alcazovas el 4 de septiembre de 1479. Mediante el mismo, Alfonso V renunció al trono de Castilla, e Isabel y Fernando renunciaron al trono de Portugal, a la par que se distribuyeron ciertos territorios, asignándosele a Portugal, entre otros, Madeira, Cabo Verde y las Azores, y a Castilla se le reconoció la soberanía sobre las Islas Canarias. Por su parte, mediante documentos separados, conocidos como las Tercerías de Moura, Juanita renunció a los derechos dinásticos sobre el reino de Castilla y optó por retirarse a un convento, aunque la autora menciona que ella siempre siguió considerándose la verdadera sucesora de Enrique IV y firmando como la real reina de Castilla.

 

Gobernando, preparándose para la conquista de Granada y procreando

Gobernando – En el medio de la Guerra, una vez que las confrontaciones disminuyen, Isabel se dedica a gobernar y a enfrentar los numerosos problemas existentes en Castilla, los cuales habían sido desatendidos por su hermano Enrique IV. A este efecto, en abril 1476, forma y reúne el consejo administrativo del reino, un cuerpo colectivo que le permitirá obtener asesoría y motivar la incorporación de personas que la apoyen y colaboren con ella en sus labores de gobierno; fortalece la santa hermandad, una especie de policía para capturar criminales; conduce varios juicios para impartir justicia, lo cual hace de manera itinerante trasladándose a las diversas ciudades del reino, convencida de que no hay peor amenaza a la integridad del reino que la falta de administración de justicia; cambia la composición del Consejo Real, nombrando tres nobles y nueve abogados, dándole predominancia al elemento profesional que le permitirá promover el ejercicio de un regimen apegado a la ley; y nombra como jefe de dicho cuerpo al clerico Alfonso de Burgos, un judío converso al cristianismo, en su propósito  de limpiar a la iglesia de corrupción.

Preparándose para la conquista de Granada – Granada se encontraba en manos musulmanas a cargo de la disnatía Nasrid, encabezada por Abu al-Hasan Alí, y en 1478, Isabel y Fernando (también los “reyes católicos” en lo adelante) firman una tregua con aquél por tres años. Se trataba de un movimiento estratégico, pues en ese momento los reyes católicos se encontraban en guerra con Portugal y requerían tiempo para prepararse y conquistar Granada. Las noticias que llegan sobre el avance de los turcos y la expansión del Imperio Otomano en Europa son aterradoras:  el número de las víctimas de la población cristiana sacrificada pasa de los 800 mil. La toma de Costantinopla ha quedado atrás y ahora los turcos musulmanes luchan por conquistar Serbia, Hungría, Rumania, Grecia, y Albania. En julio de 1480, los musulmanes invaden Otranto, Nápoles, e Isabel y Fernando sienten que España podría ser la próxima presa a lograr, mediante una conexión entre turcos invasores y los árabes que se encontraban dominando a Granada y otros territorios en el sur de España. Resultaba obvio que debían alistarse para darle la pelea a la horda musulmana.

 

Procreando – Isabel y Fernando procrean 5 hijos, a saber: Isabel, quien ha sido mencionada arriba nace el 2 de octubre de 1470; casi ocho años más tarde, el 30 de junio de 1478, nace Juan; en noviembre de 1479, nace Juana; en junio de 1482 Isabel tuvo morochos, pero se salvo sólo la hembra, María; finalmente, el 16 de diciembre de 1485, nace Catalina. Downey destaca la fertilidad y buena disposición de Isabel en su labor reproductora, en medio de guerras y sin descuidar las importantes tareas que le correspondían como reina. Igualmente, la dedicación que en todo momento demostró a la hora de criarlos, educarlos y emparentarlos a través de uniones fructíferas con otras casas reales europeas, aspecto este último al que nos referiremos en nuestro próximo artículo.

 

Inauguración de la inquisición española

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Los arquitectos – Para Downey, Isabel y Fernando son los arquitectos de la inquisición en España y, en general, se muestra bastante crítica de los indicados soberanos en este aspecto de su reinado. El propósito de la inquisición estuvo dirigido a investigar los judíos conversos al cristianismo, pero con el tiempo se usó como arma política, durando cerca de 300 años y aplicándose tanto en España como en las colonias del reino, incluidas las de Hispanoamérica. En el tiempo de Isabel, los judíos conversos habían despertado rechazo y celo, pues se mantenían aparte, disponían de inmensas fortunas y/u ocupaban cargos que históricamente habían pertenecido a cristianos de vieja data. La misma Isabel contaba entre sus colaboradores más allegados, a religiosos u oficiales judíos que se habían convertido al cristianismo, algunos de los cuales ya se han mencionado. Los viejos cristianos hacían circular rumores de que la conversion de los judíos al cristianismo no era sincera sino por conveniencia, pues supuestamente seguían manteniendo fidelidad al culto judío de manera secreta. Según relata la autora, el principal instigador de la inquisición habría sido Alonso de Hojeda, quien se hizo eco y propagó historias de que los judíos conversos estarían dispuestos a ayudar a los turcos musulmanes, por cuanto algunos judíos veían la caída del cristianismo como un signo favorable a la llegada del Mesías y, otros, como el Rabbi Capsali en Creta, admiraban como un héroe al turco musulmán Mehmed II, el conquistador de Costantinopla. A Hojeda se le unieron el fraile Fillipo de Barberi y el legado papal Niccoló Franco, quienes trajeron a colación un viejo decreto aplicado en Sicilia que no sólo permitía perseguir a los herejes sino igualmente apoderarse de sus propiedades, de todo lo cual Fernando se sintió atraído y los apoyó. A este grupo también se habría unido el fraile Tomás de Torquemada, quien a la sazón era confesor de Isabel y sobrino del Cardenal Juan de Torquemada, por cierto un judío converso al cristianismo.

 

La bula papal y el primer tribunal – Como resultado de su gestiones, Isabela obtuvo que el Papa Sixto IV dictara una bula autorizando la inquisición en España, el 7 de noviembre de 1478. Mediante esta bula, Isabel fue autorizada a nombrar un tribunal inquisidor, el cual, luego de dudarlo por un tiempo, en septiembre de 1480  lo integra nombrando al Cardenal Pedro González de Mendoza y a Tomás de Torquemada, con base en Sevilla, quienes quedaron también autorizados a designar el personal necesario para el cumplimiento de sus funciones. El efecto inmediato de la creación de este tribunal inquisidor es que algunas familias judías conversas al cristianismo se marchan de España, dando lugar a rumores sobre su insinceridad como verdaderos cristianos. Luego de que el tribunal inquisidor inicia sus actividades, la primera ejecución de 6 condenados a muerte se realiza el 6 de febrero de 1481. La autora destaca que a raíz de esta ejecución Alonso de Hojeda jubiloso da un sermon, pero lo mata la peste días más tarde. Con posterioridad se crean más tribunales inquisidores en otras regiones del reino y el incremento de la persecución que los mismos efectúan origina protestas ante el Vaticano, lo cual motiva que en 1481 el mismo Papa Sixto IV emita una bula alertando sobre los abusos de la inquisición, principalmente en los dominios de Fernando en Aragón.

 

Crítica de la autora – Según Downey y sus fuentes, la inquisición fue anticristiana, odiosa y horrible: al final de los juicios no había certeza sobre si los condenados eran verdaderos o falsos cristianos; muchas condenas se hicieron con base en testimonios basados en el anonimato, o en confesiones arrancadas mediante horribles torturas; y en no pocas ocasiones tuvieron como norte principal el expropiar la riqueza de los condenados. Para algunos, Isabel se dejó llevar por Fernando, al que consideran el verdadero arquitecto de la inquisición, quien a pesar de no meterse directamente en los juicios, sí se aprovechaba de las riquezas expropiadas a los condenados. En cualquier caso, la autora se pregunta cómo puede justificar Isabel tanta crueldad y asesinatos, cuando ella es descrita en muchos otros aspectos como humana y seguidora de la vida y enseñanzas de Jesús. Una posibilidad, dice la autora, es que Isabel tenía una personalidad compleja, en donde elementos divergentes estaban presentes: mientras era benefactora en muchas formas, ella también poseía una linea o marca que la hizo dura, castigadora e indoblegable en penalizar a quienes vió como una fuerza maléfica en el camino de poder cumplir con sus objetivos. O quizás ella vió la inquisición como un medio justificado  para conseguir el apoyo de los viejos cristianos de Andalucía, principalmente aquellos de Sevilla y Córdoba, para ganar la guerra con Granada, quienes eran profundamente opuestos a los conversos…O que ella pensó que su forma de vida estaba en riesgo y que solamente las más crueles tácticas permitirían la sobrevivencia de la España Cristiana frente a los turcos…O ella podría haber estado motivada por una sincera, aunque equivocada, preocupación por el bienestar espiritual de sus súbditos…Exitosos monarcas, dice la autora, usualmente optan por sacrificar a otros en la búsqueda de algo que ellos ven como de mayor beneficio para el logro de sus cometidos, concluyendo con una cita del autor Netanyahu, quien sostiene que para Isabel  “safe control of Andalusia obviously depended on finding a way to reduce the unrest” (para Isabel “el control de Andalucía obviamente dependía de encontrar una vía para reducir la conmoción”).

 

La conquista de Granada

La campaña – En septiembre de 1481, Otranto es reconquistado de los turcos y pasa nuevamente a manos cristianas. Llegado el final de este mismo año, los musulmanes granadinos se dan a la tarea de hacer incursiones en varios lugares cercanos a Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia. En vista de estas incursiones, Isabel y Fernando deciden que es tiempo de iniciar la ofensiva en una guerra de gran escala para conquistar Granada. En esta tarea, se adelanta Rodrigo Ponce de León (Marqués de Cádiz), quien por propia iniciativa toma Alhama el 27 de febrero de 1482. Luego Isabel y Fernando, la primera desde la retaguardia apoyando toda la logística necesaria para la guerra y el segundo participando en el frente de los combates, a lo largo de los años siguientes van conquistando territorio tras territorio que se encontraba en poder de los musulmanes árabes, entre otros: Alora (1484); Ronda y Marbella (1485); Malaga (1487); Vera, Velez-Blanco y Velez-Rubio (1488); y Baza (1489).

Los problemas de sucesion en la dinastía musulmana – El éxito de los reyes católicos en sus labores de conquista de territorios en poder de los árabes, se potencia por los problemas internos que se producen en en el seno de la dinastía musulmana reinante en Granada: Abu al Hassan muere y su hermano El Zagal asume el mando, pero comienzan las disputas por la sucesión encabezadas por Abu Abd Allah (también conocido como Boabdil), hijo del monarca fallecido con Zoraya, una cristiana conversa al islamismo, quien más tarde se reconvierte al cristianismo. En uno de los combates Boabdil es capturado y los reyes católicos lo liberan a cambio de su promesa de cooperar con ellos en su campaña. Isabel comisiona a Gonzalo Fernández de Córdoba para que ayude a Boabdil e impida el paso de El Zagal a Granada, donde Boabdil es declarado rey. Boabdil promete a Isabel entregar Granada a cambio de territorios en manos de El Zagal. Al final de 1489 éste se rinde en Almería, vende sus propiedades y huye para siempre al Norte de África (hoy Marruecos).

 Los Reyes Catolicos toman Granada

Toma de Granada por Isabel y Fernando – Durante los años 1490-91 los reyes católicos sitian Granada, la cual finalmente se rinde. Isabel y Fernando toman Granada el 2 de enero de 1492 y Boabdil  parte para Africa del Norte (hoy Marruecos). De esta huída circula la leyenda, de que al ver a su hijo llorando, Zoraya, su madre, le habría dicho: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. Downey destaca que en el acuerdo firmado entre las partes para la rendición, se le dió a los musulmanes el derecho de seguir con su casa y posesiones, vivir conforme a la ley Sharía y emigrar al Norte de Africa con los gastos pagados por la corona española, siempre que así lo hiciesen dentro de los próximos tres años, pudiendo conservar su fe sin tener que convertirse al crtistianismo. Los judíos residentes en Granada fueron sometidos a las mismas condiciones de los musulmanes, durante los primeros tres años, después de lo cual tenían que emigrar si no se convertían al cristianismo. Adicionalmente, éstos no podían actuar como recolectores de impuestos ni tener a su cargo musulmanes. Algunas de estas condiciones son modificadas más tarde por Fernando e Isabel de manera unilateral, como se verá en el próximo artículo.

Según cuenta la autora, la victoria de los reyes católicos sobre Granada les mereció amplia y merecida reputación ya que fue el más importante triunfo de la cristiandad sobre los musulmanes, desde la caída de Costantinopla en mano de los turcos, fama que Fernando no dudaría en capitalizar más tarde en su propio beneficio. Ésto, porque en un libro que circuló profusamente en Europa, donde se narraban los hechos relacionados con la campaña para la conquista de Granada, sólo se le otorga crédito a Fernando mientras se omite el nombre de Isabel…

 

Algunos breves comentarios

Un paisano en el camino del papado – No se puede dejar de ver la afortunada coincidencia que se Sixto IVprodujo en el tiempo, entre el inicio de la gestión de los reyes católicos, Isabel y Fernando, y los pasos que se encontraba dando su paisano, Cardenal Rodrigo Borgia, en el camino que lo llevaría a ser electo como el Papa Alejandro VI algunos años más tarde. La desesperada situación en que se encontraban los reyes católicos, de obtener una dispensa del entonces Papa Sixto IV, con el fin de legitimar su matrimonio y a Isabel, su primera hija, hacían que su apelación al entonces cardenal Borgia resultara casi como algo natural. Tanto, que uno pudiera encontrar aquí un claro ejemplo para la aplicación del viejo dicho, según el cual, “la ocasión la pintan calva”. Sinembargo, este gran favor prestado a los reyes católicos por Borgia, como los designaría él mismo durante su papado, no dejó de proporcionar a éste pingües beneficios que se tradujeron en títulos u honores otorgados a algunos de sus hijos por los reyes, cuando no en gestiones tendentes a facilitarles la celebración de beneficiosos matrimonios con miembros de la nobleza española, especialmente de la rama de Aragón. Ciertamente, la relación de Isabel y Fernando con Rodrigo Borgia fue larga y fructífera para ambas partes, pero no dejó de plantearle a la primera serios conflictos de conciencia, al enterarse más tarde de hechos licenciosos en la vida del Papa Alejandro VI que se encontraban seriamente reñidos con una sana conducta cristiana. Por esta razón, Isabel, a través de sus embajadores en el Vaticano, no dejaría  de formularle claros cuestionamientos al entonces Papa Borgia, Alejandro VI, según lo narra la autora y reseñaré en el próximo artículo.

Golpe de estado o estado de necesidad? – En mi opinion de simple lector, la tesis de Downey, al considerar que la coronación de Isabel como reina de Castilla obedeció a un plan preconcebido que configuró un golpe de estado, merecería una segunda reflexión. Efectivamente, la legitimidad de Isabel como única hermana sobreviviente de Enrique IV nunca fue cuestionada, y éste la había declarado su heredera, de lo cual sólo se arrepintió cuando la primera se casó con Fernando sin su autorización. De manera, pues, que la vocación de Isabel, para acceder de manera legítima al reino de Castilla, a la muerte de su hermano Enrique IV, no era algo que podia atribuirse a una infundada ambición, sino que tenía respaldo en elementos factuales desarrollados en el seno de la misma dinastía fundada por su padre, el rey Juan II de Castilla. En cambio, lo que sí existía al momento en que fallece Enrique IV, era una real conspiración para dar un verdadero golpe de estado, esta vez organizado por el rey Alfonso V de Portugal. Mediante esta última conspiración, Alfonso V pretendía apoderarse del reino de Castilla casándose con Juanita, cuya legitimidad como hija del fallecido Enrique IV había sido largamente cuestionada, sin que éste adoptara una actitud firme, inequívoca y sin altibajos afirmando dicha legitimidad. Ante esta conspiración de Alfonso V, las acciones emprendidas por Isabel para acceder a la corona de Castilla constituían actos de conservación de la propia dinastía fundada por su padre, Juan II de Castilla, por cuanto existía la necesidad de evitar que el soberano de un país extranjero como Portugal se apropiara de dicha corona. Este estado de necesidad se ponía mayormente en evidencia, en el hecho de que Juanita apenas contaría con 12 años de edad al momento de casarse con el rey Alfonso V de Portugal, y sería éste quien estaría llamado a ejercer efectivamente el reinado de Castilla. En mi opinion, la necesidad de evitar que esta conspiración de Alfonso V de Portugal se hiciera efectiva, fue lo que le dió al plan de Isabel para convertirse en reina de Castilla, la racionalidad y sentido de oportunidad que le mereció el apoyo prestado por un importante contingente de los nobles, el pueblo y demás fuerzas vivas de dicho reino, durante y a raíz de su coronación.

La guerra con Portugal, una buena práctica para lo que venía – Aunque la guerra con Portugal no tuvo la intensidad y duración que luego tendría la campaña para la conquista de Granada, puede decirse que, aún sin proponérselo, la primera sirvió a Isabel y Fernando para comenzar a prepararse para la segunda. En efecto, la guerra con Portugal requirió no sólo la necesidad de hacer un inventario de las tropas con que contaban los reyes católicos y el tipo y magnitud del parque de armas disponible, sino también emprender las labores para organizar la logística que se requeriría para servir de apoyo a los ejércitos destacados en el frente donde se desarrollaban las batallas. Igualmente, contribuyó decididamente a aglutinar las lealtades de los nobles y demás gentes que pertenecían a la jurisdicción del reino, para asegurar su compromiso en las difíciles tareas que tenían planteados los reyes durante la guerra. Finalmente, la guerra con Portugal permitió dibujar con nitidez una división del trabajo que correspondería a cada uno de los reyes, la cual se mantuvo también indeleble durante la campaña de conquista de Granada. Conforme a esta división, correspondieron a Fernando las labores de presencia en el frente de los combates y a Isabel la importante labor de asegurar desde la retaguardia (aunque en no pocas oportunidades también se apersonó en el frente…), los elementos de logística, incluidos los atinentes a la provision de armas y municiones, alimentos, cobijo y medios de movilización, aspectos éstos donde cada rey asumió con entereza, disposición y responsabilidad, el ejercicio cabal de las funciones a su cargo, como bien lo destaca Downey en su singular libro.

La amenaza turca en la estrategia de la campaña por la conquista de Granada – Luego de la toma de Otranto, Nápoles, por los turcos musulmanes en 1480, los rumores de una posible invasión de éstos a España, para apoyar a los árabes musulmanes en Granada no se hicieron esperar. Ésto llevó a los reyes católicos, como bien lo destaca Downey, a desarrollar una estrategia para la campaña de conquista de Granada, en la cual se erigió como objetivo prioritario, la toma de aquellos territorios en poder de los árabes musulmanes localizados en el sur de España, a lo largo de la costa del Mar Mediterráneo. La racionalidad de este objetivo aparecía de bulto, ya que cualquier invasión turco-musulmana a España muy probablemente se realizaría por vía maritima utilizando como cabeza de puente algunos de dichos territorios. Esta estrategia fue aplicada de manera progresivamente impecable por Isabel y Fernando, tomando estos territorios, incluidos los de Marbella, Málaga y Almería, con lo cual le restaron posibilidad a la amenaza de invasión turco-musulmana a través del Mar Mediterráneo. Ciertamente, esta invasión turco-musulmana a España al final nunca se produjo, pero una vez tomados dichos territorios, los reyes católicos pudieron dedicar el mayor número de tropas y esfuerzos a sitiar y conquistar Granada, donde se encontraba el centro del poder árabe-musulmán, lo cual exitósamente hicieron durante los años 1490 y 1491.

La familia, primero que todo – Uno no puede dejar de admirar, la disposición de Isabel, en el medio de las guerras donde tuvo papel protagónico, a dedicarse al cuidado y educación de los hijos habidos en su matrimonio con Fernando. Es cierto que Isabel disponía de un buen número de personas que la ayudaron en estos empeños, pero en lo esencial, la reina siempre se encargaba de supervisar y hasta de ocuparse directamente de estas funciones si el tiempo así se lo permitía. Por ejemplo, un aspecto en el cual Isabel puso especial cuidado fue en el de proveer a sus hijos con una buena educación en el aprendizaje de varias lenguas, incluido especialmente el Latín, idioma éste que utilizaban las cortes europeas en las relaciones diplomáticas. Según lo destaca la autora, este hecho, unido a las importantes gestiones realizadas por Isabel para concertar los matrimonios de sus hijos con miembros de otras cortes europeas, ponían de manifiesto su interés en crear conexiones de interés mutuo que dieran lugar a benificiar su linaje y descendencia con la expansión a otras latitudes y territorios. Un aspecto, enfatiza la autora, donde al final resultó premiada por el hecho de que en la hora presente, luego de más de quinientos años de su muerte, muchos miembros de cortes europeas registran parentesco o descienden del linaje fundado por los reyes católicos.

inquisicionCon la inquisición hemos topado – He dejado para comentar en último lugar, el tema de la inquisición española. Poco hay que agregar a la notable exposición que realiza Downey al respecto en su brillante biografía de Isabel. Ciertamente, la inquisición española y toda su crueldad en aquella época constituye sin duda una mancha mayor en la vida de Isabel, aún cuando algunos tratan de hacer su descargo atribuyéndole el principal peso de la responsabilidad en este aspecto a Fernando, materia que correspondería dilucidar en otro foro. Algunos dirán que la inquisición fue un alto precio pagado durante 300 años por el cristianismo para eliminar la intolerancia religiosa, la cual ha sido sustituída por un predominante clima de libertad religiosa en el mundo occidental presente. El problema es que la intolerancia religiosa lejos de extinguirse ha sido erigida en la época que vivimos en bandera de guerra en el seno de algunas religiones, como es el caso del islamismo, por parte de sectores extremistas que exterminan y amenazan con asesinar a personas que profesan otras religiones. Es como si el espíritu depredador e intransigente que inspiró a Mehmed II para conquistar a sangre y fuego a Costantinopla y a algunas otras regiones de la Europa cristiana en el siglo XV, se hubiera posesionado de las fuerzas extremistas que en nuestra era bajo el signo del Estado Islámico y otras organizaciones terroristas, cometen abominables y criminales atentados como el que se llevó a cabo recientemente en París. Entonces, parece haber llegado el tiempo para que el mundo civilizado, y me refiero a países donde se profesa el cristianismo, el islamismo o cualquier otra religión, en un clima de tolerancia religiosa, pongan coto a los sectores extremistas que pretenden resucitar el clima de odio religioso que predominó en el siglo XV, donde se desarrolla la vida de Isabel, la reina guerrera, biografiada por Kirstin Downey, en el libro que hoy tenemos el gran placer de reseñar y comentar.    

 

En pocas palabras, Isabel, la reina guerrera (Isabella, the Warrior Queen), una singular biografía de Kirstin Downey, que recomendamos ampliamente leer, no sólo para conocer el contexto histórico donde discurrió la apasionante vida de uno de los personajes más importantes de España, sino también para que, guardando las distancias y diferencias, nos permita iluminar el camino en la consideración de  posibles escenarios que podrían sucederse en lo que resta del siglo XXI en temas afines. En el tercer artículo finalizaremos la reseña de esta importante obra, acompañada de breves comentarios. Veremos….






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