America Latina

August 10, 2017

Inquisidores de teclado, micrófono y pantalla

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Written by: analisislibre
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Germán Gil Rico / Ilustracion .bigstock.com

La Inquisición española inicia actividades en 1478 y concluyen en 1812. Desembarcó en América (1579) capitaneada por sacerdotes de la Orden de los Domínicos. En Cartagena de Indias (1610) operó el Tribunal del Santo Oficio. La leyenda urbana informa que cuando presentaban ante el Tribunal a una persona acusada de haber cometido herejías y que, aun sometida al “potro del tormento” no lo confesaba, la lanzaban a un estanque y si se hundía era pecadora pero si flotaba era bruja. Y… ¡a las llamas!

Prácticas inquisitoriales han estado presentes en la política venezolana desde la conquista y poblamiento del territorio. Sin ocultar que en los gobiernos y partidos democráticos se hayan presentado casos de abominable sectarismo, es en dictaduras cuando la detestable herencia del fraile Torquemada se hace norma de uso cotidiano. A lo largo de estos 18 interminables años de dictadura castrochavocomunista, regentada por Nicolás Maduro en conchupancia con el Alto Mando Militar y monitoreado por Raúl Castro, se ha activado la abominable práctica latente en el cerebro de tetrápodos de los guerreros del teclado cibernético y de algunos opinadores en los medios de comunicación impresos, orales y televisivos.

Los Torquemada del Siglo XXI prestan invaluable servicio a la tiranía desde cuando solo se visualizaba como  proyecto. Muchos  oxigenaron el empeño destructivo de la democracia, luego de haber sido derrotada la aventura golpista de 1992. Magnificaron yerros susceptibles de ser superados. Unos movidos por su afiliación comunista y otros en el papel de tontos útiles y muchos por parejería y satisfacción del ego, por pasar factura de su vida fracasada a quien no la debía o cobrar una vieja rencilla familiar. Por ese camino utilizaron, además el vilipendio para la descalificación del adversario, generalizando la acusación de corrupto, sin fundamento ni documentación probatoria, a cuanto funcionario o dirigente político le cayera mal.

Cuando los tontos de capirote se percataron de que el gobierno derivaba hacia el totalitarismo muchos recogieron velas, otros optaron por ser veleta y se constituyeron en Comando Inquisitorial. No se desprenden de la etiqueta opositora pero… son engendro de Torquemada con Mata-Hari. Sus corrosivas opiniones las emiten con apariencia oposicionista y sin querer queriendo o queriendo y dejándose querer siembran desconfianza entre los integrantes de la Mesa de Unidad Democrática. Promueven la ruptura de la unidad fortaleciendo el piso de la dictadura.

La MUD se logró tras calibrar el debilitamiento ocasionado por la dispersión de comandos que condujo al grave error de la abstención en 2005. Se fijó como objetivo echar del poder al pranato encabezado por Maduro, haciendo uso de lo pautado en la Constitución. Mediante el ejercicio democrático del VOTO y en 2015 obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional. El espurio TSJ dejó en suspenso la elección de los diputados del Amazonas y le cercenó la mayoría de dos terceras partes. No pudiendo destituir a los integrantes del Poder Ciudadano y mucho menos a los magistrados un TSJ plantado, como muro de contención, frente a la democracia. Los neo inquisidores comenzaron a “barrer” el piso con la reputación de los representantes elegidos por una impresionante por aplastante mayoría de los venezolanos. Y así cuantas veces el TSJ o las 4 comadres del CNE toman decisiones que lesionan los fundamentos de la democracia, los inquisidores (fementidos opositores) cumplen su deleznable deber de hacerle el juego al gobierno.

La presión de la calle, que no debe ser abandonada,  afanó a la dictadura en la búsqueda de una solución y escogió la Asamblea Constituyente. Un despeñadero. Sienten que ruedan cuesta abajo y convocan a la elección de gobernadores y legisladores. La MUD debe aceptar el reto y derrotar las trampas como en 2015. Los inquisidores comenzaron a disparar contra la presentación de candidatos. Ignóralos. Son andrajosos morales.

 De allí que sea válido preguntar ¿quién les paga? Porque para caminar sobre el filo de una navaja y en la sombra, dinero ha de bajar y no precisamente del cielo.  Son patéticos.






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