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diciembre 14, 2015

Isabel, la reina guerrera, un libro de Kirstin Downey (III)

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En pocas palabras. Javier J. Jaspe

Washington D.C. / analisislibre.org

 

En este último artículo de una serie de tres, prosigo con la reseña y breves comentarios sobre el libro de Kirstin Downey titulado: ISABELLA The Warrior Queen (Isabel, la reina guerrera), Nan A. Talese/Doubleday, 2014, 520 pages. Sin duda, una muy completa biografía de uno de los personajes más importantes de la historia de España.

En esta oportunidad me referiré a algunos hechos que se relacionan con la actividad guerrera de Isabel y Fernando con posterioridad a la toma de Granada a inicios de 1492; la expulsion de los judíos y musulmanes; el descubrimiento de América por Cristobal Colón ese mismo año; los sucesivos viajes de éste al continente recién descubierto; las uniones matrimoniales de los hijos de los reyes católicos; la muerte de Isabel en 1504; y algunos hechos relevantes sucedidos en los años posteriores a este último año. Veamos.

La actividad guerrera luego de la conquista de Granada

Para destacar el importante papel que la actividad guerrera tuvo para Isabel,  Downey resume su vida así: 4 años de Guerra con Portugal (1475-1479) para traer paz a la parte occidental de Castilla;  los siguientes tres años (1479-1482), recorriendo Castilla para llevar orden a un reino sumido en guerras civiles y alta criminalidad; los siguientes doce años (1482-1494) combatiendo la dinastía Nasrid musulmana para lograr y asegurar la reconquista de Granada; finalmente, los nueve años que van de 1494 a 1503, Isabel los dedicará a los esfuerzos para fortalecer y proteger el sur de Europa de los asaltos de los turcos otomanos. Éstos se habían constituido en una maquinaria militar hecha para el pillaje, que vivía del botín y se nutría de mano de obra esclava para la guerra. En esta guerra de expansión del Imperio Otomano, quien se aviene o se convierte, bienvenido; a quien resiste o desea autodeterminación frente a ellos, le corresponde esclavismo, robo, muerte, violaciones, raptos o aniquilación.

 

Conquista del Norte de África – Efectivamente, Isabel se mantuvo en plena actividad guerrera junto con Fernando casi hasta el momento de su muerte en 1504. En esta labor destaca, en primer término, la emprendida para iniciar la conquista del norte de África, con el fin de restar posibilidades a que fuerzas musulmanas árabes emprendieran la reconquista de Granada, así como para reducir los frecuentes asaltos de piratas musulmanes que ocurrían en dicha área. Aunque Downey no dedica mayores comentarios a este aspecto de la labor guerrera de los reyes católicos, la historiografía consultada revela que como resultado de la misma, varios territorios fueron tomados por tropas españolas, incluidos los de Melilla en 1497, Mazalquivir en 1505 (un año después de la muerte de Isabel) y posteriormente Peñón de Vélez, Orán, Bugía, Argel, Túnez, La Goleta y Trípoli. De acuerdo con la misma fuente, la campaña de conquista del Norte de África “se interrumpió en 1510 debido a la reanudación de las guerras en Italia y a que empezaba a revelarse más rentable dirigir los esfuerzos a la colonización de las Indias” (https://es.wikipedia.org/wiki/Reyes_Cat%C3%B3licos).

Guerra en Italia – El otro frente de guerra atendido por los reyes católicos, esta vez en relación con la amenaza turca, tiene, a su vez, una doble configuración. En primer término, se encuentra la ayuda prestada a Venecia por las fuerzas españolas capitaneadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, en su lucha contra los turcos, quienes no sólo amenazaban a ésta, sino que emprendieron una campaña en contra de sus intereses en territorios otomanos o cercanos a éstos. Por efecto de esta campaña, los turcos toman Lepanto en 1499, así como Modon y Coron en 1500. Por su parte,  Fernández de Córdoba vence en Cephalonia el 24 de diciembe de 1500, victoria que fue muy apreciada, pues aunque pequeña en tamaño, era la más importante obtenida por las fuerzas cristianas frente a los turcos desde la toma de Costantinopla.

En segundo término, se encuentra la actividad desplegada, también por fuerzas españolas comandadas por Fernández de Córdoba, para obtener la reconquista de Nápoles, la cual se encontraba en poder de los franceses. En marzo de 1496 se firma un tratado por 25 años para defender y proteger al Papado, entonces regentado por Alejandro VI (Borgia) y, en julio de 1496, las fuerzas españolas recuperan Napoles de los franceses. Por este motivo, el Papa Alejandro VI condecora a Isabel y Fernando y les otorga oficialmente el título de Reyes Católicos. Años más tarde, Francia insiste en tomar Nápoles y el rey Fradique comete el desatino de llamar a los turcos en su ayuda, dando lugar a que España y Francia se dividieran Nápoles. Esta división originó conflictos de fronteras entre los dos países, los cuales finalmente fueron resueltos con el triunfo de las fuerzas comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba en Cerignola el 28 de abril de 1503. De esta manera, destaca la autora,  la mitad entera del sur de Italia pasó a ser de dominio del imperio español, Fernández de Córdoba es designado Virrey y el control español sobre Nápoles se extiende por los próximos 300 años, eliminándose así la amenaza de los franceses  y protegiendo a Nápoles de incursiones turcas.

Expulsión de judíos y musulmanes de España

 

Según explica la autora, la meta de Isabel era convertir judíos y musulmanes residiendo en España al catolicismo, tanto por razones de seguridad nacional, como para la protección de sus almas. Muchos judíos y musulmanes se negaban y lo consideraban una violación al tratado de rendición pacífica de Granada en 1492, por lo que se sentían engañados. La actitud adoptada por los reyes católicos no dejaría de tener repercusiones en el curso de las próximas centurias, ya que el mundo vivía una época en la que cada religión (cristiana, judía o musulmana) justificaba a su propia conveniencia y manera, las crueldades cometidas frente a las otras religiones. La medida de expulsion de judíos y musulmanes de España en vida de Isabel no se produjo en un mismo momento, sino en ocasiones que se sucedieron en el tiempo, según se explica a continuación.

Expulsión de los judíos

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A pesar de que el tratado de rendición pacífica de Granada en noviembre de 1491 daba a los judíos un periodo de tres años para convertirse al catolicismo o para emigrar, los reyes católicos ordenaron la conversion inmediata de los judíos, en marzo de 1492, bajo pena de expulsion. Al parecer, esta decisión le habría venido a Fernando en un sueño directamente de Dios, con el fin de evitar que la presencia de judíos en España sirvieran como una tentación para que los judíos conversos abandonaran la fe cristiana. Como resultado de esta medida, algunos judíos se convirtieron al catolicismo, como fue el caso de Abrahan Senior, quien era uno de los principales amigos y consejeros de Isabel, pero otros se plantaron en su fe y tuvieron que emigrar, como fue el caso de Isaac Abravanel, quien había sido uno de los financistas de los reyes católicos.

Según narra Downey, la emigración dió lugar a un espectáculo muy lamentable, ya que los judíos vendieron sus bienes a precio vil y, luego de visitar las tumbas de sus familiares cercanos, debieron huir apresuradamente, pereciendo o enfermándose muchos en la ruta hacia el exilio, cuando no fueron víctimas de asaltos. Algunos emigraron a Portugal donde fueron recibidos temporalmente a cambio de pagar altos impuesto y, pasado un tiempo, también fueron obligados a convertirse al catolicismo, bajo pena de expulsión. Otros se marcharon a Italia (Venecia, Nápoles, Roma, por ejemplo), donde recibieron asilo, como fue el caso del otorgado por el Papa Alejandro VI (Borgia). Asímismo, muchos judíos, ante las condiciones inhóspitas encontradas en ciudades cristianas, decidieron emigrar a tierras bajo control otomano, donde tenían que pagar impuestos, obedecer la ley Sharia, y mostrar deferencia con ciertas costumbres musulmanas, pero gozaban de algún grado de tolerancia como ciudadanos de segunda clase. Ésto, sin contar que algunos, en correspondencia con esta tolerancia, ayudaron a los musulmanes en sus conquistas de tierras cristianas, o se convirtieron en traficantes de esclavos cristianos.

 

Expulsión de los musulmanes – El tratado de rendición de Granada había permitido a los musulmanes conservar su religión, pero con el tiempo se produjeron circunstancis que llevaron a los reyes católicos a decidir su expulsion. Isabel había nombrado Arzobispo de Granada a su confesor Hernando de Talavera (judío converso), y éste, junto con el conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza, sobrino del cardenal Pedro Mendoza, comenzó a presionar a los musulmanes a que se convirtieran al catolicismo. Entretanto, para sustituir a Talavera, Isabel  nombra a Francisco Jiménez de Cisneros, un asceta riguroso, como su nuevo confesor y más tarde, a la muerte del cardenal Mendoza, lo designa arzobispo de Toledo. La autora destaca que Cisneros se trasladó a Granada y aumentó la presión para la conversion de los musulmanes al catolicismo, llegando incluso a utilizar sobornos y amenazas. Igualmente, en 1499 se dedicó a perseguir a los musulmanes conversos al catolicismo y a destruir sus libros, de la misma forma que los turcos otomanos habían hecho con los libros de los católicos a raíz de la toma de Costantinopla y otras ciudades cristianas. Estas actividades de Cisneros dieron lugar a manifestaciones musulmanas violentas donde uno de los empleados de Cisneros resultó muerto. Aunque Talavera y Tendilla intervinieron para ayudar a calmar los ánimos, muchos musulmanes optaron por alzarse en las montañas desatando una renovación de la guerra civil entre cristianos y musulmanes.

El aludido levantamiento musulmán le dió pie a los reyes católicos para sostener que los terminos de la rendición de Granada habían sido rotos y, en enero de 1500, Fernando le ordenó a los musulmanes allí residentes a que bajo pena de expulsión se convirtieran al catolicismo, ofreciéndole amnistía a aquellos que lo hicieran antes del 25 de febrero de ese año. Como resultado de esta decision, 50.000 musulmanes se convirtieron al catolicismo, aunque no pocos de éstos fueron víctimas de sospechas de infidelidad y resultaron sometidos a la inquisición.  Otros se resistieron y fueron tratados implacablemente por Fernando. En Alpujarras, por ejemplo, una mezquita donde se refugiaron mujeres y niños fue bombardeada, causando innumerables víctimas. Muchos musulmanes optaron por emigrar al Norte de África y se convirtieron en piratas para hostigar y esclavizar a los cristianos que viajaban en barcos españoles o de otros países de la Europa Cristiana. Hayreddin Pasha, citado por la autora, cuenta que solo en un mes había esclavizado unos 3.800 cristianos.

Recuerdos y añoranzas; orgullo y lamento; la mancha de Isabel – Finalmente, Downey comenta que por los próximos 500 años tanto judíos como musulmanes van a recordar con pena y amarga añoranza a España, como el paraíso perdido. Para los primeros, la desparecida Sefarád constituye uno de los grandes temas en la historia del judaísmo, de manera análoga a lo que representa la destrucción del templo y el exilio de Babilonia, según agrega Jane Gerber, citada por la autora. Por su parte, los musulmanes, cuando vienen de visita a Andalucía, no dejan de ver los monumentos islámicos con una mezcla de orgullo y lamento, como reconoce Salma Khaddra Jayyusi, también citada por Downey. La autora concluye que con la expulsión y conversión de judíos y musulmanes, Isabel había logrado un éxito en hacer a España casi monolíticamente católica, pero al mismo tiempo había perdido la industria y el arte de una población judía y musulmana que había vivido allí por cientos y miles de años, cosechando así muchos enemigos para el reino. En su opinion, la intolerancia religiosa que tales medidas representaron pasó a constituirse en una indeleble mancha negra en contra del legado de Isabel, que ha atormentado a España por generaciones…

 

Descubrimiento de América por Cristobal Colón

Criatobal Colon

El descurimiento de América por Cristobal Colón constituye uno de los hechos más significativos en la vida de Isabel, ya que, además de la ampliación en el uso del idioma castellano, el mismo le permitió cumplir con uno de sus propósitos fundamentales en el orden religioso, cual era, el de ampliar el número de feligreses de la fe católica y expandir ésta hacia otras regiones del mundo.

 

La porfía de Colón – Downey destaca que Colón venía insistiendo por un tiempo largo, desde su llegada a la corte de Castilla en los 1480s, proveniente de la de Portugal, en su tesis de que era posible llegar por mar a la India por el oeste, evitando el monopolio turco sobre la seda y especies en el este. Para ese momento ya muchos sostenían que la tierra era redonda, pero nadie lo había probado por miedo a navegar a mar abierto sin puntos conocidos donde hacer escalas en el trayecto. Por esta razón, Colón insistía ante Isabel que él contaba con los  conocimientos marítimos con el fin de llevar a cabo esta empresa de manera exitosa, para lo cual requería obtener financiamiento. Downey destaca que la expedición que pintaba Colón a Isabel en terminos generales y sin detalles de ruta, le permitiría a ésta reponer el Tesoro y lo gastado en la Guerra de Granada, además de financiar una campaña para recuperar a Jerusalén de los musulmanes. Sinembargo, a pesar de su insistencia, a Colón le tomó alrededor de 7 años de perseverante diligencia ante Isabel para al final realizar su proyecto, pues la reina debía atender otras prioridades, entre ellas, principalmente, la guerra de conquista de Granada. En adición, la propuesta del navegante fue sometida por la reina al estudio de una comisón de la Corte en dos oportunidades, la cual concluyó que la expedición propuesta por Colón era muy riesgosa y con pocas probabilidades de éxito. Ésto, sin contar, que su esposo Fermando se mostraba más bien escéptico, reservado y sin simpatías con el proyecto del navegante italiano.

 

La expedición sale – Las exigencias de Colón posiblemente estuvieron entre las causas que habían retrasado la aprobación de su proyecto (entre ellas, ser nombrado Almirante de todos los océanos, Virrey y Gobernador de las tierras descubiertas; recibir poder para nombrar los Jueces en ellas, y obtener el pago de 10% de todo cuanto se recaudara), todo lo cual obligaba a la redacción de complejos documentos legales. Finalmente, con el apoyo de Luis Santángel, el consejero financiero de Isabel, ésta acepta financiar la expedición de Colón como una empresa del reino de Castilla. La reina se muestra dispuesta a empeñar sus joyas, pero Santángel la convence de que esta medida extrema no sería necesaria. En su lugar, la reina ordenó al pueblo de Palos a suministrar dos barcos (la Niña y la Pinta), en pago de una multa impuéstale por la Corona. Para sufragar el efectivo necesario, Luis Santángel y Francesco Pinelli avanzaron el dinero necesario que luego recuperaron de la venta de indulgencias de la diócesis de Extremadura, de donde también era la mayoría de los hombres reclutados por Colón. El tercer barco de la expedición (el Santa María) fue aportado por su propietario, Juan de la Cosa. Unos noventa hombres fueron reclutados, 85 de Castilla, un portugués y 4 italianos, incluyendo a Colón. Después de que la tripulación se confesara y comulgara, Colón zarpó el 3 de agosto de 1492.

El primero en avistar tierra fue Rodrigo de Triana, pero Colón le disputó este mérito y le impidió disfrutar del premio de10 mil maravedíes ofrecidos por Isabel, alegando que la noche anterior él ya había visto luces en el horizonte, como prueba de que estaban cercanos a tierra. Lo demás es parte de una historia bastante conocida, incluido los otros tres viajes de Colón y la de otros navegantesy expedicionarios auspiciados por Isabel para descubrir nuevos territorios y colonizarlos en la region americana, tales como: Alonso de Hojeda, Juan de la Cosa Américo Vespucio,  Vicente Yáñez Pinzón,, Diego de López, Pedro Alonso Niño, Rodrigo de Bastidas y Vasco Núñez de Balboa, a todo la cual Downey dedica valiosos aportes, pero que ocuparían un largo espacio que no tenemos disponible en este artículo.

 

Nuevas tierras para el reino con el apoyo del Papa Borgia – Según destaca Downey, la reina comprende la importancia del descubrimiento de Colón y se prepara para asegurar que todas las tierras descubiertas pertenezcan al reino de Castilla y León, ante la posible competencia de Portugal, país que también había descubierto tierras en la region Americana. En este empeño se vale de Rodrigo Borgia, quien había sido electo Papa Alejandro VI, en agosto de 1492, el mismo mes en el cual había zarpado Colón en su primer viaje, sin duda una afortunada coincidencia, ya que Rodrigo se sentía apoyado por los reyes católicos, quienes vieron con simpatía que por segunda vez un español fuese elegido Papa.

Sinembargo, Isabel no se sentía bien y tenía conflictos en sus relaciones con Rodrigo, por la mala conducta que éste mantenía en su vida personal, cohabitando con mujeres que le habían dado varios hijos a quienes quería enriquecer y convertir en principes del poder terrenal, con el agravante de que era vox populi que habría obtenido el papado mediante el uso de sobornos para lograr votos favorables en el colegio cardenalicio. Isabel favorecía la necesidad de introducir reformas en la Iglesia como institución, con el fin de erradicar vicios existentes, tales como: nepotismo, vanidad y gusto por la riqueza, uso del sobrinazgo para favorecer el ascenso de hijos encubiertos en la carrera religiosa, y continua violación de los deberes del celibato por parte de sacerdotes, obispos y cardenales. Más tarde, el papa Alejandro VI (Borgia) se mostraría en desacuerdo con la dureza desplegada por los reyes católicos en contra de los judíos, a quienes el mismo dió asilo en Roma, en el interés de obtener financiamiento para las actividades de su papado.

 

Las bulas papales y el tratado de Tordesillas –Las aludidas diferencias con el Papa Alejandro VI (Borgia) las puso a un lado Isabel para obtener de éste el apoyo en su empeño de que las tierras descubiertas por Colón le pertenecieran a Castilla y León, a lo cual accedió Rodrigo emitiendo cuatro bulas papales, tres de ellas el 3 y 4 de mayo de 1493, mediante las cuales el continente Americano se dividió entre España y Portugal. Estas bulas favorecieron a España frente a Portugal, enfatizando que los derechos concedidos procuraban la evangelización religiosa de los habitantes de las tierras americanas y eran otorgados siempre que dichas tierras no fueran poseídas por otros príncipes cristianos. Los portugueses no estuvieron contentos con las decisiones papales y a la par de plantear serios reclamos a Isabel, realizaron gestiones diplomáticas para que España y Portugal se reunieran con el fin de llegar a acuerdos sobre las diferencias surgidas entre los dos países en la materia indicada. Estas gestiones culminaron con la suscripción del Tratado de Tordesillas en junio de 1494, mediante el cual se alargó la linea norte-sur del continente Americano, de 100 a 370 leguas, dando lugar a que Portugal integrara en sus dominios las nada despreciables tierras de lo que hoy constituye el gigante Brasil.

 

Balance de la autora – Para Downey, sea positiva o negativa, la influencia de Isabel en el Nuevo Mundo no puede ser subestimada. Los descubrimientos y colonización convertirán a España en la más rica y poderosa nación en las próximas dos centurias. Casi la mitad de los colonizadores murieron y la población indígena fue casi exterminada, principalmente, como consecuencia de nuevas enfermedades. La mayoría de los indígenas que sobrevivieron fueron aquellos que se mezclaron con los españoles para dar a luz una nueva raza, la raza Hispana. El Español se convirtió en la lengua oficial en la nueva region y el cristianismo fue establecido como una religion formal. Las fortalezas del catolicismo se van a dispersar por la nueva region, con su apoyo a la familia, respeto por la educación, acceso a la caridad a través de organizaciones religiosas, y una tradición de autoreflexión que puede llevar a gente como Bartolomé de Las Casas, a trabajar en provecho de los débiles e indefensos. Pero también importó las debilidades de Castilla, como la inquisición y su carga de intolerancia, y los errores politicos y económicos del reino serán replicados en Latinoamérica.

Con todo lo anterior, concluye la autora, por su visión de largo alcance, por haber tenido la inteligencia de apoyar a Colón, y por su deseo de explorar otras latitudes ante el convencimiento de que el mundo era mayor al que se conocía en aquél momento, Isabel ha sido reconocida como la persona más importante en la historia de España. Por otra parte, no hay nadie que haya sido más responsable de la expansion de los dominios españoles que Colón. Según Oviedo, citado por Downey, él inició la implantación de la fe Cristiana en las nuevas regiones y gracias a él ingentes riquezas en oro, plata, perlas y otros bienes fueron traídos a España.

 

La familia, gran prioridad

Para Isabel, su relación con Fernando, así como el cuidado de los hijos, su salud, educación y bienestar, constituyó el objeto de sus mayores esfuerzos, en medio del ajetreo de la actividad guerrera y las otras importantes cuestiones de Estado que requerían su atención en el reino. La autora enfatiza que uno de los aspectos al cual Isabel dedicó mayor atención fue el relacionado con la concreción de acuerdos para lograr matrimonios de sus hijos, que no sólo los vinculara con otras familias reales europeas, sino que en lo posible pudiesen proporcionarles la mayor suma de felicidad posible. Como resultado de estos esfuerzos, Isabel, su primera hija, se casaría con el príncipe Alfonso, hijo del rey Juan de Portugal, el 25 de noviembre de 1490, con la mala suerte de que aquél muere en julio de 1491, al caerse de un caballo. Años más tarde, en 1497, Isabel hija se casa en segundas nupcias con el rey Manuel de Portugal, pero muere al dar a luz a su único hijo, Miguel de la Paz, el 23 de agosto de 1498, quien luego también muere en el verano de 1500, para gran tristeza de los reyes católicos.

Para emparentar su familia con el Sacro Imperio Romano Germánico, formado en ese entonces por la confederación de estados austríacos y alemanes, el ducado de Borgoña y los países bajos, Isabel forja acuerdos de matrimonio para casar a Juan, su segundo hijo, con Margarita de Austria, el 3 de abril de 1497, y a Juana, su tercera hija, con Felipe de Austria, llamado también El Hermoso, hermano de la anterior, el 20 de octubre de 1496. Lamentablemente, Juan muere victima de una enfermedad, el 3 de abril de 1497, sin descendencia. Por su parte, Juana (conocida en alguna historiografía como Juana La Loca y declarada sucesora de Isabel a su muerte) tiene varios hijos, entre ellos a Carlos, el 24 de febero de 1500, quien años más tarde heredería los títulos de rey de España, como Carlos I y el de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, como Carlos V.

Asímismo, con el fin de fortalecer los nexos con Portugal, Isabel ofrece en matrimonio a María, su cuarta hija, a Manuel de Portugal (viudo de Isabel hija), quien la acepta, pero se requiere dispensa papal, la cual es otorgada por el Papa Alejandro VI (Borgia) en agosto de 1500. Downey registra que éste fue un matrimonio feliz y muy prolifico, ya que tuvieron 8 hijos, entre ellos, a quien más tarde sería Juan III de Portugal.

Finalmente, a Catalina (conocida como Catalina de Aragón), su quinta y última hija, en el propósito de establecer vínculos con la corona inglesa, Isabel la casa con el príncipe Arturo de Inglaterra, primero por poder, el 19 de mayo de 1499, y más tarde en Inglaterra, el 14 de noviembre de 1501. Al parecer, este matrimonio no fue consumado y, dado que Arturo muere a causa de la peste el 2 de abril de 1502, Isabel ofrece a Catalina en matrimonio para Enrique (más tarde el rey Enrique VIII), hermano del anterior, el cual se realiza, tras de obtenerse la dispensa otorgada esta vez no por Alejandro VI (Borgia), quien muere en agosto de 1503, sino por el Papa Julio II en 1504. Catalina de Aragón, luego de este matrimonio, pasa a ser un personaje historico singular en la historia de Inglaterra, pues al no haber dado a luz un hijo varón (sólo tuvo a María, conocida más tarde como María I de Inglaterra), Enrique VIII solicitó al Papa Clemente VII la nulidad de su matrimonio con ella para casarse con María Bolena, a lo que éste se negó, dando lugar al conflicto entre el Papado y la corte inglesa que desembocó en el nacimiento de la religión anglicana. Pero ésta es otra historia…

 

Muerte de Isabel

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Los últimos años – Downey relata que Isabel dedica mayormente los ultimos años de su vida a cultivar su fe religiosa, al bienestar de sus hijos y a velar por la seguridad de España. Son tiempos en que Isabel se siente orgullosa y feliz por los descubrimientos de Colón y de otros navegantes expedicionarios que ella auspiciaba, o por la victoria absoluta lograda por las tropas españolas capitaneadas por Gonzalo Fernández de Córdoba sobre los franceses; momentos en que reza y ordena oraciones en todos los conventos para acompañar la victoria de las tropas españolas y agradecer que los franceses, quienes insistían en Rousillon y Perpignan, se hubiesen retirado evitándose así derramamiento de sangre cristiana. Hay también ocasiones en que debe volcarse a solicitar la dispensa papal para que Catalina pudiese casarse con Enrique de Inglaterra, luego de la muerte de Arturo, su primer esposo, el l2 de abril de 1502.   Tener que apelar ante el Papa Alejandro VI (Borgia) a tal fin no deja de producirle a Isabel incomodidad, por cuanto aquél se había aliado con sus anteriores enemigos, los franceses, para favorecer a su hijo Cesar Borgia, y seguía dando malos ejemplos con su vida disipada y licenciosa, sobre lo cual le realiza reclamos a través del mismo Fernández de Córdoba o de su embajador Garcilaso de la Vega. Corrupción religiosa que también había dado lugar a las denuncias del fraile Girolamo Savonarola en contra del Papa Borgia, las cuales desembocaron en la muerte del primero en la hoguera en mayo de 1498. La misma corrupción que, guardando las distancias, ella combatía en la iglesia de España, con el consejo de los religiosos Francisco Jiménez de Cisneros, Arzobispo de Toledo y Tomás de Torquemada, jefe de la inquisición española.

 

Enfermedad y muerte – Downey indica que, de 1502 a 1504, Isabel tuvo momentos de salud y enfermedad, pero más hacia el empeoramiento de esta última, especialmente, a partir de octubre de 1504, cuando comenzó a sentirse sommnolienta, con fiebre, experimentando dificultades en su repiración y sedienta pero con dificultades para comer, mostrando al mismo tiempo la presencia de tumores y nacidos visibles en su piel. Los medicos de la Corte se declararon impotentes para curarla y sus últimas fuerzas las dedicó a preparar su última voluntad y testamento. Sólo parecía esperar por la dispensa del Papa Julio II para el matrimonio de Catalina con Enrique de Inglaterra y, cuando ésta llegó, Isabel ordenó que le practicaran los últimos ritos religiosos. La autora comenta que en sus ultimos momentos con vida, Isabel le pidió a Fernando que no se volviera a casar y éste juró que no lo haría. Se santiguó y murió el 26 de noviembre de 1504, en Medina del Campo, tenía 53 años. Fue muy llorada por sus subditos y una procesión se encargó de trasladar sus restos a Granada, aunque fue notable que Fernando no la acompañara. Baldessare Castiglione, citado por Downey, sostuvo que Isabel había muerto pero su autoridad siguió por un tiempo, como esas ruedas que giran gracias a la fuerza que las impulsa, pero continúan rodando solas aún después que cesa dicha fuerza…

En su testamento, Isabel ordenó que la sucesión del reino pasase a su hija Juana (conocida como Juana La Loca), pero si ésta estuviese ausente o no desease o fuese incapaz de gobernar, entonces que Fernando actuase como regente hasta que Carlos (futuro emperador Carlos V), el hijo de Juana, tuviese 20 años. A Fernando, además de expresarle alabanzas como esposo, Isabel le dejó sus joyas, los ingresos de las tres órdenes militares del reino, y la mitad de todo lo que se obtuviese procedente de las tierras americanas, en prueba de su gran amor por él. Igualmente, incluyó otras provisiones que sería largo enumerar. Baste destacar, que en correspondencia con su espíritu humanitario y la importancia que le atribuyera al descubrimiento de América por Cristobal Colón, Isabel enfatizó en su última voluntad, que dicha empresa tuvo por principal objeto convertir a los nativos al catolicismo y, a este efecto, reiteró la necesidad de que los residentes del nuevo mundo no fuesen maltratatados, sino justamente tratados…

 

El mundo después de Isabel

Downey hace un notable recuento de la vida de España en los primeros años tras la muerte de Isabel, especialmente de los hechos que rodearon la vida de la sucesora de ésta, su hija Juana La Loca, la de su esposo Felipe, muerto en 1506 (posiblemente a causa de un envenenamiento) y, principalmente, la de Fernando, quien en su papel de regente del trono de Castilla desplazó a su hija Juana, se alió con sus tradicionales enemigos, los franceses, y volvió a contraer matrimonio, para finalmente morir en 1516. Sin duda, una rica historia que sale de los confines del presente artículo, pero que bien merece ser leída en el maravilloso libro de Kirstin Downey.

Por lo que concierne a una perspectiva de más largo aliento, la autora destaca que, luego de la muerte de Isabel, en los próximos 120 años, en el nuevo mundo americano, los españoles construyeron 70.000 iglesias, 500 monasterios, y 3.000 escuelas y hospitales con apoyo de la Iglesia; fundaron universidades en Colombia, Perú y México; y extrajeron 1.500 millones de dólares en oro y plata. Igualmente, indica, que en el momento de nacer Isabel, la religion Cristiana se encontraba débil, prácticamente muriendo. 500 años después de su muerte es la más grande religion en el mundo, comprendiendo unos 2 mil millones de fieles en numerosos países. Es más, en 2013, un latinoamericano se convirtió en el Papa Francisco y los primeros santos que proclamó en su ministerio fueron los 800 mártires que murieron como consecuencia de la invasion turco-musulmana de Otranto en 1480. Precisamente, la misma que para evitar se repitiera en otros lugares de Europa Occidental, y particularmente en España, movió a Isabel en su denodada lucha con el fin de impedir la expansión de las fuerzas musulmanas del Imperio Otomano en tierras cristianas.

Finalmente, Downey comenta que los descendientes de Isabel permanecen en posiciones relevantes a lo largo de toda Europa, al punto de que las familias reales de España, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, el Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Suecia y Monaco, todas comparten en alguna medida la común descendencia de los reyes católicos, Isabel y Fernando. Sin duda, una muestra indeleble de una larga cosecha de su dinastía…

 

Algunos breves comentarios

La historia se repite?- La ardua defensa de los valores cristianos que hizo en vida Isabel, con el fin de evitar la expansión turco-musulmana hacia los territorios de Europa Occidental y para conquistar a Granada, no puede dejar de despertar admiración, según lo recoge Kirstin Downey en la biografía que hemos reseñado a lo largo de estos tres artículos. Es cierto que la expulsion de judíos y musulmanes en ese entonces choca con el clima de tolerancia que priva en los países con mayoría cristiana en nuestra época, pero al emitir juicio sobre la aludida decisión de expulsion tomada por los reyes católicos, uno debe ubicarse en el contexto de las condiciones y circunstancias que privaron en aquél tiempo. Ésto, porque posiblemente existían razones para justificar la decisión de los reyes católicos, empezando por el hecho de que la tolerancia religiosa no existía como factor de convivencia, sino todo lo contrario, pues era la guerra y el odio religioso los que imperaban. Por tanto, aunque éste es un tema que ameritaría una más amplia consideración y discusión, en principio no estaría de acuerdo en colocar una mancha negra al legado de Isabel, por el hecho de haberse visto prácticamente obligada a adoptar con Fernando la aludida decisión, bajo la presión de tales condiciones y circunstancias.

El tema viene a cuento, porque actualmente se discute en algunos países del mundo occidental cristiano, sobre si los musulmanes deben o no ser admitidos en dichos países y/o si los que ya residen deberían ser expulsados, hasta el punto de que un precandidato presidencial (Donald Trump) lo ha postulado como parte de su campaña política en Estados Unidos. La posición que sostengo es contraria a esta idea, por cuanto la misma se encuentra reñida con el principio de tolerancia religiosa en el que creo y practico. Por tanto, pienso que las soluciones al problema del extremismo islámico representado por las acciones de una minoría terrorista, que hasta ahora de eso se trata, deben ser consustanciales con el carácter y naturaleza del mismo, mediante una lucha en la que deben participar no sólo los países donde predomina el cristianismo, sino también aquellos donde prevalece el islamismo, o cualquier otra religión donde priva un clima de tolerancia religiosa. Para organizar y llevar a cabo esa lucha, luce recomendable tomar en cuenta la experiencia isabelina biografiada magistralmente por Kirstin Downey, pues lo que sí es cierto es que la minoría terrorista islamita pretende cometer y ya ha cometido crímenes atroces en la época presente que, guardando las distancias y diferencias, en nada envidian y más bien emulan y hasta superan los abominables crímenes cometidos por los musulmanes al invadir España en el año 711 y a lo largo de su permanencia en este último país, así como durante la toma de Costantinopla y otras ciudades cristianas con motivo de la expansión del Imperio Otomano a partir de mediados del siglo XV.

La resistencia indígena – Es cierto que como resultado de la colonización española, como puntualiza la autora, la mayoría de las civilizaciones indígenas existentes al momento de la llegada de Cristobal Colón despareció. Posiblemente este es un costo que pesa gravemente como un pasivo de España, tema que se ha discutido ampliamente y se seguirá discutiendo por mucho tiempo. Ahora, tampoco hay que incurrir en un grado tal de generalización y lamento, que pierda de vista la realidad latinoamericana actual, donde  conviven nutridas etnias indígenas, especialmente en países como México, Guatemala y otros países centroamericanos, Bolivia, Ecuador, Perú y Paraguay. En otros, como Venezuela, Colombia y Chile, por ejemplo, la presencia indígena disminuyó notablemente, pero todavía subsisten grupos minoritarios dignos de consideración. Lo que quiero significar es que en Latinoamérica existe la necesidad de abordar el tema indigena desde una perspectiva tanto nacional como regional, con el fin de analizar su problemática e implementar soluciones a los ingentes problemas que enfrentan las comunidades indígenas. En esta material, los gobiernos de los países latinoamericanos deberían pasar de la simple retórica histórica, a la realización de acciones efectivas favorables a sus nucleos indígenas, partícularmente las dirigidas a mejorar las difíciles condiciones de vida socio-económica donde se desenvuelven.

Expansión del catolicismo – Le sobra razón a Downey, cuando destaca el impulso que recibió la religión católica, con el descubrimiento y colonización de los países latinoamericanos. Ahora, permítaseme agregar que en los últimos años se observa un efecto indirecto en dicha expansión que se ha transmitido a Estados Unidos, con motivo del aumento de la población de orígen latino/hispano, la cual, a julio de 2012 ya se cifraba en unos 53 millones. Es decir, el aumento de la población latino/hispana en Estados Unidos, dado que ésta en una appreciable mayoría practica la religión católica, ha traído como consecuencia un fortalecimiento del culto al catolicismo en Estados Unidos. La reciente visita del Papa Francisco a ciudades como Washington D.C., Nueva York y Filadelfia, en septiembre pasado, así lo demostró palpablemente. Puede ser premature para hacer vaticinios sobre la repercusión de la expansión católica en la sociedad estadounidense, pero sin duda que éste es un tema que seguramente merecerá la atención y estudio de los especialistas en los años por venir. Reinvindico para este estudio, el disentimiento que algunos pensadores latinoamericanos han manifestado en relación con la posición de Samuel P. Huntington, lamentablemente fallecido, quien manifesto cierta resistencia a considerar a Latinoamérica, como parte del mundo occidental cristiano. Efectivamente, pienso que al lado de otros factores que no viene al caso enumerar sin extender más alla de lo deseable este artículo, el referido crecimiento del mundo católico en Estados Unidos, gracias a la inmigración latino/hispana, ya constituye en si mismo un aporte significativo para contradecir tal resistencia.

Isabel y el machismo – Uno de los principales atractivos de Downey es que su obra es producto de la perspectiva de una mujer sobre la vida de otra mujer. Sin descartar que en algunos momentos haya incurrido en desviaciones feministas, mi percepción es que la autora logra mayormente un adecuado balance desprovisto de concesiones derivadas de diferencia de género en favor de Isabel. En este sentido, me parecieron muy oportunos los comentarios de la autora, sobre cómo alguna historiografía ha pretendido atribuirle el mérito de las acciones de Isabel a Fernando, a lo cual la actitud interesada de éste o de sus seguidores puede haber contribuido. Particularmente, me llamó la atención, la entereza, personalidad y carácter de Isabel para desenvolverse con maestría en el ambiente predominantemente machista de su época,  no sólo en relación con Fernando, sino también, en su interacción con otros personajes, entre otros, su hermano Enrique IV y sus favoritos Juan Pacheco o Beltrán de la Cueva, los diversos reyes de Portugal, Francia, el Sacro Imperio Romano e Inglaterra,  el Papa Alejandro VI (Borgia), Gonzalo Fernández de Córdoba, Cristobal Colón, y los religiosos Tomás de Torquemada, Francisco Jiménez de Cisneros, Alfonso Carrillo y Pedro González de Mendoza, una variopinta muestra de importantes personajes del mundo masculino, con los cuales Isabel debió aliarse, tratar, lidiar, negociar y/o hasta pelearse con admirable éxito, a lo largo de su rica existencia.

Fernando, ahora es cuando… – Además de las referencias que contiene su libro sobre la conducta de Fernando en vida de Isabel, la autora incluye valiosa información sobre el primero y sus actividades tras la muerte de su esposa. La impresión que recibo del comportamiento del rey católico en los años tanscurridos, desde la muerte de Isabel en 1504 hasta su propio fallecimiento en 1516, es la de que, o tenía una agenda preconcebida para ser implementada en esta etapa de su vida o, simplemente, perdió la brújula que representaba Isabel en vida. Fernando no sólo no acompañó a Isabel en la procesión que condujo a sus exequias, sino que incumplió su promesa de no volver a contraer matrimonio, además de incurrir en otras inconsecuencias con Isabel que sería largo enumerar. Baste indicar, que Fernando procuró contraer matrimonio con Juanita o Juana La Beltraneja, con lo cual hubiese echado por tierra su propio linaje en la sucesión del reino. Como ésto no fue posible, Fernando se casó con una joven francesa, su resobrina Germana de Foix, a cambio de lo cual se alió con sus sempiternos enemigos, los franceses. Asímismo, las joyas que les dejó Isabel junto con otros bienes, Fernando los remató a precio vil; desplazó a la legítima heredera del reino, su hija Juana, ayudando a difundir la conseja de que ésta se encontraba loca (razón por la cual le montaron el sobrenombre de Juana La Loca, sobre la cual Downey cita testimonios que desmienten tal supuesta locura), para de esta manera regentar el reino a su discreción; y se peleó con el esposo de Juana, su yerno, Felipe de Austria, quien al parecer también se quería apoderar del reino, hasta el punto de que a la muerte de éste de una forma extraña, circularon rumores de que había sido victima de un complot para envenenarlo instigado por el mismo Fernando. En fin, varios episodios que remataron con los hechos que rodearon la propia muerte de Fernando en 1516, quien habría fallecido a consecuencia de abusar de la ingesta de criadillas de toro, con el fin de aumentar su virilidad para satisfacer a Germana, su esposa joven, los cuales ameritarían una más amplia consideración y discusión en otro foro.

 

Garcilaso de la Vega, embajador

GARCILASO-DE-LA-VEGA

Finalmente, una aclaratoria. En su obra, Downey se refiere a Garcilaso de la Vega, embajador de Isabel en Roma, a quién le correspondió la misión de plantear los reparos de la reina a la conducta licenciosa del Papa Alejandro VI (Borgia). Una tarea difícil que puso a prueba sus conocidas habilidades diplomáticas. Mi comentario sólo persigue poner de bulto, que la historia de España registra otros importantes personajes con el mismo nombre, entre ellos, a Garcilaso de la Vega, poeta (1501-1536) y a Garcilaso de la Vega, cronista latinoamericano, hijo de un español, nacido en Perú (1539-1516), conocido también como el Inca Garcilaso de la Vega, por haber sido su madre perteneciente a la realeza incaica.

En pocas palabras, Isabel, la reina guerrera (Isabella, the Warrior Queen), una singular biografía de Kirstin Downey, que recomendamos ampliamente leer, no sólo para conocer el contexto histórico donde discurrió la apasionante vida de uno de los personajes más importantes de España, sino también para que, guardando las distancias y diferencias, nos permita iluminar el camino en la consideración de  posibles escenarios que podrían sucederse en lo que resta del siglo XXI en temas afines. Veremos….






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