Opinion

enero 5, 2014

Sobre dictaduras y dictadores (I) Miguel Bolívar Chollet

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Written by: analisislibre
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Miguel Bolívar Chollet *

En la actualidad, cuando se habla de “dictadura” se hace referencia a un régimen definidamente autoritario o totalitario que, en su funcionamiento, prescinde del ordenamiento jurídico precedente y/o construye uno a su medida para ejercer el dominio sobre los individuos, así como sobre las instituciones. Es una forma de gobierno en la que el poder se concentra en un grupo o en una persona a quien se designa como “el dictador”. Si usamos una teoría del Estado para analizar las dictaduras, no sería absurdo concluir que el Ejecutivo es el poder al cual se supeditan los otros poderes. Son varios los tipos de dictaduras. Las hay fascistas, comunistas, o populistas con una “melange” enmarañada de acomodos ideológicos. En todas, es el Ejecutivo el poder dominante.

La definición original de dictador y de dictadura se remonta a la época del Imperio Romano (aproximadamente unos cinco siglos antes de Cristo), aunque sus funciones y rasgos no eran iguales a los que modernamente se les atribuye a los dictadores. En aquellos tiempos imperiales la dictadura era una forma extraordinaria y sui géneris de gobierno cuyo cargo principal –el de dictador– era otorgado a un individuo por un grupo representativo de ilustres miembros del Senado. La referida función, en consecuencia, dependía de una decisión del Senado el cual calificaba las circunstancias o determinaba la naturaleza de la situación que exigía el establecimiento de la dictadura. Normalmente se trataba de una situación crítica o una emergencia de tal gravedad que requería la designación de un dictador. Por ej., una declaración de guerra, una emergencia económica o una crisis política.

La vigencia del mandato omnipotente del dictador romano se limitaba a un período de seis meses (o menos) al final de los cuales o de la terminación de la contingencia con base en la cual fue designado, el dictador cesaba en sus funciones. En las situaciones de suprema urgencia, la autoridad del dictador podía crecer en proporción a la gravedad de los acontecimientos. Esto es, podía declarar la guerra, negociar la paz y hasta podía decretar sentencias de muerte o conceder el perdón en los casos de una pena máxima. Hubo, sin embargo, coyunturas históricas en las que el dictador debía someterse a ciertas restricciones en el ejercicio de su mandato. Por ejemplo, no podía disponer discrecionalmente del tesoro público. El uso de los recursos dinerarios estaba sujeto a la autorización del Senado y además, el dictador estaba obligado a rendir cuentas al desaparecer las incidencias que motivaron su designación. De igual forma, el Senado, a través de tribunos o de ciudadanos seleccionados, podía ejercer una suerte de contraloría política para evitar los excesos, desviaciones o perversiones en el ejercicio del mandato dictatorial.

En pocas ocasiones la duración de una dictadura superó los seis meses establecidos por la ley. Tal circunstancia aconteció, por ejemplo, con la instauración de la dictadura de Julio César como resultado de la pugna con Pompeyo. Entonces, César solicitó al Senado la ampliación de los poderes dictatoriales hasta por el periodo de un año. Sin embargo, al final de las guerras púnicas y de las guerras macedónicas, Roma, después de salir victoriosa en esas confrontaciones, se convirtió en el poder dominante en toda la región mediterránea. Como consecuencia de esas circunstancias, el cargo de dictador fue abolido por el riesgo de que pudiera convertirse en un poder desmedido y aberrado difícil de controlar sobre todo si se concentraba en una sola persona.

Podríamos seguir con la caracterización de la figura del Dictador en tiempos del Imperio Romano, sin embargo, baste con decir que se trataba de un poder absoluto, pero con ciertas restricciones y límites establecidos por la ley. Era, por decir lo menos, una verdadera antítesis pero que funcionaba. Era algo diferente a las dictaduras que hoy existen o que han existido al menos durante los últimos cien años. Hitler, Mussolini, Stalin, Lukashenko, Kim Il Sung, Idi Amin, Sadam Hussein, Duvalier, Somoza, Trujillo, Stroesner, Mugabe por solamente mencionar unos poquísimos nombres son algunos a quienes tanto las opiniones eruditas como las vulgares, les han acuñado la calificación de dictadores. Todos ellos, en mayor o menor grado, no tuvieron restricciones ni reservas para ejercer el poder de manera autoritaria y totalitaria. Sin embargo, sería enteramente improcedente aplicar los criterios derivados de la tipificación de los dictadores romanos a cualquiera de los nombrados. Para comenzar, ahora los dictadores no renuncian a tal condición por acatamiento a lo dispuesto en un ordenamiento jurídico. La mayoría de los dictadores deja el cargo ya sea por un levantamiento militar o cívico-militar que lo expulsa del poder o porque la muerte interrumpe su mandato.

En la próxima entrega, a partir de las experiencias recientes –y de otras no tan recientes– abordaremos lo que pudiera constituir el arquetipo moderno de las dictaduras y su relación con la cultura política que las rodea.

* Profesor Titular Jubilado de la UCV y Doctor en Ciencias Sociales (Mención Estudios de Población).






One Comment


  1. Ximena Calderón Baltierra

    Lamento profundamente la sensible pérdida de tan brillante, inteligente y sensible hombre con fecha 17 de Mayo – ojalá hubiese más gente con la capacidad de amar que él tuvo, la capacidad de analizar con precisión y transmitir la información con tan abrumadora exactitud, casi que uno se imaginaba cada frase que él mencionaba.
    Sin duda es una pérdida irreparable



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