Opinion

octubre 10, 2021

La revolución capitalista en España y el oro rojo chino ¿Un capitalismo civilizado y uno salvaje?

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Written by: analisislibre
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Por Karin van Groningen *
Análisis Libre

¡Olé! Expresión emblemática del flamenco. Para animar una melodía y ese baile tan español. Creemos nosotros…  ¡Pásame la salsa! Expresión igualmente emblemática. Que usamos en la mesa diaria, para solicitar esa mezcla hecha con los rojos y brillantes tomates frescos de nuestro país. Nuevamente, creemos nosotros… Y es que en ellos no hay nada típico. Son una mezcla intercultural. El producto de la globalización. La voz ¡Olé! es de origen árabe. Y mucho de la estructura rítmica, melódica y armónica del flamenco, provienen de la guajira cubana del siglo XIX. Extraordinario resultado el que lograron los españoles con su mezcla. Alcanzaron una profunda sensibilidad artística y gran maestría en el manejo de las voces y de los instrumentos. Sonidos hermosísimos capaces de transmitir profundos sentimientos humanos. Estremecen el espíritu. Estremecen los sentidos ¡Todos lo agradecemos! Pero si nos ponemos a ver, en ese resultado también hay un producto comercial ¡El capitalismo está en su origen! Un producto comercial que se fue manufacturando durante décadas. Los empresarios privados estuvieron tras él. Junto con los recitales, conciertos, danzas, bulerías y demás formas de expresión sonora y corporal, de esas maravillosas notas. Los empresarios del espectáculo se lucraron con ese producto cada vez mejor acabado. Y favorecieron al arte y a los artistas. Y… entre ambos -empresarios y artistas- manufacturaron una identidad cultural.  Y… deleitaron a las masas. Su música, sus bailes, sus tabernas y sus playas… Una identidad cultural muy comercial. De ello ha vivido España por casi un siglo ¡La revolución industrial a la española… y olé! No tanto se le debe a quienes fabrican el oro rojo. La salsa de tomate. Producto nacido del ansia de lucro, exclusivamente. Con un 50% de aditivos. Unos conocidos: para darle color. O consistencia. O para aumentar su cantidad. Para rendirlo… Y otros… desconocidos. Un producto que proviene de tomates genéticamente modificados -útiles para ese negocio libre de normas y de escrúpulos-. Tan duros, que ni golpeándolos contra los pisos podrían hacerse explotar. Cosechados dentro de la Unión Europea, a mano, por esclavos modernos, para bajar los costos. En el sur de Italia, por trabajadores ilegales escapados del Sudán. Bajo el sol abrasador. En esa parte de la muy civilizada unión, donde -sorprendentemente- no hay emergencias, ni servicios de salud. Y nada de derechos humanos. Mueren por deshidratación. Manchada de sangre está brillante fruta. También lo están los cosechados en la China por quienes viven -en Xinhua- a 3.000 Km de Pekín. Reciben 1 centavo por Kg. A duras penas logran sobrevivir. Hermosas y sufridas personas. Una vez transportados a los depósitos y eliminados piel, semillas y agua esos tomates se convierten en un concentrado ¡Oro rojo! La fórmula secreta que, a salvo de curiosos, llega a todo el planeta. Fórmula que aguanta por semanas el almacenamiento. Y el viaje en grandes contenedores, así como la permanencia en los depósitos aduanales. Exportado al Reino Unido. Alemania. EEUU. Australia. Japón. En España es comprado por las muy “ingenuas” compañías agropecuarias como alimento para animales… Lo compra también la Heinz, Unilever, Mac Cornick y la Nestlé para venderlo como suyo, nos dice la Deutsche Welle. Lo diluyen en agua, le agregan sal y lo envasan en llamativas presentaciones listo para su venta. La Heinz, fue la empresa pionera del negocio de la salsa de tomate. Hace 150 años. Nacido su propietario Henry John Heinz en California. De la nada. Sólo con su muy alemán -y puritano- origen.  Vendía rábanos picantes, mermeladas, encurtidos y ketcup. Y tenía una visión: nuestro campo es el mundo. El sueño americano nos dice la Deutsche Welle en su reportaje sobre la salsa de tomate. Convertida la Heinz en el mayor comprador de tomates del mundo se vendió en USD 23.000 millones (2013). Tan salvaje el capitalismo del oro rojo, que los nuevos dueños inmediatamente automatizaron la empresa botando a trabajadores que habían permanecido en ella desde sus bisabuelos. Empresa que al igual que las otras, hoy en día envasa el concentrado chino que proviene de un país comunista en su maquillaje y muy capitalista en sus acciones y en sus secretas ambiciones ¡Potente arma empresarial ha resultado ese oro rojo! 10 Kg. anuales comen los alemanes y los estadounidenses. 8 o 9 Kgs. los coreanos y los japoneses… Y es que la demanda mundial del oro rojo crece un 3% anual. Y no va a parar. El gobierno central de Pekín está detrás de esa ofensiva empresarial privada ¡África el próximo gran mercado! En Ghana ha establecido su cuartel central el general Liú -el astuto capitalista chino artífice del ataque. Millones de nuevos consumidores y… mano de obra aún más barata. Más ultrajada en sus derechos.  Ya ha arruinado a los productores locales. Y es que las latas chinas son más baratas. Y ya los depósitos chinos en Ghana, están llenos de latas etiquetadas con imágenes italianas. 300 latas por minuto se envasan con la bandera italiana y el mensaje Authentic Italian Style. Aprobado por la Agencia Sanitaria China para la exportación. Y falta todavía por cubrir a la China misma, donde por muy sorprendente que parezca, no se come salsa de tomate. La China, la superpotencia en el negocio del tomate. Sólo el consumidor desinformado, sale desfavorecido… Sólo el trabajador lo sufre en su propia carne…  En este punto les pregunto: ¿Existe un capitalismo salvaje y uno civilizado?

@KarinvanGroning
©Karin van Groningen






2 Comments


  1. Zulay Alvarez de Randazzo

    Ambos en el presente en extremis ,salvajes, miserablemente , explotadores, negreros siglo 21 .Pero civilizados claro , capitalistas hasta la médula , solo cuenta el buisedss , aún más crueles con el hombre,, desplazándolo, explotándolos , humillándolos, aprovechando lde su hambre ,, también del medio ambiente Tan noble a pesar de ….. Gracias Karin


  2. Ileana Hernandez

    Me encanta como con esa mordaz sutileza dejas bien claro, que el capitalismo es salvaje, tanto si viene de occidente como del lado que se autodenomina socialista. A pesar de tu pregunta final, estás muy calra en elplanteamiento. Felicitaciones.



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