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noviembre 2, 2015

Isabel, la reina guerrera, un libro de Kirstin Downey (I)

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Written by: analisislibre
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Isabel La Católica, cuadro Juan Antonio Morales

 

En pocas palabras. Javier J. Jaspe

Washington D.C. / analisislibre.org

 

En el verano de este año tuve la grata oportunidad de leer el libro de Kirstin Downey titulado: ISABELLA The Warrior Queen (Isabel, la reina guerrera), Nan A. Talese/Doubleday, 2014, 520 pages. Sin duda, una muy completa biografía de uno de los personajes más importantes de la historia de España, la cual viene a llenar un vacío que frecuentemente tenemos algunos lectores latinoamericanos en nuestra formación intelectual, ya que nuestro conocimiento de la reina Isabel (en lo adelante: Isabel) generalmente se concentra principalmente en el papel que la relaciona con el descubrimiento de América por el Almirante Cristobal Colón, de cuyo hecho se conmemoró un año más el pasado 12 de octubre.

Downey es también la autora del libro The Woman Behind the New Deal, el cual fue una obra finalista en el 2009 Los Angeles Times Book Prize, y fue uno de los escritores del New York Times best selling: Financial Crisis Inquiry Report. Previamente. fue un miembro del staff de The Washington Post, donde compartió el 2008 Pulitzer Prize por la cobertura que hizo de los hechos del Virginia Tech shootings. Así mismo, se desempeñó como Nieman Fellow at Harvard University en 2001.

La investigación reflejada en la obra que reseñamos es vasta y profunda, por lo que los lectores comprenderán que se requerirían muchas páginas para hacer referencia a los multiples e interesantes aspectos a que la misma se contrae. Por tanto, a pesar de que he optado por hacer una reducida selección de aquellos que considero más relevantes, mucho me temo que serán necesarios al menos tres artículos para hacer una apretada cobertura de tales aspectos, acompañada de algunos breves comentarios. A este efecto, en este primer artículo me referiré a algunos hechos que se relacionan con el  nacimiento de Isabel, o que le precedieron en el tiempo, así como a otros que transcurrieron después de dicho nacimiento hasta el momento en que contrae matrimonio con Fernando de Aragón. Veamos.

Kirstin Downey (Vimeo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                           Kirstin Downey   (Vimeo)

Nacimiento, padres y hermanos

Para la autora, como resultado de su investigación, Isabel nació probablemente el 22 de abril de 1451 en Madrigal de Las Altas Torres. Sus padres fueron Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, con quien el primero casó en segundas nupcias, luego de la muerte de su primera esposa, María de Aragón, hecho que algunos atribuyen a un envenenamiento promovido por el entonces favorito de la Corte, Alvaro de Luna. Como resultado de estas dos uniones matrimoniales, Isabel tuvo dos hermanos: Enrique, hijo del primer matrimonio de su padre, y Alfonso, nacido en 1453, hermano de padre y madre.

Juan II, el padre de Isabel reinó hasta 1454, año en que murió luego de haber hecho ejecutar a Alvaro de Luna el año anterior, situación que al parecer lo deprimió mucho. A consecuencia de la muerte de Juan II, su esposa, Isabel de Portugal, se entristeció profundamente y se recluyó en sus habitaciones cuando no se la pasaba vagando y viendo lejos, absorta y como si hubiese perdido el espíritu. Algunos dicen que ésta se sentía espantada por Álvaro de Luna, escuchando sus quejidos de alma en pena envueltos en viento durante noches amargas.

Juan II fue sucedido en el trono, como Rey de Castilla, por su hijo mayor, quien reinó como Enrique IV de Castilla, calificado por algunos historiadores como homosexual y llamado también “Enrique el impotente”. Énrique IV, quien tuvo como favorito por un largo tiempo a Juan Pacheco, se casó en primeras nupcias con Blanca de Navarra, matrimonio que fue anulado y de quien no tuvo hijos, y en segundas nupcias, con Juana de Portugal. De esta última unión nació una hija de nombre Juana (también llamada Juanita), cuya paternidad fue atribuida por algunos a Beltrán de la Cueva, sucesor de Juan Pacheco en los favores de Enrique IV, por lo que es igualmente conocida como Juana La Beltraneja.

Hechos relevantes antes del nacimiento de Isabel

La autora hace una muy amplia relación de hechos mediatos o inmediatos anteriores al nacimiento de Isabel, incluidos aquellos de carácter religioso que luego tendrían repercusión a la hora de forjar el carácter de Isabel como reina de Castilla y su resolución de velar por el respeto y expansión de la fe católica.

Tres grandes religiones monoteístas – Entre los hechos mediatos destacan la formación de las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, las cuales dieron lugar a un importante número de seguidores, cuyas relaciones se tornarían criticas y tendrían amplia repercusión en la historia de España, especialmente a raíz de ser ésta objeto de la invasion que harían contingentes musulmanes a comienzos del siglo VIII. Los cristianos sentían que los judíos eran culpables de la crucifixion de Cristo, lo cual éstos negaban atribuyéndole la responsabilidad a los romanos, mientras el islamismo se proponía arropar al judaísmo y el cristianismo, declarando a Moisés y Cristo como profestas musulmanes.

Influencias de Grecia y Roma – Igualmente, en la obra se incluyen referencias a las influencias de Grecia (Isabela se sentía descendiente de Hércules y luego del matrimonio con Fernando se preciaba de ser Duquesa de Atenas) y Roma, especialmente de esta última ya que Hispania fue declarada una provincia romana en el año 38 a.c. y por los primeros 6 siglos de la era cristiana su historia aparece interconectada con la del imperio romano. Así se indica, que por un largo tiempo estas influencias tuvieron reflejo en la formación de ciudades españolas como Arévalo, Segovia, Ávila y Salamanca, tanto en sus instituciones como en las construcciones de casas de patio interno con habitaciones alrededor, y en la adoración de signo politeista que incluía el culto a dioses griegos y romanos, hasta que Constantino en el año 313 d.c. hizo permisible la religion Cristiana e inaguró el periodo de colaboración Estado-Iglesia que se mantuvo por un largo tiempo. Este movimiento de Constantino habría dado lugar a 5 principales localidades religiosas cristianas:  Antioquía,  Jerusalén, Alejandría, Roma y Costantinopla, convirtiéndose así el Cristianismo en la primera religión en Europa, el cercano Oriente y África del Norte.

División del imperio romano y la Cristiandad – A finales del siglo IV d.c se produjo la división del imperio romano en dos partes: Este, el cual comprendía los territorios de Grecia, Macedonia, Turquía, Siria, Palestina y Egipto, capital Constantinopla, asiento del Imperio Bizantino; y Europa occidental, con los territorios que en la actualidad pertenecen a Italia, Francia, España, Portugal, Inglaterra y el norte de África, con su capital religiosa en Roma. Con el tiempo, las dos ramas de la cristiandad se distanciarían y desarrollarían diferencias doctrinales. La iglesia ortodoxa en Costantinopla se vio a sí misma manteniendo las antiguas tradiciones cristianas, mientras en Europa occidental, incluida España,  dominaba la iglesia católica romana con una mayor apertura en el campo doctrinal.

Llegada de los Visigodos a España – La fragmentación ocurrida en los territorios de Europa occidental, tan dados a contiendas entre diferentes monarcas y otros nobles en una pugna por el poder y la extension de sus dominios, con sus efectos en término de decadencia, desintegración y corrupción, dió pie a las invasiones de las tribus germánicas que se sucedieron durante el siglo V d.c. En esta oleada invasora los Visigodos llegan a España, a la cual dominan estableciéndo su capital en Toledo. Los Visigodos trajeron consigo otro estilo en construcciones y un nuevo aporte racial que la autora destaca, ya que eran de cabello rubio y de ojos azules. Isabel se preciaría de ser descendiente visigoda y dedicaría largo tiempo de sus lecturas a estudiar la parte relacionada con este período en la historia de España.

Visigodos y judíos – Por ejemplo, en dicho periodo se destacan los conflictos que se generaron entre los Visigodos y la abundante población judía que éstos encontraron a su llegada a España. Los judíos venían de sufrir persecución de los romanos y se habían dispersado desde bien temprano de la era cristiana por los territorios cercanos al Mar Mediterráneo, estableciéndose especialmente en España, donde prosperaron y despertaron el celo y antisemitismo de los Visigodos. En   el siglo VII se dictaron leyes para estipular la expulsion o la conversion de los judíos y a comienzos del siglo VIII se ordenó esclavizarlos y se les prohibió casarse. Aunque al parecer estas leyes no fueron implementadas con firmeza, o los judíos se convirtieron al cristianismo por conveniencia, el movimiento antisemitista de los Visigodos puede verse como un antecedente importante de la actitud que adoptarían los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, durante su reinado, según se verá más adelante.

Nuevas invasiones a Europa occidental – Ante la desorganización y debilidad demostrada por los reinos establecidos como consecuencia de las invasiones germánicas a Europa occidental, incluida la de los Visigodos a España, se produjeron condiciones propicias para nuevas invasiones a sus territorios al comienzo del siglo VIII d.c. En esta ocasión, las invasiones serían principalmente de una doble procedencia. En primer término, las que provinieron de los llamados pueblos vikingos localizados en los territorios de Islandia, Groenlandia y Escandinavia, quienes invadieron y pillaron, entre otros, los territorios de Inglaterra, Francia e Irlanda. Por otra parte, y de mayor interés para la presente reseña, la invasion de España por los musulmanes en el año 711 d.c.

Invasión de España por los musulmanes – Nótese que los musulmanes, siguiendo el mandato del profeta Mahoma (todas las regiones deberán ser sometidas por mis seguidores…), venían de realizar una fuerte expansion en otras tierras. Así, por ejemplo, éstos habían tomado la parte occidental de la peninsula arábica , luego Siria en los 630s d.c. y Egipto en el año 642 d.c. Es decir, ocuparon la mitad de la parte sur del Imperio Bizantino, aprovechando que quienes gobernaban a éste se encontraban cansados al haberse desgastado en su Guerra con Persia. Al ser el Islamismo desde sus orígenes una religión de conquista y colonización, la referida expansion habría traído a sus seguidores, riqueza, mujeres, esclavos y nuevas tierras.

Según expresa la autora, basada en lo dicho por el historiador árabe, Ahmad  ibn Muhammad Al-Maqqari, dos barcos saquearon a Andalucía y volvieron con la historia de haber encontrado una tierra maravillosa, fertil, riquísima, con agua abundante y cerca de África del Norte, lo cual motivó a captar muchos voluntarios, principalmente de origen berebere, para tomarla realizando varias invasiones. Entre los jefes de estas expediciones se mencionan a Tarif Abu Zarah y principalmente a Tarik ibn Zeyad, cuyo nombre habría dado origen al nombre de Gibraltar, el estrecho por donde entraron (Jabal Tarik: la montaña de Tarik).

Musulmanes y visigodos – Aunque la autora no abunda mucho en detalles sobre la invasion y conquista de España por los musulmanes arabes y bereberes, no deja de señalar que éstos acabaron con la cultura visigoda. Roderico, el rey visigodo de entonces, tenía fama de incapaz e impopular, razón por la cual uno de sus rivales visigodos se habría unido con los musulmanes facilitándoles sus labores de conquista, las cuales habrían incluido pillajes, asesinatos,  captura de esclavos y hasta la destrucción total de ciudades.

Como consecuencia de estas invasiones, Roderico resultó muerto y sus tropas se pusieron en desbandada, incurriendo los musulmanes en no pocos actos de gran crueldad (a varios prisioneros cristianos los cocinaron en una hoguera…) para infundir miedo entre la gente y facilitar la conquista de las ciudades españolas, tales como Córdoba y Elviria. Estas ciudades, luego de conquistadas las habrían dejado en custodia a los judíos en compañía de pocos musulmanes, para seguir avanzando en la conquista de otras. Esta franca colaboración de los judíos con los musulmanes parece haber sido producto de un sentimiento de revancha en contra de los Visigodos, por los malos tratos recibidos de éstos, según lo comentado arriba.

Isabella

Cristianos, judíos y musulmanes – Al decir de Downey, muchos cristianos y judíos vivían en las ciudades dominadas por los musulmanes, donde se les permitía profesar su religion a cambio del pago de impuestos. Otros se convirtieron al islamismo, aunque no pocos por conveniencia. En general, se dice que los judíos habrían disfrutado de mejores tiempos bajo los musulmanes, que aquellos abusivos soportados bajo los visigodos, viviendo una época dorada en literatura, ciencia, medicina y poesía. A cambio, los judíos habrían ayudado a los musulmanes, pues su concurso les hizo la tarea de conquista y administración de las ciudades cristianas más fácil. Ésta conducta habría motivado que los cristianos se sintieran resentidos y unieran su encono contra los judíos, al que ya sentían por el tratamiento de los mártires en tierra santa. Se dice que durante un tiempo, los musulmanes habrían guardado tolerancia y las tres religiones convivieron, pero en la última parte del siglo X las tensiones crecieron, cuando  Abu Amir Al-Mansur la emprendió en contra de los cristianos, realizando ataques a las Iglesias y otros sitios religiosos.

Nirvana religioso? – Sinembargo, algunos autores citados por Downey, como es el caso de Darío Fernández Morera, sostienen que la existencia de una especie de nirvana religioso en algún momento es infundado, pues la verdad es que los musulmanes habrían perseguido todo el tiempo a los cristianos y saqueado o quemado muchas ciudades, entre otras, a Zaragoza, Osma, Zamora, León,  Astorga, Coimbra,  Santiago de Compostela y Barcelona, asesinando a sus pobladores cuando no esclavizando el resto, o imponiéndoles el uso de distintivos como más tarde se conoció en los tiempos de Hitler con los judíos. Así, por ejemplo, en 997 d.c. atacaron a Santiago de Compostela, donde reposaba el apostol Santiago y aunque preservaron esta tumba, saquearon iglesias y destruyeron todos los edificios públicos. Igualmente, en el siglo XII expulsaron la población Cristiana de Málaga y Granada hacia Marruecos.

Trato de la mujer luego de la invasion musulmana – Los musulmanes vivieron en España conforme a sus costumbres y tradiciones, incluido el trato injusto que daban a las mujeres, hasta degradarlas y usarlas como un objeto de propiedad de los hombres, aspecto que más tarde le preocuparía a Isabel y la estimularía con más ahínco a emprender la guerra por la conquista de Granada y los demás territorios en poder de los musulmanes. Además, la actitud de los hombres musulmanes, quienes podían tener hasta 4 esposas, habría traído aparejada la aparición y multiplicación de harenes bajo la custodia de eunucos. La autora menciona que Abd Al-Rahman, regidor de Granada en su época dorada, tuvo 6.300 mujeres en su harén y dejó 200 hijos (150 hombres y 50 mujeres).

Presencia musulmana en España al nacimiento de Isabel – Según se cuenta, el avance musulmán en Europa occidental fue detenido en las fronteras con Francia, luego que Carlos Martel derrotara a los árabes en 732. Por su parte, el visigodo Pelayo inició bien pronto la lucha por la reconquista de las ciudades españolas en poder de los musulmanes en 722, creando el principado cristiano de Asturias, quedando la oposición cristiana reducida a esta última y Galicia. Poco a poco, las fuerzas cristianas, mediante la union de Estado e Iglesia, fueron avanzando hasta recuperar las ciudades que se encontraban en manos de los musulmanes. Al tiempo en que nace Isabel, quien se creía descendiente directa del visigodo Pelayo y heredera de su misión para expulsar a los musulmanes de España, la dominación islámica se había reducido mayormente a la provincia de Granada.

Después del nacimiento de Isabel y hasta su matrimonio con Fernando de Aragón

La caída de Constantinopla

Sin duda, uno de los hechos de mayor repercusión en la historia relacionada con la vida de Isabel fue la caída de Costantinopla en manos de musulmanes turcos capitaneados por Mehmed II,  el 29 de mayo de 1453, es decir, cuando la primera contaba apenas sus escasos dos años de edad. Este hecho y las otras labores de conquista que emprendería Mehmed II para expandir el Imperio Otomano, le servirían a Isabel años más tarde como imagen inspiradora, por no decir aterradora, para fortalecer su espíritu de lucha, en la guerra que emprendería junto con su esposo Fernando de Aragón, con el fin de conquistar Granada y expulsar a los musulmanes de España.

La conquista de Costantinopla le habría resultado fácil a Mehmed II, ya que las fuerzas cristiano-bizantinas sólo disponían de 7.000 defensores frente a los 80.000 hombres comandados por el emperador turco. A esta desigualdad se sumaba que los europeos cristianos de occidente tampoco prestaron su apoyo a Costantino XI, el ultimo emperador cristiano-bizantino, ya que, al parecer, todavía estaban resentidos por el cisma del imperio romano ocurrido hace casi diez siglos. De tal forma que, entre otras atrocidades, Costantinopla fue saqueada y pillada a voluntad por los musulmanes turcos, muchos cristianos fueron asesinados cuando no esclavizados, y 120.000 libros y manuscritos antiguos fueron vilmente quemados. En sus reflexiones más tarde, la caída de Costantinopla fue para Isabel el augurio de cosas peores y para Alonso de Palencia, citado por la autora, fue una catástrofe que podia traer la exterminación del cristianismo.

Isabel: niñez y juventud  

La autora sostiene que en su niñez Isabel no se hacía notar. Su presencia en los actos de la Corte de Castilla era discreta, como si estuviese viviendo en las sombras. Su hermano mayor, ahora como Enrique IVde Castilla, no le dispensaba mayores cuidados, ya que concentraba casi toda su atención en Juan Pacheco, su favorito, y en el cuidado de los asuntos relacionados con sus primos aragoneses, a quienes veía como empeñados en querer ponerle la mano a Castilla. El ambiente de su reinado también se encontraba bastante complicado con el aumento de los crímenes y con los pleitos que se suscitaban entre nobles en tierras de su jurisdicción. En general, las relaciones de Enrique IV con la mamá de Isabel, la reina viuda, así como con Isabel misma y su hermano Alfonso, eran tensas y se debatían en una mezcla de amor frío, resentimiento y posible miedo a que éstos fuesen de alguna forma a significar algún peligro para su reinado.

Ante su poco interés en los asuntos de la Corte y la reclusión voluntaria por la que había optado su madre, Isabel se refugia en la devoción hacia la iglesia católica, haciendo girar su vida alrededor de los diversos actos de ésta: misas, rezos, bautizos y primeras comuniones, rosarios, o celebraciones diarias de santos. Ello trajo aparejado que Isabel generalmente se encontraba rodeada de cléricos, ya que la corte de Castilla era itinerante y el cuidado de las casas donde llegaban a residir los nobles eran cuidadas por sacerdotes y monjas, cuando los reyes no estaban. Esta etapa de su juventud la marcó de por vida, ya que siempre se encontraba en disposición de buscar la orientación moral de sus guías espirituales, especialmente de aquellos que demostraban llevar una vida abstemia, humilde y de sacrificios. Tomás de Torquemada, quien luego tendría una actuación destacada durante el reinado de Isabel, se encontraba entre sus confesores. Limpiar y fortalecer la iglesia, purificarla y combatir la corrupción, hacerla crecer y mantenerla sin manchas de herejía, se convirtieron desde temprana edad en parte de las principales metas en la vida de Isabel.

Isabel pasó una buena parte de su juventud y vivió en Arévalo por 7 años, una tierra que estaba casi siempre en Guerra. De esa época es su amistad con Beatriz de Bobadilla, quien le llevaba diez años y prácticamente se convirtió en su hermana mayor. Isabel leía francés e italiano y hablaba castellano y portugués. Más tarde aprendió latín. Entre sus lecturas sentía especial predilección por la vida de Juana de Arco, a quien consideraba un ejemplo de entereza y determinación al servicio de causas nobles que requerían grandes sacrificios. Montaba a caballo, hacía prácticas para mejorar su auto control y se hizo devota de San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Los contactos con su madre se hicieron cada vez más infrecuentes, luego de que Pedro Girón, un hermano de Juan Pacheco, tratara de seducir a la reina viuda, ya que este hecho hizo que ésta se recluyera en sus habitaciones sumida en una gran depresión.

Un marido para Isabel

Candidatos ingleses y aragoneses – Por su parte, las gestiones realizadas por Enrique IV para conseguirle marido a Isabel fueron bastante erráticas. Primero, trató de lograr el matrimonio de Isabel, sucesivamente con dos de los hijos de Juan II de Aragón, primero Fernando y luego Carlos. Más tarde, a raíz de los conflictos suscitado entre Enrique IV y Juan II de Aragón, el primero aceptó ofrecer a Isabel, quien ese momento tenía 13 años, a la corte inglesa, con el fin de que contrajera matrimonio con Eduardo IV, pero dicho intento se frustró, debido a que éste, de manera intempestiva, decidió casarse con la viuda Elizabeth Woodville en 1464.

Candidato portugués – Después, Enrique IV ofreció a Isabel en matrimonio al rey Alfonso de Portugal, a lo cual se opusieron Alfonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, y Juan Pacheco, quienes preferían a Fernando de Aragón y en una carta denunciaron la ilegitimidad de Juanita o Juana La Beltraneja. Ante esta oposición, Enrique IV desiste en su empeño y nombra a su medio hermano, el joven Alfonso, heredero y príncipe de Asturias, a quien, según relata la autora, Juan Pacheco intentaría corromper como también lo habría hecho con Enrique IV en su juventud. En esta época, Enrique IV se aparta de Juan Pacheco y elige a Beltrán de la Cueva, a quien atribuyen la paternidad de Juanita, como su nuevo favorito.

Pedro Girón surge como candidato – Ante su comportamiento débil y errático como soberano, así como por las dudas que se cernían sobre su virilidad y la paternidad de Juanita, el 5 de junio de 1464, Enrique IV es destronado simbólicamente por los nobles en Ávila. Juan Pacheco promete apoyarlo siempre que Isabel se case con su hermano Pedro Girón, a lo cual Enrique IV asiente. Esta unión, con la cual Isabel se muestra rotundamente en desacuerdo, motiva que ella rece y haga penitencia hincada por horas pidiendo a Dios que la libere de este matrimonio. En los días siguientes, Pedro Girón muere de una extraña enfermedad y/o de un posible envenenamiento, muerte que algunos también la atribuyen a un milagro.

Alfonso se rebela contra su hermano Enrique IV – Más tarde, dado que algunos temen por su vida, Isabel es llevada a Segovia, especialmente porque su hermano menor Alfonso, apoyado por Alfonso Carrillo y Juan Pacheco, se rebela contra su hermano Enrique IV. Isabel no duda en apoyar a su hermano Alfonso en esta empresa y se marchan para Arévalo juntos, donde se les une igualmente, Gonzalo Fernández de Córdoba, de mucha significación como amigo y aliado de Isabel en ésta y muchas actividades futuras. Sinembargo, su hermano Alfonso muere el 5 de julio de 1468, a la edad de quince años, mientras se encuentra en camino a Toledo, donde es llamado a interceder en un pleito suscitado entre judíos conversos al cristianismo y cristianos antiguos. Dicha muerte según ciertas versiones habría sido producto de la peste, sin que algunas personas dejen de atribuirla a un posible envenenamiento.

Isabel proclama la paz – Luego de la muerte de su hermano Alfonso, Isabel, quien en ese momento cuenta 17 años, es tentada a seguir la rebelión contra Enrique IV, hasta el punto de que Sevilla incluso la proclamó reina, pero opta por retirarse a meditar. Como resultado de sus reflexiones, Isabel decide ceder en su ambición y anuncia que su deseo es que retornen el reinado a su hermano Enrique IV con el fin de que la paz sea restaurada en Castilla. Asímismo, en su proclama agrega que aunque le desea una vida muy larga a su hermano Enrique IV, si después de que éste muera, se le declara ser la sucesora del reinado de Castilla, lo tomará como el más grande servicio que se le pueda prestar. Enrique IV acepta lo decidido por su hermana Isabel y en agosto de 1468, en Toros de Guisando, ambos se reúnen y acuerdan ciertos terminos, entre ellos, principalmente, que Isabel es la heredera del trono, asignándosele además a ésta de manera inmediata varias propiedades que forman parte de la jurisdicción del reino de Castilla.

Matrimonio de Isabel y Fernando

Hecha las paces con su hermano Enrique IV, surgen otros candidatos a casarse con Isabel. Por el lado de la corte inglesa, aparece el hermano de Edward IV, Richard, más tarde Richard III, quien fuera inmortalizado por Shakespeare en su famosa obra sobre este personaje. Por su parte, Enrique IV y Juan Pacheco insisten en Alfonso de Portugal como esposo de Isabel y a finales de abril de 1469 logran un acuerdo con éste a tal efecto. Isabel, quien no se siente atraída por ninguno de estos candidatos y prefería casarse con Fernando de Aragón, venía negociando secretamente con éste un trato con el apoyo del arzobispo Alfonso Carrillo, el cual es finalizado a comienzos de marzo del mismo año. Como resultado de este acuerdo, primero, se casan por poder, luego de obtener dispensa del Obispo de Segovia por cuanto eran primos en segundo grado, y más tarde lo hacen personalmente el 19 de octubre de 1469. La autora menciona que Fernando viene cargado con dos hijos nacidos antes del matrimonio, ya que era un hombre muy dado a la conquista amorosa y, además, con los títulos de rey de Sicilia y príncipe heredero de Aragón, Valencia y Cataluña.

La reacción de Enrique IV frente al matrimonio secreto de su hermana Isabel con Fernando de Aragón no se hizo esperar. Me referiré a la misma así como a otros desarrollos según se reflejan en la singular biografía escrita por Kirstin Downey en mi segundo artículo.

Algunos breves comentarios

Un siglo marco de expansiones – Leyendo la obra de Downey uno no pueda dejar de observar el curioso paralelismo que se produce en el siglo XV, el cual sirve de marco historico para el inicio de la expansion del Imperio Otomano y del Imperio Español. El primero, bajo inspiración musulmana, catapultado por la toma de Costantinopla por los turcos en 1453, y el segundo como vehículo para la propagación del idioma español y la fe católica, a raíz del descubrimiento de América en 1492. Ambos hechos ocurridos durante la vida de Isabel. Ambos productores de ingentes riquezas y poder que beneficiaron a los respectivos imperios, y cada uno en sus particularidades en cuanto a los términos en que la referida expansion pudo haber beneficiado o perjudicado a los territorios y pueblos conquistados. Ya que ambos imperios han sido sepultados por la historia, por supuesto que correspondería a un serio análisis comparativo determinar estos terminos, pero de manera general al menos en el caso de España, la existencia actual de una region hispanoamericana conformada por países donde mayoritariamente se habla el español y se sigue la fe católica, parece abonar en favor de los esfuerzos iniciados por la reina Isabel de Castilla en el logro de estos objetivos.

Religión, riqueza y poder – Si uno quisiera elegir tres de los factores principales causantes de guerras entre países o dentro de un país, religión, territorio y poder son candidatos a obtener una buena posición en la escala correspondiente, al lado de otros como la obtención de riquezas y esclavos, por ejemplo. Estos factores se correlacionan y a menudo se retroalimentan, por lo que una separación nítida o absoluta de ellos resulta difícil. En nuestra época, con el final de la guerra fría, algunos autores han visto a las guerras religiosas como bastante probables y lo que ha venido ocurriendo en varios países parece estarles dando la razón.

La guerra religiosa de Isabel – Ahora, volviendo a los tiempos de Isabel, a ésta le correspondió capitanear junto con Fernando, una guerra que tuvo en su esencia un carácter principalmente religioso, ya que se proponía restablecer la fe católica en las tierras que fueron invadidas por contingentes islámicos donde antes predominaba la religión católica. Esta última, con motivo de dicha invasión, quedó doblegada, subordinada o apartada, por la adopción de prácticas religiosas musulmanas. Los cristianos fueron asesinados, sometidos a esclavitud, expulsados, obligados a pagar impuestos o a convertirse a la religión islámica, entre otras practicas abominables. La amenaza de que los árabes musulmanes en España sirvieran de cabeza de puente para la expansion turco-musulmana en este ultimo país, constituía un riesgo evidente. Por tanto, guardando las distancias y diferencias, la consideración de lo ocurrido durante la época en que le correspondió a vivir a Isabel debería ser un caso de estudio en la hora presente, para contribuir a iluminar los escenarios de posibles guerras religiosas en el futuro.

Entre primos y parientes – La historia de la vida de Isabel de Castilla y su reinado, así como la de los reinados de su padre Juan II de Castilla y de su hermano Enrique IV de Castilla, es bien representativa de cómo las relaciones familiares con soberanos y cortes de otros reinados, especialmente los de Portugal y Aragón, constituyen una fuente primaria no sólo como cantera para pactar uniones matrimoniales, sino también para generar conflictos que en gran número de casos desembocan en guerras fraticidas que se prolongan por años  y se tornan incluso más sangrientas, como si la pasión familiar encendiera los odios a niveles del afán por la destrucción total del contrario. La historia de Europa es rica en ejemplos donde la lucha por el poder entre primos y parientes ha generado estas guerras, incluso hasta época relativamente reciente, como sucedió con la Gran Guerra de 1914-1918, donde los imperios envueltos (Alemania, Rusia e Inglaterra) eran regidos por personas que ostentaban relaciones familiares. Por su parte, las uniones matrimoniales entre parientes traen consigo la necesidad de la intervención del Papa católico, con el fin de conceder las dispensas del caso, lo cual no deja de plantear ciertos retos y de propiciar ciertas alianzas politico-religiosas, como sucedió con el matrimonio entre la misma Isabel y Fernando, a lo cual nos referiremos en el siguiente artículo de esta serie.

Favoritos tenemos – Un aporte significativo de la biografía escrita por Downey es que no hace concesiones a la hora de referirse a los favoritos y su papel en los reinados que antecedieron al de Isabel y forman parte del periodo historico allí considerado. Así sucede con las referencias que hace al papel jugado por Alvaro de Luna en el reinado de Juan II de Castilla, el padre de Isabel y por Juan Pacheco y Beltrán de la Cueva, durante el reinado de Enrique IV de Castilla, hermano de Isabel. La autora destaca la labor realizada por estos favoritos en la corrupción de los respectivos monarcas y hasta de posibles herederos, como sucedió con Alfonso, el hermano de Isabel, desde una temprana edad y a través de prácticas que en algunos casos incluían las de carácter sodomítico. Los favoritos llegaron a detentar riquezas, títulos, honores y un efectivo poder en el reino, hasta el punto de desafiar, intrigar o conspirar en contra de los propios monarcas. Se dice, por ejemplo, que luego de haber ordenado la ejecución de Alvaro de Luna, su favorito, Juan II de Castilla se sintió abrumado por tener que realizar las funciones de monarca, las cuales venían siendo efectuadas de hecho por el primero, sumiéndose en una deporesión que lo llevó a morir en un corto tiempo. Al parecer, España ha exhibido otros reinados donde también le ha correspondido un papel relevante a los favoritos, como habria sucedido con Manuel Godoy durante el reinado de Carlos IV a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, pero ésta es otra historia…

Envenenamiento y poder – El periodo historico reseñado hasta ahora, sobre los reinados que inmediatamene antecedieron al de Isabel en Castilla, muestra que el envenenamiento se encuentra entre las armas posiblemente usadas en la lucha por el poder. Decimos posiblemente, por cuanto establecer una certeza absoluta sobre dicho uso sería altamente difícil. Así habría sucedido, según relata la autora, con las muertes de María de Aragón, primera esposa de Juan II de Castilla, padre de Isabel, que algunos dicen fue instigada por el favorito, Alvaro de Luna. Así mismo, la de Pedro Girón, hermano de Juan Pacheco, cuando el primero se encontraba preparándose para desposar a Isabel, gracias al acuerdo logrado entre el segundo y Enrique IV. No hay pistas sobre quien podría haber instigado esta muerte, pero los indicios podrían conducir hasta los partidarios del matrimonio de Isabel con Fernando de Aragón. Finalmente, está la muerte de Alfonso, el hermano de Isabel, quien se había rebelado en contra de su hermano Enrique IV. Tampoco en este caso la obra de Downey arroja pistas sobre los instigadores de un posible envenenamientol de Alfonso, pero los indicios podrían conducir hasta los partidarios de Enrique IV. Durante el reinado de Isabel y Fernando también se habrían sucedido algunos posibles episodios de envenenamiento, lo cual comentaremos en los dos artículos siguientes al reseñar la parte correspondiente de la obra que nos ocupa.

En pocas palabras, Isabel, la reina guerrera (Isabella, the Warrior Queen), una singular biografía de Kirstin Downey, que recomendamos ampliamente leer, no sólo para conocer el contexto histórico donde discurrió la apasionante vida de uno de los personajes más importantes de España, sino también para que, guardando las distancias y diferencias, nos permita iluminar el camino en la consideración de  posibles escenarios que podrían sucederse en lo que resta del siglo XXI en temas afines. En el segundo artículo continuaremos la reseña de esta importante obra, acompañada de breves comentarios. Veremos….

 

 






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